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La decisión del presidente Donald Trump de despedir al director del FBI, James Comey, causó un fuerte temblor en Washington y el mundo y arrojó más sombras que luces, especialmente sobre el momento elegido, justo cuando la repartición estaba profundizando la investigación de la supuesta intervención del gobierno ruso en la campaña electoral y su conexión con el equipo del entonces candidato republicano y luego, como presidente.

El anuncio del despido ocurrió tras conocerse el martes que Comey dio el pasado miércoles, bajo juramento ante el Congreso de EEUU, datos erróneos sobre la investigación de los correos de Clinton que reabrió en octubre pasado, a escasos once días de las elecciones.

El día antes de la comparecencia de Comey, Trump escribió en Twitter que el director del FBI era “lo mejor que le había ocurrido a Hillary Clinton porque le dio un pase gratis por tantas malas acciones”.

Conocido por sus reacciones intempestivas, Trump conmocionó a la clase política de Washington -que no esperaba el cese de Comey- al adoptar una decisión sin precedentes desde 1993, cuando el entonces presidente de EE.UU., el demócrata Bill Clinton, destituyó a William Sessions como jefe del FBI

La medida evocó también la llamada “Masacre del Sábado Noche”, cuando Richard Nixon ordenó el 20 de octubre de 1973 el despido del fiscal especial Archibald Cox, encargado del caso “Watergate”, que en 1974 lo convirtió en el único presidente de EEUU. en dimitir.

“Este es un momento extraordinario en la historia estadounidense. (…) Es un grotesco abuso de poder del presidente de Estados Unidos.”, aseveró el experto en asuntos legales de la cadena CNN, Jeffrey Toobin, al asemejar el cese de Comey a la destitución de Cox.

La oposición también criticó duramente a Trump y el líder de la minoría demócrata del Senado, Chuck Schumer, exigió la designación inmediata de un fiscal especial independiente que dirija la investigación de los vínculos de la campaña de Trump y el Kremlin.

“Esto es nixoniano”, espetó el senador demócrata Bob Casey en referencia a Nixon, en tanto que el presidente del Comité Nacional Demócrata (DNC), Tom Pérez, tildó el despido de “vergonzoso abuso de poder”.

Igualmente llegaron reproches desde algunos correligionarios republicanos de Trump, como el senador John McCain, que se declaró “decepcionado” por la destitución de Comey, a quien definió como “un hombre de honor e integridad”.

Mientras el mundillo político de Washington era un hervidero, Comey cancelaba una intervención en un acto en Los Ángeles, tras recibir “por sorpresa” y “desprevenido” la decisión del presidente, comentó una fuente del FBI al diario Los Angeles Times.

El escándalo de los correos electrónicos marcó la campaña electoral del año pasado y la propia Hillary Clinton llegó a culpar a Comey de su derrota en los comicios, que ganó Trump, por volver a suscitar dudas sobre su conducta a pocos días de la votación.

En su comparecencia ante un comité del Senado la semana pasada, James Comey aseguró sentir “náuseas” al pensar que su investigación a Clinton pudo impactar en el resultado de las elecciones.

“El FBI es una de nuestras instituciones más estimadas y respetadas de nuestra nación y hoy marca un nuevo comienzo para nuestra joya de la corona de las fuerzas del orden”, afirmó Trump en una nota oficial emitida por su portavoz, Sean Spicer.

Spicer indicó que Trump “actuó basándose en las recomendaciones claras del vicefiscal general, Rod Rosenstein, y el fiscal general, Jeff Sessions”, y señaló que “la búsqueda de un nuevo director del FBI empezará inmediatamente”.

El propio presidente envió una carta a Comey, quien se encontraba de viaje en California cuando estalló la noticia, en la que le informó de su destitución “con efecto inmediato”.

 

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