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El último eclipse de Luna del año

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Para los chicos fue como una película de ciencia ficción. Para los padres, la chance de vestirse de astrónomos por una noche y explicarles –de un modo lúdico, a veces intuitivo– cómo se mueven los planetas. Todos, sin distinción de edad, vivieron una noche mágica en el Planetario. El eclipse de súper Luna roja –que había ocurrido por última vez en 1982 y que se repetirá en 2033– tuvo un efecto hipnótico en las 10 mil personas que colmaron ayer Palermo con la misión de llevarse un recuerdo del fenómeno astronómico en fotos y, sobre todo, en sus retinas.

Ya a las 22, una larga fila se extendía por la explanada del Planetario. Era el camino obligado para llegar a los 6 telescopios, que permitían ver cada detalle del espectáculo. Por los parlantes, los Beatles y Pink Floyd acompañaban la espera. “Los elegimos simplemente porque son música universal”, contó Mariano Ribas, coordinador de Divulgación científica del Planetario.

Las nubes que al atardecer amenazaron con arruinar el espectáculo se disiparon y permitieron ver el eclipse a simple vista. Cerca de las 22.30, cuando la oscuridad había “tragado” una pequeña porción de la Luna, Figueroa Alcorta y Sarmiento estaban colapsadas. La gente se bajaba de los taxis en el medio de las avenidas para buscar rápido su lugar. Alejandro (25) y Mariela (22) son novios y llegaron desde Ciudadela. “No nos queríamos perder esto. La próxima vez que pase, vamos a estar casados y con hijos”, bromeaban. Ellos se ubicaron cerca de la fuente. Otros –en muchos casos, familias completas– acamparon con reposeras, trípodes y cámaras semiprofesionales.

A medida que el manchón negro avanzaba sobre la Luna, aumentaban los dedos índices que apuntaban hacia al cielo. Agustín, de 5 años, miraba todo desde los hombros de su papá. Pero su asombro tenía otro blanco. “¿Eso es un plato volador?”, preguntó por la silueta del Planetario iluminada con luces azules y le sacó varias risas a los que seguían esperando su turno para subir a la explanada. Cerca de las 23, cuando gran parte de la Luna se veía teñida de rojo, hubo ansiedad y también algunos empujones.

El fenómeno despertó todo tipo de inquietudes. “La primera prueba de que la Tierra es curva que tuvo la humanidad fueron los eclipses. Es la sombra que proyecta la Tierra sobre la Luna”, le explicó a una familia uno de los astrónomos del Planetario. Muchos visitantes contaban, algunos con humor, otros con dudas, los mitos de la Edad Media que vinculaban la llamada “Luna de Sangre” con presagios de catástrofes.

“No tiene ningún efecto en las plantas, ni en los animales, en las aguas, ni en las personas”, aclara micrófono en mano Diego Hernández, editor de la revista del Planetario. La que lo tiene claro es Lucía, de 11 años, que acaba de usar el telescopio. “Me encantó, no me dio miedo para nada”, dice y se va con la seguridad de que hoy iba a contar su experiencia en el colegio. Son las 23.15 y la súper Luna ya está roja. Del otro lado de la reja, una señora se queja: “Creí que se la iba a ver más grande”, dice.

El fenómeno de ayer tuvo dos particularidades. Como la Luna estuvo más cerca de la Tierra que lo habitual se la vio un 14% más grande (de ahí la idea de “súper”). El color rojizo se debió a que nuestro planeta, ubicado entre el Sol y la Luna en alineación perfecta, filtró los rayos solares. La atmósfera terrestre absorbió los de color azul y refractó luz roja hacia la Luna.

La ceremonia del avistaje terminaba con las clásicas selfies familiares con la Luna o en Planetario de fondo. “Esta va directo a Facebook”, decía Alejandra, una mamá de 32 años llegada desde Parque Chacabuco. Esta postal se repitió en varias ciudades del país y del mundo: el fenómeno se pudo ver en el continente americano, Europa y África. A miles de kilómetros de distancia, todos volcaron la mirada hacia el cielo como en los tiempos primitivos.

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