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Cosas con alma

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Félix Soloni fue un famoso escritor cubano a quien tuve el honor de conocer por mediación de su encantadora hija Marta, mi amiga del alma y compañera en las clases de Filosofía.

Félix escribía para un famoso periódico habanero, una bellísima columna que titulaba:

“El Alma de las Cosas”. En esta cápsula intento imitar a mi gran amigo Félix Soloni; pero cambiando el título para no cometer un plagio. ”COSAS CON ALMA”.

Había una vez una silla, en una casa de campo en un pueblecito llamado La Coloma en la provincia de Pinar del Rio. Esta humilde silla se sentía realmente triste y defraudada. Muchas visitas venían todos los fines de semana de los pueblos cercanos, pues aquella familia donde a ella le había tocado servir de asiento, era muy numerosa. Pero…mejor dejemos que sea la propia silla quien nos cuente su triste historia. Yo era realmente el único asiento decente en aquella casa solariega; pues había también otro tipo de mueble que era muy parecido a mí, pero no con mi esbeltez ni mucho menos mi belleza. Este tipo de asiento era muy tosco, con patas de madera dura, gruesas y cuadradas, algo realmente muy feo, y el sitio donde poner las posaderas era nada menos que de cuero peludo de vacas o bueyes, que al principio apestaba a rayos. Tengo que reconocer que era mucho más fuerte que yo; pues aquellos hombres gordotes como sacos de papas se sentaban y recostaban a la pared y nada malo pasaba. Este burdo mueble tenia el ridículo y estrafalario nombre de taburete o trebejo. ¡Qué barbaridad!

Quiero que sepan que yo he pasado muy malos ratos con esta familia. Un día vino de visita una tía muy gorda llamada Carlota, que tenía un trasero tan voluminoso que para sentarse necesitaba un triqlinium (especie de mueble romano que soportaba pesos enormes), esta desventurada tía tuvo la terrible idea de venir a sentarse precisamente sobre esta endeble sillita.

¿Por qué diablos no escogió uno de aquellos artefactos llamados taburetes? no lo sé. Pasé las de Caín; pues aquella terrible mole empezó a moverse con un movimiento tan abrupto, para rascarse, porque le picaba algo en un lugar oculto, que me partió las dos patas delanteras y abrió tremendo boquete a la pajilla que tenia como asiento. ¡Qué desgraciada soy! Ahora me encuentro en una esquina de la sala como algo inservible, y mi fin parece ser terrible; pues ayer oí decir que posiblemente me usen como carbón, pues este sistema comunista de por- quería que lo ha destruido todo, no solamente no tiene para dar de comer al pueblo; sino que cuando se logra encontrar algo, no hay manera de cocinarlo por falta de combustible. ¡Adiós amigos, mi fin ha llegado! ahora mismo me acaban de romper las dos paticas que me quedaban, para preparar candela para cocinar unos boniatos que han conseguido en el mercado negro. ¡Adiós…adiós…pobre de mi…que triste fin después de haber servido fielmente durante tantos años! Así paga el diablo. ¡Despierten pueblos de América! ¡Arriba corazones!

¡Ah…ahora le ha llegado la suerte a Venezuela! ¡Venezolanos sacudan la mata! Ahora no van a necesitar ejercicio para bajar de peso; el hambre comunista ha llegado y con él, el cambio climático y la miseria

¿Dónde está el famoso profesional ejército que jamás iba a permitir que pasara lo de Cuba? ¡Ojalá no sea demasiado tarde! ¡Venezolanos; apriétense el cinturón! Aquí, en la Florida todavía hay espacio para algunos más! ¡Pobre gente…! El diablo tocó a sus puertas y las abrieron de par en par! ¡Tremendo error…! Ah… Mi último consejo es este: guarden bastante papel periódico, pues lo van a necesitar y…no precisamen- mente para leer; sino para otros menesteres. Inteligenti pauca. (Al buen entendedor pocas palabras bastan).

FINIS CORONAT OPUS

(El fin corona la obra)

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