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Clinton sigue estrategia de Obama rumbo a Casa Blanca

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Washington— Hillary Rodham Clinton parece estar dejando de lado la estrategia electoral a nivel nacional que diera a su esposo dos períodos en la Casa Blanca e hiciera que los demócratas recuperaran a los votantes blancos de clase trabajadora y a buena parte de lo que hoy en día es la Norteamérica republicana.

En cambio, Clinton está lista para seguir el camino mucho más estrecho de Barack Obama rumbo a la presidencia: una campaña más centrada en movilizar a partidarios de los estados de los Grandes Lagos y en partes del oeste y el sur que en convencer a los votantes indecisos.

Los asesores de Clinton señalan que ésa es la única manera de ganar en una época de gran polarización, cuando es menor el número de votantes indecisos. Las posturas liberales de Clinton, señalan, impulsarán a los demócratas, tarea menos difícil que tratar de ganar independientes en territorio más hostil –pese a que una estrategia más amplia podría impulsar a todo el partido junto con ella.

No obstante, renunciar a un acercamiento estado por estado a estas alturas de la campaña podría dejar a Clinton sin el tipo de contacto vivaz que puede ser un rasgo unificador en unas elecciones presidenciales. Y también podría dejarla, en caso de que ganara, con las mismas dificultades a las que Obama ha hecho frente al gobernar con un Congreso bajo control de los republicanos.

Lo anterior está causando consternación entre demócratas de estados conservadores que podrían recibir poca atención por parte de su campaña o bien ser ignorados por completo.

Cuando Bill Clinton regresó la presidencia a los demócratas en 1992, su camino a la Casa Blanca se vio impulsado por estados sureños y de la frontera sur llenos de lo que entonces era un diamante en bruto: votantes indecisos.

Veinte años más tarde, Obama ganó de manera convincente un segundo periodo sin competir en estados como Kentucky, Louisiana, Tennessee o Virginia Occidental, los cuales habían impulsado a Clinton. Y debido a su gran atractivo entre liberales, Obama consiguió lo anterior pese a perder entre los votantes independientes.

Mientras Hillary Clinton intensifica su campaña por la candidatura demócrata, queda claro, por sus políticas de izquierda, su personal y su organización, que su estrategia se desprende de la de Obama, y no de la de su esposo.

Una victoria de Clinton enviaría el mensaje de que la coalición de votantes jóvenes, no blancos y mujeres es transferible a otro demócrata. Y validaría la idea de que los partidarios activos son más importantes en contiendas presidenciales que el hecho de convencer a los indecisos.

Para quienes estuvieron detrás de la estrategia de Obama, el enfoque de Clinton no es un mero homenaje: es inevitable, tomando en cuenta que hoy en día hay pocos votantes verdaderamente independientes y que la tecnología cada vez permite más a las campañas ubicar a quienes seguramente votarán por ellas.

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