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Sí sorprendió, en cambio, el intempestivo anuncio de la divulgación, hecho por el presidente Santos desde Nueva York, en donde asiste a la Asamblea de las Naciones Unidas. Una coincidencia que apoya la idea de que se trató de una jugada política que refuerza la idea del apoyo internacional al proceso.

Sin embargo, en la tarde, el jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, puso las cosas en contexto: Fueron los negociadores de ambas partes en La Habana los que llegaron a la conclusión de que lo mejor sería revelar los contenidos, antes de que las filtraciones parciales pudieran terminar por dañar la confianza del público en el proceso.

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Según dijo desde La Habana, en donde asiste al ciclo 29 de conversaciones, la razón para hacerlos públicos es que “con rumores, los opositores desinformaron y crearon desconfianza”, según publica Semana,

“Tenemos que reconocer que estos esfuerzos de transparencia no han sido suficientes y han dejado un margen demasiado grande a la especulación, incluso a la especulación malintencionada. Los opositores del proceso han aprovechado el desconocimiento general que subsiste de los comunicados y de los informes, para poner en circulación toda clase de versiones y rumores que pretenden desinformar, crear desconfianza y que en nada corresponden a los textos de lo acordado, además ha habido filtraciones de los acuerdos que han contribuido a confundir más a la opinión pública”, dijo De la Calle en declaraciones que reproduce Caracol Radio.

No hubo tampoco sorpresas en las posiciones que fijaron los sectores políticos tras la divulgación de los acuerdos: Mientras que los congresistas de la Unidad Nacional cerraron filas para apoyar el proceso de paz y destacar sus avances, a los opositores, que antes cuestionaron la reserva de los documentos, con la publicación cuentan ahora con argumentos para reforzar su rechazo.

El resultado de la publicación son 65 páginas que recogen los tres acuerdos en igual número de puntos de la agenda, aunque con subtemas pendientes, que luego de 2 años de negociaciones, se han producido. Para los optimistas, se trata de los más grandes avances en los esfuerzos de paz en la historia del conflicto de 40 años.

Para los escépticos, se trata de un catálogo de buenas intenciones, poco viables, que se quedarán en el papel y que no resolverán tampoco los problemas estructurales del país que generaron los problemas que pretenden resolver: la desigualdad en la propiedad de la tierra, el narcotráfico y la exclusión política de amplios sectores divergentes que no se identifican con las élites nacionales. Y para los más férreos opositores: Que las Farc no son el interlocutor para resolver esos asuntos.

En teoría, “si se cumplen la mitad de estos acuerdos, Colombia atravesará por una profunda revolución democrática”, señala la Silla Vacía

Acuerdos de La Habana, ¿catálogo de buenas intenciones o mecanismos de transformación?