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En esta columna semanal analizo constantemente los asuntos relacionados con la política nacional, los partidos políticos y los líderes que elegimos para que lleven a cabo las cosas que nos llevaron a seleccionarlos. Esta semana voy a hablar del clima y sus efectos sobre nuestra vida diaria.

En los días de frío tenemos la tendencia a permanecer en casa. El sentido de lo que consideramos ir afuera a resolver una “emergencia” se reduce a salir solamente si la situación es “inevitable”.

Permaneciendo en la casa redescubrimos algunas de las cosas que hemos venido aplazando y que podemos hacer cuando tenemos el “tiempo para hacerlo”. El tiempo que no encontrábamos, de pronto se convierte en un “ahora puedo”.

Estando todos adentro, de pronto nos re-encontramos en conversaciones postergadas por el trajín diario. Hablamos del ayer, del presente y del futuro. Al hacerlo hacemos un ejercicio que, entre la falta de “tiempo” y el uso desmedido de la tecnología, hemos venido perdiendo: nos convertimos, como por arte de magia, en personas de carne y hueso, con sueños e ideales que habíamos perdido la costumbre de compartir con los demás.

El clima frío invita a una comida casera caliente. Eso elimina todas las posibilidades de la compra de comida pre-cocinada por los establecimientos de comida rápida. Durante esos días todos en la familia toman turnos preparando aquellas comidas que nos gustan y que, a la vez, constituyen lo que conocemos como “comida sana y nutritiva”. Se come mejor en los días fríos y nos sentamos juntos en la mesa a devorar los manjares, casi siempre evocativos de la mejor cocina patria.

En la tarde y temprano en la noche escuchamos nuestra música favorita, casi siempre también evocativa del terruño. Ella nos permite trasladar nuestro espíritu a nuestros lugares de origen, recordar tiempos pasados y momentos maravillosos que a veces, en medio de las obligaciones del trabajo se nos pierden en la memoria. Nuestra música constituye el eslabón más importante entre el presente y el pasado, entre lo que hacemos y lo que somos, entre nuestro ambiente actual y la eternidad de nuestra alma.

Finalmente en el frío de la noche llegamos al lecho buscando el calor del ser amado, con quién compartimos a diario la responsabilidad y la cobija. Bajo el calor de las sábanas se renuevan las promesas de “apreciar, amar y proteger” que se contraen al comenzar el camino. Son promesas de amor que edifican nuestro espíritu cada vez que se manifiestan. La vida retoma la brillantez de todos sus colores y la felicidad impera.

En estos días de frío… la vida puede correr el riesgo de transformarse en algo maravilloso.

En estos días de frío

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