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Clinton y Trump chocan con insultos en primer debate presidencial

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HEMPSTEAD, NY - SEPTEMBER 26: Democratic presidential nominee Hillary Clinton shakes hands with Republican presidential nominee Donald Trump as Moderator Lester Holt looks on during the Presidential Debate at Hofstra University on September 26, 2016 in Hempstead, New York. The first of four debates for the 2016 Election, three Presidential and one Vice Presidential, is moderated by NBC's Lester Holt. (Photo by Joe Raedle/Getty Images)

En su primer debate presidencial, marcado por drama y ataques personales, la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump se enzarzaron en fuertes discusiones sobre la economía, el combate al terrorismo, o la controversia sobre dónde nació el presidente Barack Obama.

El consenso entre los politólogos es que, durante buena parte del debate de 90 minutos, Clinton mostró mejor dominio y preparación de los temas, mientras que Trump se mostró agitado y a la defensiva.

Clinton generó risas cuando prácticamente usó las palabras de Trump en su contra y dejó que él se hundiera en contradicciones y falta de claridad sobre sus propuestas de gobierno.

Recibidos con fuertes aplausos en un auditorio de la Universidad Hofstra en Hempstead (Nueva York),  Clinton y Trump desde el inicio del debate quisieron marcar las diferencias en torno asuntos como la creación de empleos y la defensa de la clase media; el combate contra ISIS y la prevención del terrorismo en EEUU, o el proceso de reconciliación racial en este país.

Fue el primer cara a cara de Clinton y Trump en un momento coyuntural de la contienda, a sólo seis semanas de los comicios generales y mientras las encuestas, tanto a nivel nacional como en estados clave, prácticamente dan un empate técnico a ambos candidatos.

Según una encuesta nacional de la Universidad Quinnipiac,  Clinton aventaja levemente a Trump por un margen de 47% a 46%, mientras que un sondeo de la Universidad Monmouth le da una ventaja a la exsecretaria de Estado de 46% contra 44%.

A lo largo de 90 minutos sin interrupciones, el debate ante unas 1,100 personas en el auditorio y ante unos 100 millones de televidentes, estuvo dividido en seis segmentos centrados en el futuro de EEUU; la prosperidad económica y la seguridad nacional.

De principio a fin, el debate sirvió para reiterar las conocidas posturas de ambos sobre cómo fomentar el desarrollo económico en EEUU: Clinton prometió crear una “economía que funcione para todos”,  con medidas como una mayor inversión en empleos bien remunerados y matrículas gratuitas en universidades públicas.

Trump, por su parte, reiteró su postura proteccionista, su acusación de que México y China “roban” empleos, y su promesa de renegociar los acuerdos comerciales y reducir los impuestos.

El concurso sobre quién sería el mejor comandante en jefe y cual de estos dos integrantes del 1 por ciento más rico sería el que más beneficiaría a los más pobres acabó con Hillary Clinton acusando a Donald Trump de racismo y sexismo y él lanzando uno de los peores insultos de todos: que ella es sólo otra política profesional más.

Fue un espectáculo asombroso aún antes de empezar, un enfrentamiento entre la realidad y el entretenimiento, un combate entre un dueño de casinos, estrella de reality shows y el primer candidato presidencial sin previa experiencia política o militar contra una de las figuras políticas más políticamente experimentadas y representante por excelencia del esrablishment quien seguramente está incrédula de que está empatada en los sondeos con un bufón de esta talla.

Por ello fue uno de los eventos televisivos más vistos – se pronosticaban unos 100 millones de televidentes, comparable con algo como el Súpertazón- ya que la gente lo sintonizó para ver sangre o comedia. Los análisis previos, durante y pos debate fueron como si esto era un campeonato de boxeo: quien dio un gancho al hígado, cuál fue la mejor combinación, como se portó el referí.

El enfoque fue sobre si Trump podía presentarse más allá de un portavoz de sectores hartos con la cúpula política y económica del país y de corrientes reaccionarias y racistas y proyectar una imagen presidencial -o sea, si tenía un mínimo de conocimiento de los asuntos de Estado más importantes.

Para la candidata demócrata Hillary Clinton el enfoque fue como enfrentar al contrincante más inusual e impredecible en la historia política moderna y, a la vez, superar la falta de confianza popular que sigue padeciendo.

Al final de la noche, no pasó nada dramático para cambiar de manera sustancial la percepción pública, aunque eso se comprobará en los próximos sondeos. Ambos compitieron sobre quién sería el comandante en jefe mas feroz contra la amenaza del Estado Islámico, contra el crimen y la violencia dentro de Estados Unidos, y quién generaría más prosperidad para la clase media.

México se presentó al inicio en el debate cuando fueron preguntados sobre sus propuestas económicas. Trump acusó que “México se está robando nuestros empleos” al afirmar que el “defectuoso” Tratado de Libre Comercio de America del Norte “tiene que ser renegociado” ya que es el “peor tratado comercial jamás” pactado. México, y China, afirmó, están destruyendo los empleos industriales de Estados Unidos y que él pondría un fin a eso, y acusó que Clinton había sido campeona de todos los acuerdos comerciales como estos. Clinton no tuvo gran defensa más que declarar que favorecía tratados “justos e inteligentes”.

