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El Papa nos Llama a mostrar a todos la misericordia y el amor

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Se ha comentado mucho en estos días sobre la entrevista de 80 minutos que el Papa Francisco le concedió a los reporteros abordo del vuelo de regreso de Río de Janeiro a Roma.  Sin duda, el aspecto más discutido ha sido su respuesta a la última pregunta, sobre acusaciones contra un sacerdote que trabaja en el Vaticano y sobre un presunto “lobby gay” en el Vaticano: “Usted hablaba del lobby gay.  Bien, se escribe mucho del lobby gay. Todavía no he encontrado quién me enseñe un carnet de identidad que diga “gay” en el Vaticano.  Dicen que los hay. Creo que cuando uno se encuentra con una persona así, debe distinguir el hecho de ser una persona gay, del hecho de hacer un lobby, porque ningún lobby es bueno. Son malos. Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?  El Catecismo de la Iglesia Católica explica esto de una manera muy hermosa; dice… “No se debe marginar a estas personas por eso, deben ser integradas en la sociedad”.  El problema no es tener esta tendencia; no, debemos ser hermanos, porque éste es uno, pero si hay otro, otro.  El problema es hacer el lobby de esta tendencia: lobby de avaros, lobby de políticos, lobby de los masones, tantos lobby.  Éste es el problema más grave para mí. Y le agradezco mucho la pregunta. Muchas gracias”.

Muchos han comentado si hay aquí alguna novedad en la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad. Sin duda, no.  El mismo Papa citó el Catecismo de la Iglesia Católica, y le pidió al Padre Federico Lombardi, su portavoz, que le ayudara con la cita. De hecho, el pasaje al cual hacía referencia, el párrafo 2358, dice textualmente así: “Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas.  Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza.  Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”. El Santo Padre no estaba cambiando la enseñanza de la Iglesia en cuanto a la naturaleza “objetivamente desordenada” (es decir, de alguna manera desviada), ni está cambiando la enseñanza sobre la inmoralidad de los actos sexuales (de hecho, en varias ocasiones había llamado a los jóvenes a vivir bien el matrimonio cristiano.  Él lo que hacía era decir que, como hombre de la Iglesia, su tarea no es de juzgar, ni mucho menos aislar, a ninguna persona humana.

Ya en su homilía esa misma mañana, en la Playa de Copacabana, el Papa Francisco les había dicho a los millones de jóvenes reunidos: “¿Adónde nos envía Jesús?  No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos.  El Evangelio no es para algunos sino para todos.  No es sólo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores.  Es para todos. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente.  El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor”.  Si “el Señor busca a todos” y “quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor”, entonces le toca al Papa y nos toca a cada uno de nosotros hacer que “todos” sientan ese calor.  Si es así el caso, no ponemos poner nosotros límites, diciendo que a ese tipo de persona el Señor no quiere que le mostremos su amor.
Se podría decir que el mismo “lobby” del cual se le preguntaba el Papa, y del cual él dice que es un problema, ha querido manipular sus declaraciones.  A la vez, otros han querido hacer parecer que no hay nada nuevo en absoluto en lo que ha dicho el Papa, y quizás parezca que yo iba en ese camino.  Sin embargo, si hay una insistencia que, aunque no es una nueva enseñanza, es un nuevo énfasis, que mucho necesitamos en este caso – la misericordia, el perdón, la expresión que el Papa ha usado repetidas veces desde su elección en marzo: “Dios nunca se cansa de perdonar”.  Es desde este punto de vista que nos llama a todos, que nos gusta tanto hoy en día hacer juicios (¿en cuántos de los programas de televisión supuestamente de la “realidad” es el momento clave cuando se despide a alguien del programa?), a ver a cada persona como un hermano o hermana en el Señor y mostrarles “el calor de su misericordia y de su amor”.

El Papa nos Llama a mostrar a todos la misericordia y el amor

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