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¡Feliz Año Nuevo! Al celebrar el nuevo año, la Iglesia nos invita primero a considerar, como hicimos el Día 1º en la Solemnidad de María, Madre de Dios, el papel de María en la historia de la salvación. Luego, el domingo, en la Epifanía, recordamos a los Magos de Oriente, símbolos de la universalidad del mensaje de Cristo, que ha venido a salvar no sólo a los judíos, sino a todo el mundo.

Esta fiesta de la catolicidad de la fe (recuerden que “católico” significa “universal”) ha parecido un momento propicio, para los Obispos Norteamericanos, para comenzar la Semana Nacional de la Migración. La Epifanía nos hace pensar no sólo en los Reyes Magos, peregrinos desde muy lejos para encontrar al Rey Recién Nacido, sino también en el exilio de la Sagrada Familia a Egipto, consecuencia de los celos del Rey Herodes. Por lo tanto, es un momento propicio para concientizarnos sobre la migración, rezar por los inmigrantes y por el país que los acoge, y pedir que sepamos todos reconocernos como hermanos.

Nuestra política y economía son tan cambiantes, que parece que nos olvidamos de los problemas que hace poco nos parecían importantísimos. Unos meses atrás parecía que los republicanos estaban destruidos políticamente y ahora se habla de la posibilidad de que ganen el Senado en noviembre. ¿Quién tiene razón? ¿Quién sabe? Pasa lo mismo con la inmigración. Parece que los políticos hablan de ella sólo cuando les conviene, algunos para alarmar a un grupo y asustarlos, haciéndoles pensar que todos estos hispanos van a capturar el país, y otros para hacer que los hispanos votantes piensen que están de su parte. Hace pocos meses se hablaba de una reforma migratoria como una posibilidad real. ¿Y ahora?

La perspectiva de la Iglesia Católica con respecto a la migración en general, y la inmigración a los Estados Unidos en concreto, no es cambiante. Está basada en una realidad, la dignidad de toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios y redimida por Jesús, nacido en Belén. Por lo tanto, somos capaces de ver en la familia inmigrante, sea cual sea su país de origen, su razón por venir a este país de libertad, su educación o trabajo o situación económica, a la Sagrada Familia. El valor de cada inmigrante lo recalcó el Papa Francisco hace unos meses en su visita a la isla de Lampedusa, donde han muerto miles de africanos tratando de entrar en Europa.

¿Qué podemos hacer nosotros para cambiar la perspectiva sobre la inmigración en este país? Además de escribir cartas y hacer sentir nuestras voces en Washington, ¿qué más podemos hacer? La Iglesia Católica sugiere esta semana entrante la importancia de informarnos, de informar a los demás, y de rezar.

Los Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos presenta una oración para la Semana Nacional de la Migración, que me parece apropiada sugerirles a todos mis lectores que recen en estos días: “Padre de amor y misericordia, proveíste a tu pueblo Israel en su éxodo de la esclavitud la tierra prometida que estableciste para ellos, y en Jesucristo provees un acogedor refugio para todos los necesitados.

“Te pedimos tu protección divina para todos los migrantes que han abandonado sus casas en busca de nuevas oportunidades en otro país. Por los refugiados, que se ven obligados a partir de sus casas por las amenazas de violencia, te imploramos que les proporciones un refugio seguro. Por los migrantes víctimas del tráfico de esclavos, concédeles el rescate, la sanación y la fuerza para empezar de nuevo. Por los inmigrantes, que a menudo dejan atrás a sus amigos y familia, concédeles una vida mejor y más oportunidades en otros lugares. Te rogamos en especial por tu protección sobre los niños migrantes que son vulnerables a la explotación y al abuso en manos de otros.

“Te imploramos que otorgues a todos los migrantes tu protección y los guíes hacia un lugar seguro. Acompaña a todos los que necesiten tu poder salvador. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos.”

Pasaje sugerido de la Palabra de Dios – Efesios 3, 6: “Por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo”.

El mensaje de Jesús para este Año Nuevo

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