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Estas podrían haber sido solo las primeras escaramuzas de una potencial guerra entre Israel e Irán que promete un temible nivel de destrucción, incluso para los elevados estándares de violencia del Medio Oriente moderno.

El enfrentamiento podría extenderse por todo Siria y Líbano, con ciudades israelíes golpeadas al igual que objetivos estratégicos en Irán.

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En sus primeras fases se trataría de un pulso entre el poder aéreo israelí contra los misiles de largo alcance de Irán y sus aliados libaneses de Hezbolá.

En definitiva, un conflicto que debe evitarse y el momento de hacerlo es ahora. Sea como sea, Israel e Irán siguen en rumbo de colisión.

Israel lleva tiempo preocupado por el aumento de la influencia iraní en la región.

En realidad, hace años que se libra una lucha de baja intensidad en la que los israelíes han intentado evitar que sofisticadas armas iraníes, como misiles de largo alcance, lleguen desde Irán a manos de Hezbolá en Líbano. Varios convoyes fueron interceptados. También se bombardearon varios arsenales.

Pero la guerra en Siria aumentó mucho la cercanía de fuerzas apoyadas por Teherán a las fronteras de Israel.

Además de Hezbolá, un grupo de milicias iraníes tomó parte en los combates, junto a oficiales y asesores militares de la Guardia Revolucionaria iraní.

El fuerte apoyo de Teherán, junto con el poder de la aviación rusa, aseguraron la supervivencia del gobierno de Bashar el Asad en Siria y ahora Teherán busca cobrarse los beneficios estratégicos de aquella apuesta.