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¿En qué terminarán los problemas legales de Trump?

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Pregunta sumamente interesante pero muy difícil de contestar.

Varios procesos legales comenzaron en forma paralela prácticamente desde el día que Donald Trumpasumió la presidencia. Este tipo de procesos, una vez iniciados, se mueven en distintas direcciones y adquieren una dinámica que los puede llevar a conclusiones completamente antagónicas. En este caso todo parece ser posible, desde que Trump sea totalmente exonerado y se postule nuevamente como candidato para las elecciones del 2020, hasta que se demuestre culpabilidad y no logre terminar su mandato.

A Trump lo están investigando por posibles violaciones principalmente en tres áreas: colusión entre
su campaña y el gobierno de Rusia, obstrucción a la justicia en relación a la abrupta destitución de James Comey, el exdirector del FBI, y conflictos de interés en relación a sus negocios.

Los distintos comités parlamentarios investigando estas acusaciones aún no han llegado a ninguna decisión adversa a Trump. Esto no es sorprendente ya que los republicanos tienen mayorías en ambas cámaras y, por el momento, lo han protegido. Esta situación puede cambiar dadas las duras y repetidas confrontaciones que Trump mantiene con miembros importantes de su propio partido. Un ejemplo de muchos son sus recientes intercambios con Bob Corker, el Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Respondiendo a un agresivo e infantil tuit con los que Trump suele comenzar el día, Corker observó que el adulto responsable por “la guardería” seguramente se había ausentado esa mañana.

Dado el patético nivel de estos intercambios, es muy posible que las relaciones con sus correligionarios se sigan deteriorando y que Trump termine perdiendo la protección de su partido en el Congreso. Sin esta protección, el riesgo que alguno de los comités determine culpabilidad aumentaría significativamente. De más está decir que los demócratas harán todo lo posible para que esto suceda.

Para Trump, sin embargo, el riesgo más serio proviene de la investigación que está llevando a cabo Robert Mueller, el fiscal (special counsel) nombrado por el Departamento de Justicia. Mueller ya ha procesado a varias personas que trabajaron en la campaña de Trump incluyendo a Paul Manafort, quien se incorporó a ella en marzo del 2016 y la presidió de junio a agosto de ese año. A Manafort se le acusa de múltiples crímenes incluyendo lavado de dinero y evasión fiscal.

Se anticipa que los procesamientos continuarán y que puedan alcanzar a personas como ser Jared Kushner, marido de Ivanka Trump, Donald Trump Jr, hijo mayor de Trump, y Michael Flynn. Este último, general retirado, trabajó en la campaña y fue, en el nuevo gobierno, nombrado asesor de Seguridad Nacional pero duró en ese cargo apenas 24 días porque se constató que había mentido con respecto a reuniones que mantuvo con Sergey Kislyak, embajador ruso frente a Estados Unidos.

Independientemente de las condenas que puedan recaer sobre estas personas si se les declara culpables (varios años de cárcel en el caso de Manafort), un problema grave que se le presenta directamente a Trump es que, a fin de reducir esas posibles condenas, decidan cooperar con la investigación de Mueller. Este tipo de negociación entre fiscales y acusados es muy común en el sistema americano. George Papadopoulos, un operador de bajo nivel en la campaña que mintió con respecto a contactos que mantuvo con elementos del gobierno ruso, ya ha comenzado a cooperar con la investigación. Aparentemente Flynn también estaría cooperando.

Con respecto a la investigación de Mueller hay cuatro imponderables que la pueden afectar en forma dramática.

Primero, Trump puede decidir destituir a Mueller y de esa manera tratar de poner fin a la investigación. Por el momento no parecería que esta decisión esté por tomarse. Esto puede cambiar rápidamente si, por ejemplo, Mueller obtuviese suficientes elementos como para procesar a Kushner o a Donald Jr o, si surgieran aspectos problemáticos relativos a negocios del grupo Trump. Una eventual destitución de Mueller tendría inmensas ramificaciones políticas, no sólo con respecto a la situación de Trump, sino también para los republicanos en las elecciones parlamentarias del 2018.

Segundo, Trump puede otorgar perdones presidenciales. Seguramente sus abogados ya están evaluando el costo político de perdonar a alguno de los procesados y comparándolo con el perjuicio proveniente de información que ellos puedan proveer a Mueller si deciden cooperar con su investigación. Si existió colusión con el gobierno ruso, es lógico asumir que personas como Manafort o Flynn estuvieron al tanto.

Tercero, si Trump consigue finalmente deshacerse de Jeff Sessions, el ministro de Justicia a quien no perdona que se haya recusado con respecto al tema de la posible colusión con el gobierno ruso. Por ahora no ha logrado hacerlo porque Sessions es fuertemente respaldado por sus antiguos colegas en el Senado quienes amenazaron con no dar la necesaria venia para el posible reemplazante que Trump propusiera. Un nuevo ministro de Justicia podría otorgarle a Trump mayor control sobre la
investigación de Mueller.

Cuarto, Trump puede ser afectado por la epidemia de casos de acoso sexual que se ha desatado en las últimas semanas. Los medios liberales están aprovechando esta situación para replantear las acusaciones que muchas mujeres dirigieron contra Trump a través de los años. Nuevamente mencionan continuamente la grabación en la que Trump se jacta de su condición de “estrella” que le permite acosar mujeres con total impunidad (grab them by the pussy).

Otro político con un historial similar en esta área, por ejemplo Bill Clinton para mencionar un caso obvio, hubiera mantenido un silencio absoluto con respecto al tema. Trump, con su reconocida falta de criterio, no se pudo contener y mandó un tuit refiriéndose al senador Al Franken como “Al Frankenstien” (sic).

Este tuit se contrasta con la defensa de Trump a Roy Moore, el candidato republicano para llenar el escaño en el senado que dejó vacante Sessions cuando fue nombrado Ministro de Justicia. El caso de Franken, quien admitió su error y se disculpó profusamente (disculpa que fue aceptada por la acusante), es mucho menos serio que el de Moore, quien tiene múltiples acusaciones de acosar a chicas menores cuando era fiscal de distrito en Alabama.

Mientras los republicanos mantengan la mayoría en la cámara de diputados, es muy improbable que se le inicie un juicio político a Trump. Esta situación podría cambiar dramáticamente si los distintos procesos legales no se hubieran resuelto antes de las elecciones de octubre del año entrante en las que se renueva la totalidad de esa cámara. En la actualidad los republicanos tienen una mayoría de 46 en un total de 435 escaños. O sea que un cambio de 24 a favor de los demócratas sería suficiente para que estos retomaran la mayoría. Muchos fantaseamos con esa posibilidad.

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