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Boricuas se van de la isla en medio de la emergencia

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Desde la Florida hasta Massachusetts, los puertorriqueños de la parte continental de Estados Unidos se afanan por ayudar a sus familiares a salir de la isla, devastada por el paso del huracán María.

Casi toda la isla está sin luz y las familias intentan sacar sobre todo a los parientes ancianos y a los más vulnerables ante los problemas para conseguir alimentos y agua fresca.

Salir de la isla, no obstante, no es fácil. Muy pocos vuelos parten desde San Juan.

Yadira Pérez Marcano fue una de las pocas afortunadas que consiguió un asiento en el único vuelo de Delta que despegó hacia el aeropuerto Kennedy de Nueva York el martes.

Los pasajeros festejaron cuando el avión aterrizó a eso de las 6:30 p.m., pero Pérez Marcano, cuyo edificio en Bayamón se sacudió violentamente durante la tormenta, dijo que tenía “sentimientos encontrados” al dejar atrás la isla destruida a cambio de la comodidad de la casa de su hermana en las afueras de Nueva York.

“Dios mío. Dejé a mi familia, mis amigos y mis compañeros de trabajo. Y estoy aquí. No tienen agua. No tienen luz. No tienen muchas cosas que necesitan y eso me entristece mucho”, expresó Pérez Marcano entre lágrimas.

Los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses y no tienen restricciones para viajar por el país. En la última década emigraron unos 450,000 puertorriqueños en busca de oportunidades ante la crisis económica que vive la isla.

La magnitud de los daños causados por María, que tenía fuerza de un huracán de categoría cuatro cuando pasó por Puerto Rico, dejó a muchos puertorriqueños preguntándose si no sería mejor irse definitivamente. Pero no será posible tener una idea cabal del alcance de cualquier posible éxodo hasta que no se normalicen los vuelos.

El alcalde de Nueva York Bill de Blasio dijo que espera que miles de isleños desplazados lleguen a esta urbe en los próximos meses.

Cori Rojas, profesora de inglés de 33 años, de Luquillo, llegó a Nueva York con sus dos hijos, de tres y cuatro años, en el mismo vuelo de Pérez Marcano.

Y también dijo sentirse aliviada de haber podido salir, pues su familia no tenía combustible ni electricidad, y le costaba conseguir alimentos. Pero su marido se quedó en la isla y ella se preocupa asimismo por el bienestar de sus alumnos.

“Me alarma mucho lo que pasa en Puerto Rico”, expresó.

La ausencia de comunicaciones confiables no hace sino aumentar el estrés, ya que la gente no sabe cómo se las están arreglando sus seres queridos.

Maciel García Tilen, de 40 años, residente en Miami, dijo que sus padres, de Mayagüez, en la parte occidental de la isla, le habían contado a través de un teléfono celular prestado que tenían agua y comida para una semana. Indicó que quisiera volar a Puerto Rico lo antes posible para llevar abastecimientos y regresar a la Florida con sus padres.

Miguel Besosa, camionero jubilado de Hartford, Connecticut, no ha podido comunicarse con su esposa, quien estaba visitando a una hermana que padece cáncer en Ponce, al sur de la isla, cuando llegó el huracán. Un familiar que consiguió un teléfono pago que funcionaba le dijo que su esposa había sobrevivido al temporal, pero le asusta la idea de que pasen semanas antes de que pueda regresar.

“Al menos están vivos”, expresó Besosa, de 70 años. “Están sufriendo mucho”.

Las personas que lograron salir de la isla en avión pintan un panorama desolador en el aeropuerto de San Juan.

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