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¡Astros son los nuevos reyes del béisbol!

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Por primera vez en su historia, los Astros de Houston se coronaron campeones de la Serie Mundial, al vencer 5-1 a Dodgers de Los Ángeles en el séptimo y decisivo partido.

Luego de que los Dodgers consiguieran igualar las acciones el martes y forzar el séptimo partido, los Astros arrancaron agresivos ante el japonés Yu Darvish, que nuevamente se fue a las duchas después de apenas un inning y dos tercios de faena.

Habrían bastado las dos carreras del primer inning para asegurar la corona, pero George Springer le puso su sello definitivo con su quinto vuelacercas del clásico otoñal, que le hicieron acreedor del premio de Jugador Más Valioso.

Más que merecida esta corona, construida a base de trabajo y paciencia, después de sufrir entre el 2009 y el 2015 temporadas perdedoras consecutivas.

Así llegaron valiosas selecciones en el sorteo amateur universitario, como Springer, Carlos Correa, Dallas Keuchel o Alex Bregman, quienes junto al venezolano José Altuve conforman el núcleo que comenzó a gestar lo que es hoy una realidad.

Muchas historias se combinaron en este equipo, que se convirtió en el favorito sentimental de gran parte del país, después de conocer la devastación por la ciudad tras el paso del huracán Harvey.

El título de campeón es la cereza en la cima del pastel para Altuve, con una temporada de ensueño que podría depararle el premio de Más Valioso de la Liga Americana.

Como también representa un colofón ideal para una carrera digna del Salón de la Fama de Cooperstown del boricua Carlos Beltrán, convertido en un mentor y consejero de este grupo de muchachos.

Y ni hablar de Justin Verlander, otro que se encamina hacia el Templo de los Inmortales que se unió a los Astros en el último mes del calendario regular para cargar sobre sus hombros al pitcheo en momentos de flaqueza.

¿Qué tal Yuli Gurriel? El novato-veterano decidió a destiempo probar suerte en el mejor béisbol del mundo y demostró estar hecho para brillar aquí como mismo lo hizo en certámenes internacionales con la selección cubana y en la liga profesional de Japón.

Mérito aparte para A.J. Hinch, el incombustible manager, siempre sereno, que supo aunar voluntades y sacar el máximo a cada una de sus piezas.

Lo mejor de los Astros no es haber conseguido su primer título en 56 años de historia, sino la perspectiva real de establecer una dinastía por las próximas campañas.

Terminó la espera de más de medio siglo, mientras se alarga al menos ahora por 30 años la agonía de los Dodgers, cinco veces seguidas campeones divisionales en el Oeste de la Liga Nacional y que una vez más se quedaron cerca de la gloria.

Demasiado equipo para un manager como Dave Roberts, al que le quedó grande la tarea, dirigió como presa del pánico, erráticamente una y otra vez y al final, los Dioses del Béisbol no lo perdonaron.

Después de ver lo sucedido en el juego siete, a Roberts lo atormentará por mucho tiempo la pregunta de por qué no abrir con su astro Clayton Kershaw, para morir con su mejor caballo, en lugar de traerlo de relevo cuando el mal ya estaba hecho.

Estos Dodgers comienzan a parecerse a los de la década de los años 50, que una tras otra perdían las Series Mundiales ante los Yankees de Nueva York y se consolaban con la frase “será el año que viene”.

Sigan insistiendo, que con el talento de ese equipo, algún día llegará ”el año que viene”.

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