Batallaron sobre sus propuestas económicas.Ella dijo que sus políticas económicas sólo beneficiarán a los más ricos y que implicaban retornar a las mismas políticas que hicieron estallar la gran recesión de 2007. Él insistió en que era hora de que un empresario tomara las riendas del gobierno para finalmente poner orden y lograr generar prosperidad en el país, algo que los políticos no saben hacer. Ella reviró: “Donald, sé que vives dentro de tu propia realidad”.

Se enfrentaron sobre el asunto de que Trump rehusa difundir sus declaraciones fiscales. Él resaltó que lo haría después de concluir una auditoría, aunque las autoridades han dicho que eso no impide difundirlas. Clinton acusó que no lo desea hacer “porque tiene algo que ocultar”, tal vez que no es tan rico como dice, que tiene más deuda o que no ha pagado impuestos federales. Él no negó lo último. Para defenderse, dijo que estaría dispuesto a difundir su informe si ella revela los 33 mil correos electrónicos que han desaparecido de su cuenta.

En otro momento, ante una pregunta del moderador Lester Holt, de NBC News, sobre el asunto del manejo de sus correos electrónicos durante su gestión como secretaria de Estado, algo que ha perseguido a la candidata a lo largo de esta contienda, Clinton reiteró que reconoció que “fue un error, no tengo excusas, asumo la responsabilidad”. Trump interrumpió y afirmó que fue “una desgracia” y que lo hizo a propósito.

El debate giró hacia el asunto de raza y el sistema judicial. Clinton hizo énfasis en que se requiere de una reforma del sistema de justicia penal porque existe un “racismo sistemico” ahí, mejorar las relaciones entre comunidades y policías y poner fin “a la plaga de la violencia de armas de fuego”. Trump declaró que “necesitamos ley y orden” sin lo cual “no tendremos país”. Resaltó la violencia en zonas urbanas marginadas y dijo que “los afroestadunidenses y los hispanos están viviendo en el infierno” en esas zonas, y por lo tanto se necesitan medidas “para quitarles las armas a la gente mala”.

Fue en esta sección del debate donde Clinton acusó a Trump de promover una “mentira racista” por cuestionar durante años si el primer presidente afroestadunidense había nacido en Estados Unidos. Recordó que en 1973 cuando Trump primero encabezó la empresa de bienes raíces de su padre, el Departamento de Justicia presentó una demanda judicial por prácticas de discriminacion racial en su contra – “él tiene una histórica racista”, aseguró. Trump intentó maniobrar pero sólo ofreció una defensa torcida y poco coherente sobre el tema del acta de nacimiento de Barack Obama, acusando a Clinton de haber promovido esa acusación cuando hacia campaña contra Obama.

Sobre asuntos de “seguridad nacional”. los candidatos hablaron de la necesidad de enfrentar las ciberguerras. Trump afirmó que tiene ahora el respaldo de casi 200 generales y almirantes, como también los gremios de la Patrulla Fronteriza y la de los trabajadores de Migración y Aduanas. Insistió que bajo Clinton y Obama, Estados Unidos ha perdido el “control sobre muchas cosas”. Aseveró que el Isis fue posible por la manera en que Obama y Clinton se salieron de Irak y que fue un error “no tomar el petróleo” de ese país. Clinton y el moderador subrayaron que Trump había favorecido la guerra contra Irak pero el repetidamente dijo que eso era falso. Ambos prometieron derrotar al Isis.

Aquí entraron al terreno de quién tenía el mejor “temperamento” y cualidades para ser comandante en jefe. “Un hombre que puede ser provocado por un tuit no debería de tener sus manos sobre los códigos nucleares”, atacó Clinton.

Trump replicó que “yo tengo mucho mejor juicio que ella. Tengo mucho mejor temperamento que ella”, y acuso que ella no tenia “el aguante” para ser presidente. Agregó que “ella tiene experiencia, pero es mala experiencia”.

Al final, todo culminó con Clinton diciendo que Trump es sexista, al haber llamado a mujeres “marranas” y “perros”. Trump indicó que en los spots publicitarios Clinton lo ha acusado de muchas cosas falsas, y que se había frenado en atacarla de la misma manera. Se quejo que esas son cosas “muy poco amables”.

Ambos entraron al cuadrilátero en la Universidad Hofstra en Long Island, Nueva York, como los candidatos más reprobados por el electorado en la historia moderna del país. En el promedio de las encuestas nacionales principales del país calculada por RealClearPolitics, Clinton gozaba este lunes de una ventaja de 1.6 por ciento y el margen de su ventaja en los estados claves se sigue reduciendo o está anulada.

Los medios desplegaron tal vez el esfuerzo mas amplio de fact-checking, verificación de hechos y dichos, jamás para ir evaluando la veracidad de las declaraciones de los candidatos durante el debate. El New York Times asignó a un equipo de 18 periodistas dedicados a eso a lo largo del debate, otros medios ofrecieron servicios parecidos. Al parecer, no hay mucha confianza en la verdad en esta contienda presidencial.

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