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La Secuencia Numérica de Fibonacci

Generalmente vamos por la vida sin poner atención al fascinante mundo que nos rodea. Vemos un pino y no sabemos que algunos de ellos han vivido por miles de años, y mucho menos sabemos que un cono de pino, que vemos a montones tirados por el suelo, fue creada con un diseño sagrado que tiene que haber nacido en una Mente Superior, la mente de la Creación.

Hagamos un pequeño ejercicio mental: ¿Qué ves en la siguiente secuencia?

0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, …

Antes de continuar leyendo, analiza esa secuencia de números y determina qué tienen de particular.

Esa es la Secuencia de Fibonacci.

Y lo que tiene de particular es que cada uno de los números es la suma de los dos anteriores. O sea, 0+1=1;  1+1=2;  1+2=3;  2+3=5;  3+5=8;  5+8=13;  8+13=21;  21+13=34…  Y así sucesivamente hasta el infinito. Compruébalo tú misma:

0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233, 377, 610, 987, 1597, 2584, 4181, 6765, 10946, 17711, 28657, 46368, 75025, 121393, 196418, 317811…

Pero lo fascinante de todo ello no es ni siquiera los números matemáticos, sino que muchas cosas en la naturaleza ¡están creadas con esa fórmula matemática!

Los conos de pino, la piña, la coliflor, muchos caracoles… muchas flores, entre ellas el girasol. El patrón de las semillas dentro de la cabeza de un girasol sigue la secuencia Fibonacci: 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144…

En los girasoles, las espirales de su centro crecen en esa proporción. (Cuenta el número de curvas que crecen en una dirección, del centro a los pétalos, y luego las que crecen en sentido opuesto). Igual sucede en el cono del pino.

¿Es casualidad? No, tiene una lógica divina. Es para que las nuevas hojas no bloqueen el sol de las anteriores, y para cubrir el máximo de superficie, y que cada semilla reciba el máximo posible de lluvia o rocío. Se distribuyen también buscando la luz del sol ¿No es maravilloso?

A la serie de Fibonacci se le ha llamado La Fórmula Áurea

Pero ¿quién es ese señor tan inteligente que observando a la naturaleza descubrió esa fórmula mágica? Fibonacci fue un matemático italiano, cuyo nombre de pila era Leonardo de Pisa. Vivió a finales del siglo XII (1170-1240).

Fibonacci descubrió esa fórmula como solución a un problema que le propusieron sobre la cría de conejos. Uno de sus clientes tenía una pareja de conejos y quería saber cuántos conejos podía criar a partir de un par, en un año. Cada pareja de conejos produce una nueva pareja de conejos (un macho y una hembra); y cada conejo se puede cruzar a la edad de un mes, siendo su periodo de gestación un mes. A partir de ahí Fibonacci se puso a observar a la naturaleza y con infinita paciencia se puso a contar las hojas y las ramas de los árboles, las escamas de la piña, y todo lo que se aparecía en su paso. En el año 1202, publicó un libro titulado Liber Abaci, (El libro del cálculo).

Si cuentas las escamas de una piña, verás que aparecen en espiral alrededor del vértice, en igual número a los términos citados en la sucesión de Fibonacci. La secuencia aparece en las ramas de los árboles, en la flora de la alcachofa, o en la disposición de las hojas en el tallo… en la forma de un caracol.

Si dibujas cuadrados con los números de la formula, obtendrás la famosa “Regla de Oro” de la belleza perfecta.

¿Ves cómo los cuadrados encajan perfectamente en un cuadrado que los abarca? Por ejemplo 5 + 8 = 13;  8 + 13 = 21;  y  21 + 13 = 34.

La secuencia de Fibonacci también está presente en los huracanes, algunas galaxias, y otros muchos fenómenos naturales.

Nosotros, los seres humanos, también fuimos creados con esa fórmula sagrada. Muchas partes de nuestro cuerpo, como la relación que existe entre la altura de un ser humano y la altura de su ombligo, la relación entre la distancia del hombro a los dedos y la distancia del codo a los dedos o la relación entre las articulaciones de las manos y los pies. O la relación entre las falanges de los dedos.

Los humanos, por nuestra parte, también imitamos a la naturaleza para crear las maravillas que hemos creado, como las obras de Miguel Ángel, Durero y Da Vinci. Otro ejemplo de la espiral Fibonacci lo representa la ubicación en el espacio de las pirámides de Gizeh. Hoy en día la secuencia de Fibonacci ha sido muy importante en la aplicación de ciencias de la computación, matemáticas, configuraciones biológicas y teoría de juegos.

“Tú Ser Cuántico”

Mucho más sobre el maravilloso mundo que nos rodea, y los misterios de quienes realmente somos los seres humanos, en el libro de Mayda Ochoa, que saldrá próximamente: “Tú Ser Cuántico”. Visita www.maydaochoa.com y escríbeme a maydaochoa@gmail.com

El mundo divino en el que vivimos

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