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Deportes por Alberto Potel‏

¿Cómo hará Guardiola para alinear a tanta estrella en el Bayern Múnich?

Con el fichaje de Thiago Alcántara, el técnico español tiene con este plantel el reto de armar uno de los mejores mediocampos del mundo
Pep Guardiola tiene un importante reto para gestionar a un equipo multicampeón.
Berlín, Alemania. El fichaje de Thiago Alcántara por el Bayern Múnich despertó más debate que sorpresa en Alemania: ¿era necesario el español en un equipo con uno de los mediocampos más fuertes del mundo?¿A quién dejará fuera el entrenador Josep Guardiola para poder alinear al jugador que él mismo pidió?
“Diez estrellas, cinco lugares: la llegada de Thiago Alcántara plantea a”Pep” Guardiola la tortura de tener que elegir en el centro del campo”, analizó hoy “Bild”. El diario más leído de Alemania recordó que el mediocampo del Bayern es un conglomerado de internacionales con un valor de mercado de 380 millones de euros.
Thiago llega al Bayern como apuesta personal de Guardiola, que lo conoce bien desde que coincidieron en el Barcelona. El técnico lo atrajo prometiéndole titularidad en el Bayern y promovió sus virtudes entre la directiva, que terminó comprándolo por 25 millones de euros (32,5 millones de dólares) y un contrato hasta 2017.
Pero aunque nadie discute la calidad del joven internacional de 22 años, la mayoría coincide en que abre un problema por exceso de lujo en el centro del Bayern y muchos dudan de su necesidad. Según una encuesta publicada hoy por el deportivo “Kicker”, casi un 60 por ciento de los lectores cree que la nueva estrella no hacía falta.
 
Una dura competencia
Alcántara competirá por un puesto con una nómina que incluye a indiscutibles como Bastian Schweinsteiger, Toni Kroos o Thomas Müller, internacionales como Franck Ribéry, Arjen Robben y Luiz Gustavo, además del joven talento Mario Götze o Javi Martínez, el fichaje más caro en la historia de la Bundesliga.
“La competencia será más fuerte que el año pasado, cuando ya hubo muchos jugadores de calidad en el banco”, apuntó Kroos la semana pasada. El director deportivo, Matthias Sammer, advirtió: “Si todos los jugadores están sanos, tendremos un par de decisiones difíciles que tomar”.
¿A quién dejará fuera Guardiola? La pregunta se presenta ya como uno de los debates más atractivos hasta el inicio de la Liga alemana en agosto. Decenas de miles de lectores opinaron en un sondeo online de “Bild” que los titulares indiscutibles serán -por orden de preferencia- Ribéry, Schweinsteiger, Alcántara, Götze y Müller.
El debate se suma a la locura mediática que genera cada paso de Guardiola y a la sorpresa por la revolución táctica que, según los entrenamientos y amistosos, está planeando en el club. En el mar de especulaciones, dos datos son indiscutibles. El primero es que el Bayern afronta una temporada con seis competiciones nacionales e internacionales que exigirá un banquillo robusto y versátil. Ésas son las virtudes de Thiago destacadas por Guardiola, que lo elogió por jugar “en tres, cuatro o cinco posiciones”. La afición tendrá la última palabra.
El segundo dato destacable es que la temporada que comienza es la última antes del Mundial de Brasil. Los internacionales de Alemania, Brasil, España, Suiza, Francia y Holanda que pueblan las filas del Bayern no pueden permitirse minutos en el banquillo. Thiago competirá por un puesto entre los mejores del mundo más motivados que nunca.

El Tri no mejora, pero le gana a Martinica
La selección mexicana supera 3-1 a los caribeños y clasifica como segundo lugar de grupo a los cuartos de final de la Copa Oro
EL Tricolor no muestra mejora en su forma de jugar.
CIUDAD DE MÉXICO. Es difícil dimensionar lo autodestructiva que puede ser la selección mexicana. Partido a partido se desmiente el trabajo de José Manuel de la Torre al frente de un equipo sustituto que bien se lo ha ganado ese rango, pues casi ninguno de sus jugadores, salvo Marco Fabián, que anotó por tercer juego consecutivo, merecen la playera.
La de ayer fue una victoria ante Martinica por 3-1 que vuelve a enardecer el deseo del público, a pesar de que se calificó a cuartos de final de la Copa Oro, de despedir a un técnico pusilánime ante un rival amateur que le complicó la vida al Tricolor.
En síntesis, ayer se enfrentó a un equipo sin personalidad ni ambición a otro ingenuo e inseguro. El resultado: uno de los peores partidos del torneo, y eso que la Copa Oro tiene un catálogo de bajo nivel.
Aunque el Tri empezó mejor que Martinica y aprovechó lo incauto del juego de los centrales caribeños, no fue sino después de cuatro disparos al arco cuando Marco Fabián empalmó un balón alto que picó en el suelo y se elevó hasta el ángulo para abrir el marcador.
La jugada fue antecedida por un error garrafal de Rafael Márquez en la definición, obra constante de un juego exasperante del delantero de Chivas.
Luego fue una gran anotación de Luis Montes, que puso en calma todo hasta que, otra vez, sin poder mantener las pulsaciones, el Tricolor se despojó de la agudeza y se limitó a pelotear con su rival.
Martinica, imposible parámetro para cualquier equipo profesional, se dejaba hacer y deshacer, pero había instantes en que se aventuraba y se sentían a la par de un equipo mexicano seco, esmirriado.
Por eso alcanzaron un penal  de Miguel Layún, que en una carrera torpe en su regreso trabó a Reuperne y convirtió en gol Kevin Parsemain. A pesar de todo, el defensor americanista fue de lo más sobresaliente en el equipo.
Aquello de que México le pasa por encima a cualquier rival caribeño es una mera fábula en estos tiempos, sino que se lo pregunten al “Chepo” De La Torre, que de partido en partido ve como se tambalea su puesto. Los encuentros venideros serán definitorios para el puesto del “Chepo” . Tan mal está la selección que las únicas jugadas de peligro en su puerta fueron provocadas por un despiste de Moisés Muñoz, que quiso salir jugando, y otra más en la forma de perfilarse de Juan Carlos Valenzuela; curiosamente, ambos del América, recientemente campeón, y que se supone que deberían mostrar un nivel diferente.
Martinica se replegó con un gol a favor que le servía en su aritmética para buscar un tercer lugar y colarse a la segunda fase de la Copa Oro.
México se metió al vestidor en el medio tiempo con un horizonte que no se había imaginado, sometido a la simpleza de auto-flagelarse.
La parte complementaria fue  un cambio de hábitos en el Tri. Si en el primero al menos mantuvieron la idea de conjuntarse y en sociedades tocar el balón, lo ofrecido en los últimos 45 minutos fue una rendición al aburrimiento.
Sin partitura, olvidando lo colectivo, grisáceos, transitando en un oscurantismo, toda la mecánica le empezó a fallar al Tricolor, que se dejó envolver por la  teoría de Martinica de no atacar.
En tregua, ambos equipos se dedicaron a patear el balón lejos de su zona defensiva, cayendo en un ritmo cansino que resultó desolador para toda la afición de México que sigue sin entender decisiones del técnico nacional.
Incluso, el último gol de  Miguel Ponce fue algo que no alivió el ánimo de nadie.

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