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Una tarde lluviosa, por la orilla del mar caminaba una muchacha llorando por su desdicha. Vivía en una comarca muy remota y hasta ahora todos los pretendientes que le habían llegado eran hombres muy humildes de su pueblo y muy comunes para ella. Ella soñaba con alguien, diferente, sus ojos buscaban a un hombre que tuviera gran influencia, bien posicionado económicamente, que pudiera brindarle el lugar que ella se merecía. No solo se trataba del dinero, ella quería que fuera un joven, apuesto, y simpático. Después de todo ella era una mujer hermosa, y se decía a si misma “sé que puedo aspirar a lo que yo quiero.” Pero el tiempo pasaba y sabía que la lozanía de su juventud empezaría pronto a desvanecer. Su llanto parecía inconsolable mientras arrastraba sus pies por la arena. De pronto una de las olas le golpeó ligeramente con un viejo cofre cubierto de algas. La curiosidad le hizo abrirlo y para su sorpresa encontró uno de esos Genios como el de la lámpara de Aladino. El genio le dijo- “Gracias por rescatarme, te puedo conceder tres deseos, pero solo uno a la vez”. La muchacha entre asustada, entusiasmada y pensando en lo que ella quería, dijo- “quiero un príncipe azul que se quiera casar conmigo”. “Concedido” contestó el Genio y de pronto la muchacha escuchó una voz a sus espaldas que le dijo-“Disculpe bella dama ¿me pudiera decir donde me encuentro? La muchacha entusiasmada se da la vuelta y ve a un hombre vestido de príncipe y con su piel color azul. Ella se asustó y ¿pregunto quién eres? ¿Por qué tienes ese color? “Soy el príncipe de Ozun, la tierra de Dioses azules, pero de pronto me he perdido y no reconozco este lugar.” “le prometo que si me ayuda a encontrar la forma de regresar la convertiré en mi decimoquinta esposa”. La muchacha miró al Genio con una fuerte expresión de enojo en su cara y preguntó ¿qué? ¿Es una broma? Respondió el genio “No mi bella dama, yo solo le di lo que usted me pidió”- basta! respondió ella “desaparece a esa rara criatura de mi lado ahora mismo”. “Concedido”, dijo el Genio, y así fue. Quería un príncipe, pero no literalmente azul, ni de otro mundo y mucho menos casado con 14 mujeres. ¿Qué quieres? Pregunto el Genio, solo te queda un deseo y deberías ser sabia al pedirlo. ¿Uno? ¿Qué paso con tres? Te di el príncipe azul y después lo desaparecí respondió el genio, ya concedí dos. La muchacha al darse cuenta que el Genio era intransigente cayo de rodillas en la arena llorando preguntándose ¿Por qué me pasa esto a mí? mientras sollozaba. ¿Quieres saber? Pregunto el Genio, “si” respondió ella. “Concedido” dijo el genio. “Esto te pasa por no saber lo que realmente quieres. Tu no quieres un príncipe, lo que quieres es alguien que te trate como a una princesa”. Entonces la muchacha quedó pensativa por unos segundos, recapacitó, y recordó que entre sus pretendientes había un muchacho que podía hacerla sentir precisamente como a una princesa, aunque él no era precisamente un príncipe. Se levantó, secó sus lágrimas, y agradeciéndole al Genio regresó corriendo felizmente a su comarca.

En ocasiones nos molestamos sin darnos cuenta que recibimos exactamente lo que pedimos y pretendemos culpar a los demás cuando no recibimos lo que realmente queremos. La clave está en lograr una comunicación clara y efectiva, no solo con los demás, sino también con nosotros mismos. Para hacernos entender con los demás, primero debemos entendernos a nosotros mismos.

Hablemos en serio, en muchas ocasiones, para tener lo que realmente deseamos no se trata de necesitar recursos diferentes o de que nos ocurra un milagro. Créalo o no, el milagro ya está en usted. Usted ya está equipado/a con todo lo que necesita para lograr su propósito solo es cuestión de darse una miradita hacia dentro y encontrarlo, porque para encontrar lo que realmente queremos también es preciso entender porque lo queremos.

Para compartir su opinión, inquietud o sugerencia, puede hacerlo al correo electrónico de hablemosenserio@yahoo.com

Como encontrar lo que realmente quieres

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