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(EFEUSA).- Palm Beach, la localidad del sur de Florida que atrae desde hace décadas a millonarios y famosos y es visitada con frecuencia por el presidente Donald Trump, va a perder hoy uno de los símbolos de su exitosa relación con el dinero y el poder.

La joyería de lujo y relojería Cartier, que abrió sus puertas en 1924 para atender a la residentes y visitantes de Palm Beach en aquellos “años locos” de entreguerras, las cerrará hoy “de manera permanente”, como reza un aviso en la web de la marca francesa.

El local del número 214 de la cotizada avenida Worth, que mantiene el estilo de los años 20 pese a los años transcurridos, se quedará vacío hasta que una nueva marca de lujo tome su lugar en un área comercial donde se unen la “sofisticación europea” y una “inimitable gracia y estilo”, según sus mensajes publicitarios.

Cartier no ha dado explicaciones del cierre, que sucede paradójicamente cuando el nombre de esta localidad a 105 kilómetros al norte de Miami suena en medios internacionales por las visitas de Donald Trump a su club Mar-a-Lago y algunos ven en ello la posibilidad de captar nuevos turistas para la zona.

De cualquier manera, el cierre de locales en centros comerciales está a la orden del día debido a los cambios en la manera de comprar de los estadounidenses.

La implantación del comercio electrónico está dejando sin clientes a los centros comerciales y comercios tradicionales y son muchas las cadenas de ropa y grandes almacenes que están cerrando locales, como Macy’s, JCPenney y Sears.

Hasta un marca tan exclusiva como Cartier, que en su larga historia -fue fundada en 1847- ha tenido clientes tan famosas como Wallys Simpson, Liz Taylor, Gracia de Mónaco y Kate Middleton, brinda hoy en día a sus clientes la posibilidad de comprar sus productos a través de la página web.

Comprar desde casa, la oficina o el automóvil está en las antípodas de la atención personalizada y el ambiente elegante y sofisticado de tiendas como la de Cartier en Palm Beach.

Marley Herring, la presidenta de la junta de directores de la Asociación de Worth Avenue, ha afirmado que van a “extrañar” a Cartier, pero miran hacia delante y confían en que un “cambio en la experiencia de comprar” en ese área comercial redundará en “nuevas e interesantes opciones para nuestros visitantes y residentes”, según recogen hoy medios de Palm Beach.

La tienda que hoy cerrará es la segunda más antigua de Worth Avenue, un lugar al que no solo se puede ir a comprar sino a conocer su historia, su arquitectura, encantos y anécdotas en los recorridos que se organizan cada miércoles con fines benéficos 10 dólares.

El joyero Pierre Cartier abrió el primer establecimiento de la marca en Estados Unidos en la Quinta Avenida de Nueva York en 1909.

En 1924 inauguró un segundo local en Palm Beach cuando esta localidad situada en una isla hoy unida al continente por varios puentes y fundada a fines del siglo XIX por el industrial Henry Flagler, se consolidaba como el lugar más elegante para escapar del frío invernal del norte de Estados Unidos.

Ese mismo año de 1924 empezó la construcción de Mar-a-Lago, la propiedad que desde 1985 pertenece al empresario Donald Trump, hoy presidente de Estados Unidos, quien convirtió la antigua residencia de Marjorie Merriweather Post (1887-1973), que llegó a ser la mujer más rica de Estados Unidos, en un club privado.

Merriweather Post, quien heredó de su padre la Post Cereal Company, que luego pasó a ser la General Food INc., ya tenía una casa de descanso en Palm Beach, llamada Hogarcito, y un yate que era el más grande de Estados Unidos cuando encargó Mar-a-Lago a los arquitectos Marion Sims Wyeth y Joseph Urban.

Después de mucho buscar compró 17 acres (6,8 hectáreas) de terreno delimitadas por el Océano Atlántico y el lago Worth y, siguiendo la moda de los nombres españoles que imperaba por entonces, escogió Mar-a-Lago (de mar a lago) para una residencia de estilo ecléctico y tamaño gigante que estuvo terminada en 1927.

Urban, que fue determinante para el resultado final, mezcló la arquitectura de varios países europeos, pero fundamentalmente España e Italia, para crear un lugar único.

Los biógrafos de Merriweather cuentan que su segundo marido, E.F. Hutton, afirmaba a los que le preguntaban por Mar-a-Lago: “ya conocen a Marjorie, decía que iba a construir una pequeña cabaña junto al mar y miren lo que resultó”.

Se sabe con certeza que Merriweather estuvo entre los clientes de Cartier en Palm Beach, como otras muchas de sus acaudaladas residentes temporales o visitantes.

Más recientemente pasaron por allí Elton John, Oprah Winfrey, Mike Tyson, Charlie Watts, Jennifer Love Hewitt y Ray Liotta, según han señalado antiguos empleados de lo que más que una joyería fue una institución en Palm Beach.

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