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El Rio Jordan

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Hoy, Mi estimada Clara, quiero contarte sobre nuestra visita al río más famoso del mundo, en el Estado de Israel. Éramos un grupo de unos treinta peregrinos dirigidos por el iniguala-
ble guía Shalón, veterano de la famosa guerra de los seis días y profundo conocedor de toda la historia judía.  Al atardecer salimos de Jericó. Atrás dejamos su bellísimo oasis, de cristali-
nas aguas y refrescantes sombras con sus muchos camellos tomando el descanso necesario para continuar la marcha a través del árido desierto de Judea; así es la vida diaria de este gran grupo de beduinos que continuamente se muda de un lugar a otro en busca de fresco
pasto para sus rebaños.  Y…nosotros también vamos a seguir caminando sobre la candente
arena, pero no en camellos; sino en un modernísimo autobús  con todas las comodidades de la contemporánea época en que vivimos. Vamos por una magnífica carretera de doble vía que corre paralela al rio Jordán, el cual constituye la frontera natural entre los estados de Israel y Jordania. Hay una blanquísima franja de tierra como de unos diez metros
de ancho; nuestro guía Shalón nos explica que esa es una zona de seguridad del Estado Judío
la cual se encuentra completamente minada para evitar el paso de terroristas palestinos. Aho-
ra estamos llegando al puente “Allenby” sobre el rio Jordán que constituye el único paso para
los que deseen entrar a Jordania; aquí, a ambos lados del puente se encuentran las respectivas
aduanas y puntos de enlace. Nos detenemos en un espléndido mirador y bajamos por una an-
cha escalinata de piedras muy blancas; ¡ya estamos en el sagrado rio Jordán! algunos se tiran
al agua y nadan hasta la otra orilla, no hay peligro, la profundidad no es mucha y la corriente
leve. Shalón nos dice que no se sabe exactamente el lugar donde Jesús fue bautizado por
Juan Bautista; pero que la tradición indica que pudo ser aquí mismo donde estamos ahora o
quizás un poco más cerca de la ciudad de Jericó. Tuvimos la oportunidad de llenar algunos
pomitos de agua como recuerdo grato de la fascinante visita al rio Jordán, sin duda alguna, el
más famoso y conocido en todo el mundo. Hoy es sábado, día de descanso para los judíos;
solamente trabajan los servicios públicos, hoteles, restaurantes y hospitales. Aquí, al salir de
las aguas del rio, tuvimos un serio percance; uno de nuestro grupo, de apellido Rodríguez su-
frió un ataque al corazón; vino una ambulancia y lo llevaron a un hospital de la ciudad de Ti-
beriades. Alli permaneció ingresado por espacio de un mes, según nos enteramos algún tiem-
po después de nuestro regreso. Su esposa estuvo con él acompañándole en todo momento en
el propio cuarto del centro hospitalario. Cuando se repuso fue enviado a Miami donde vive. Vino en un vuelo especial de Iberia con un médico como acompañante. ¿Cuánto tuvo que pa-
gar el señor Rodríguez por todos estos servicios especiales? ¡Asómbrate estimada Clara! no
tuvo que pagar absolutamente nada; en Israel, uno de los países más adelantados del mundo,
el magnífico servicio que prestan los hospitales es completamente gratis. ¿Qué te parece? ¡in-
creible; pero cierto!  En muy corto tiempo les voy a narrar nuestra aventura en el famoso mar
de Tiberiades. ¡Nos encontraremos muy pronto nuevamente!

FINIS CORONAT OPUS

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