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Como jefe del Vaticano, pero también como jefe de la Iglesia Católica universal, el papa Francisco visitó ayer la capital de Albania, Tirana, y su mensaje de fraternidad fue particularmente emblemático en un país donde el Islam es la religión mayoritaria, que convive con ortodoxos y católicos en paz. En este dificilísimo momento internacional en el que Estados Unidos y los países de la OTAN (Organización del Atlántico Norte de la que forman parte la mayoría de los estados europeos) han empezado a combatir abiertamente a los extremistas del Estado Islámico en Siria e Irak y la religión musulmana está siendo objeto de ataques discriminatorios de todo tipo en muchos países, el papa argentino quiso hacer este viaje de pocas horas pero que fue entendido como de gran significado, como un tender la mano a los musulmanes pacíficos, para que no se dejen convencer por los extremistas, y a las otras religiones, para que estimulen la tolerancia y el diálogo. Y además como un intento de poner como ejemplo mundial a Albania, donde la realidad demuestra que las religiones pueden convivir sin problemas.

“Me alegro de modo especial por una feliz característica de Albania, que debe ser preservada con todo cuidado e interés: me refiero a la convivencia pacífica y a la colaboración entre los que pertenecen a diversas religiones”, dijo Francisco en su discurso ante el presidente Bujar Nishani y las demás autoridades albanesas al ser recibido en el palacio presidencial. Y agregó: “El clima de respeto y confianza recíproca entre católicos, ortodoxos y musulmanes es un bien precioso para el país y que adquiere un relieve especial en este tiempo en que, de parte de grupos extremistas, se desnaturaliza el auténtico sentido religioso y en que las diferencias entre las diversas confesiones se distorsionan e instrumentalizan, haciendo de ellas un factor peligroso de conflicto y violencia”. “Que nadie piense que puede escudarse en Dios cuando proyecta y realiza actos de violencia y abusos. Que nadie tome la religión como pretexto para las propias acciones contrarias a la dignidad del hombre y sus derechos fundamentales”, concluyó el Papa.

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Según Francisco, que en repetidas ocasiones recordó los numerosos mártires que tuvo Albania, sobre todo del periodo comunista, y mencionó a la santa Madre Teresa de Calcuta –que era albanesa precisamente–, lo que sucede en Albania, donde las religiones conviven tranquilamente, demuestra que la pacífica convivencia entre personas de distintas religiones no sólo es deseable, sino también realizable de modo concreto porque “es un bien inestimable para la paz y el desarrollo armonioso de un pueblo”.

Pero con las autoridades albanesas el Papa tocó también otros temas no menos importantes para el mundo y sobre los que ha insistido repetidamente en sus mensajes. “En un mundo que tiende a la globalización económica y cultural, es necesario esforzarse para que el crecimiento y el desarrollo estén a disposición de todos y no sólo de una parte de la población. Además, el desarrollo no será auténtico si no es también sostenible y ecuánime, es decir, si no tiene en cuenta los derechos de los pobres y no respeta el ambiente. A la globalización de los mercados es necesario que corresponda la globalización de la solidaridad”, subrayó.

Francisco, que decidió hacer este viaje pese a los presuntos peligros de un ataque en su contra, que ha llevado a la policía italiana a fortalecer notablemente la seguridad en la Plaza de San Pedro, volvió varias veces sobre el tema de la tolerancia y la cooperación interreligiosa en sus mensajes de ayer en Tirana. También habló de este tema con los líderes de otras religiones, con quienes se encontró en la Universidad Católica. “La verdadera libertad religiosa rechaza la intolerancia y el sectarismo y promueve actitudes de respeto y de constructivo diálogo”, les dijo. “No podemos no reconocer que la intolerancia hacia quien tiene otras ideas religiosas es un enemigo insidioso que hoy, lamentablemente, se está manifestando en distintas regiones del mundo (…) ¡La religión auténtica es fuente de paz y no de violencia! ¡Nadie puede usar el nombre de Dios para cometer violencias! ¡Matar en nombre de Dios es un gran sacrilegio!”, concluyó.

Este cuarto viaje del papa Francisco al exterior, después de Brasil (julio 2013), Tierra Santa (mayo 2014) y Corea (agosto 2014), concluyó con palabras de aliento para los jóvenes que fueron a saludarlo en la plaza Madre Teresa, en ocasión de la oración de mediodía. “Con la fuerza del Evangelio, el ejemplo de sus antepasados y de sus mártires, deben saber decir no a la idolatría del dinero. ¡No a la idolatría del dinero! –repitió–, no a la falsa libertad individualista, no a las dependencias y a la violencias y decir sí en cambio a la cultura del encuentro y de la solidaridad.”

Francisco, que el sábado había mantenido un largo encuentro en Roma con la presidenta argentina Cristina Fernández, concluyó su viaje a Albania almorzando en la nunciatura apostólica de Tirana con los obispos albaneses y luego visitando, a unos 30 kilómetros de la capital albanesa, una institución católica de recepción de niños huérfanos y pobres, el Centro Betania, donde nuevamente destacó el valor de la convivencia de personas de distintas etnias y confesiones religiosas, tal como se dan en ese centro.

El Papa rechazó el extremismo