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El deporte une a los pueblos aunque sus dirigentes políticos hagan todo lo posible para dividirlos y distanciarlos.
Esas dos constantes históricas cobran vingencia con la presencia en Cuba de Joe Torre yDerek Jeter, figuras cimeras del béisbol en más de dos decadas, integrados a la comitiva que acompaña la visita oficial de presidente Barack Obama.

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El punto focal del tema político -que no nos ocupa- tiene que ver con la normalización de relaciones en los dos países, pero el trasfondo del tema que toca directamente a los deportistas tiene que ver con dar viabilidad a la llegada de los peloteros de la isla al mercado millonario de lasGrandes Ligas.

Lejos quedan otros simulacros de eventos deportivos ultilizados para romper el hielo de las desavenencias en la política.

Acaso el más célebre sea la visita de un equipo de ‘ping pong’ de Estados Unidos a Chinaacompañando al entonces Secretario de Estado, Henry Kissinger, en julio de 1971.

Apenas meses después, en febrero de 1972, el entonces presidente Richard Nixon se reunió con su homólogo de China, Mao Tse Tung.

Hoy nadie se acuerda de los jugadores de ‘ping pong’, pero sí de lo efectiva que resultó la diplomacia del deporte.
Este martes en La Habana, mientras los políticos hacen y deshacen acuerdos, también se juega un partido de béisbol, y en medio de una jornada histórica para la política, es necesario resaltar el valor de los atletas que concurren.

La voz de Manfred
Al menos Rob Manfred, el Comisionado del Béisbol organizado, no jugó a las escondidas con el tema.
“La pelota en los Estados Unidos la llevamos en la sangre y en las veinticuatro horas que llevamos (lunes) en Cuba hemos visto lo mismo y será una oportunidad con el béisbol de tener un papel en el desarrollo de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos”, dijo Manfred.

Este tendría que ser el punto de contacto para que los deportistas saquen algún rédito del evento político.
Tanto los integrantes de la selección nacional de Cuba, como los miembros de los Rays de Tampa Bay dejarán todo en el campo y cosecharán aplausos de protocolo, pero el béisbol debe ganar algo.

El regreso de Grandes Ligas a Cuba