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Carta a Dios

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¡Que alegría me da, ya Clara está de regreso! Si…ya está en casa después de unas bellas vacaciones en España y en Tailandia, y me habla de cómo estuvo de cacería por la selva montada en un elefante. Dice que viene con las baterías súper cargadas para seguir adelante y sonriente por  este bello camino de la vida. ¡Si… mi estimada Clara, tu sonrisa y alegría permanente nos envuelve a todos y nos llena de felicidad. ¡Qué bueno que ya estás aquí! Y…ahora quiero que leas esta interesante carta que un cubano desesperado, llamado Juan, muy angustiado por las adversidades de la vida  decide escribir a Dios.
Querido Dios: No sé si será correcto que te escriba esta carta; lo he pensado muchísimo y al fin me he decidido. No tengo que decirte quien soy, tú me conoces perfectamente bien. Empiezo  exponiéndote que estoy muy bravo o enfogonao, como dicen los puertorriqueños, porque nosotros estamos pagando las consecuencias por el desastre del Paraíso. ¿Qué culpa tengo yo de que aquellos dos idiotas de nuestros primeros padres, llamados Adán y Eva hayan caído en una trampa y comido la manzana o el mango o lo que fuera de aquel misterioso árbol prohibido? ¡NO ES JUSTO! Y…nadie ha podido convencerme, ni siquiera el Padre Néstor que habló de este asunto en una homilía en la Catedral San Ignacio de Loyola. Otra cosa que me tiene desorientado es; ¿por qué tú permites que tantas inocentes criaturas sufran en todo el mundo en donde hay muchísimos niños pasando hambre y sufriendo mil calamidades?  En cierta ocasión escuché a un pastor evangélico decir que no se cae un pelo de una cabeza sin tu consentimiento; luego, por estas palabras yo entiendo que tú puedes evitar todas estas desgracias a los pobres e inocentes niños que tanto sufren. Otra cosa; cuando yo era un niño iba al catecismo, hace muuuucho tiempo y recuerdo que la monjita que nos enseñaba la doctrina cristiana nos decía que tú siempre escuchas nuestras oraciones; pero yo pienso que eso es un cuento chino, no es verdad; pues fíjate, nosotros los cubanos llevamos más de 50 años pidiéndote continuamente que nos ayudes a liberar a nuestra patria de las garras de ese endemoniado tirano que ha llevado la Isla de Cuba a la más desastrosa miseria, ha encarcelado sacerdotes y ha quitado todos los bienes a tu iglesia, se burló del Papa hace un tiempo cuando éste visitó la empobrecida Isla y, ha cometido tantos crímenes que si él se arrepintiera y quisiera confesar todos sus pecados necesitaría alrededor de cinco años para decir la enorme cantidad de robos y asesinatos cometidos contra el pobre pueblo cubano.  Te ruego, mi querido Diosito, que me digas algo aunque sea en un sueño; pues todas estas preocupaciones me agobian grandemente y me hacen vivir una vida miserable. Con el mayor respeto: tu hijo que mucho te quiere, Juan.
¡Ah…espero que no te haya molestado esta triste misiva! Gracias.
FINIS CORONAT OPUS
Nota: La semana próxima: “Carta de Dios a Juan”

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