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El lampiño dictador cubano, Raúl Castro, culpó a Estados Unidos por la violencia que está viviendo Venezuela. Según él se sabe muy bien quienes financian esas brutales acciones para derrocar al Gobierno venezolano.

En su intervención, transmitida por la televisión estatal, el déspota subrayó que esos círculos “ahora usan nuevos métodos de desgaste, más sutiles y enmascarados.” El, por supuesto, nunca va a reconocer la dignidad y valentía de los venezolanos que se levantan –sin armas- contra la opresión.

Castro elogió a Maduro y la “inteligencia y firmeza” con la que ha manejado la crisis. Pero la verdad es que Maduro se ha destapado como un bruto que no tiene dos dedos de frente, y sólo el terror a la fuerza del pueblo le hace tirar zarpazos de represión y muerte a diestra y siniestra. El número de personas fallecidas en las protestas llegó a diez.

Lo anterior no asombra a nadie, pero lo que si se puede leer entre líneas es el nerviosismo del dictador cubano, porque los pueblos del mundo están despertando y no consienten ya más a dictadores y abusadores como él. Cuando Castro habla de lo que está pasando en Venezuela, y añade que “con matices similares se ha evidenciado en otros continentes, con anterioridad en Libia y actualmente en Siria y Ucrania”… ¡se siente el temblor de su voz! Se siente la sospecha de que no por mucho tiempo Cuba aguantará la bota que le aplasta y le humilla. Su miedo es que el momento parece estar llegando. Señor Castro, usted no tiene barba, pero ponga la barba de su diabólica alma en remojo, porque su momento llegará mucho más temprano que tarde.

Castro ¿está poniendo su barba en remojo?

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