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¿Es el comienzo del final de LeBron James?

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SI HAY UN PUNTO BAJO en la carrera de LeBron James, podríamos argumentar que fue en el Juego 5 contra los Celtics en las finales de la Conferencia del Este de 2010. James tiene 25 años, está en la cumbre de su condición atlética, teniendo la novena mejor temporada en la historia de la NBA en cuanto a rating de eficiencia de jugador. Los únicos que lo hicieron mejor que James en aquél momento se llamaban Wilt y Michael. Las expectativas eran supernaturales. Por el contrario, en esta noche, todo encaja en un patrón de “mediocridad general”.

En un partido normal, LeBron clava el balón contra oponentes del tamaño de Paul Pierce con facilidad. En esta ocasión, aguanta la pelota por varios segundos nada productivos, quema tiempo, no puede ejecutar planes, hace pases lejanos a las esquinas más apartadas de la cancha. Un hombre quien promediaba casi 30 puntos durante esa temporada apenas consigue tres tiros en toda la noche. Casi cada salto se queda corto. La actuación de LeBron (que aseguró el triunfo de los Celtics por 120-88) será lo suficiente extraña para propulsar a los medios a iniciar el debate de teorías conspirativas relativas a lesiones desconocidas y distracciones fuera del tabloncillo de todo tipo. Quizás hayan escuchado algunas de esas hipótesis.

Pero, ¿y sí hay una explicación más simple? ¿Será que James simplemente estaba… exhausto?

En los años que han pasado desde entonces, lo que está haciéndose más claro para los científicos y muchos entrenadores es que esa “mediocridad general” es un producto del exceso de trabajo. Consideren esto: en ese día de 2010, James estaba culminando siete temporadas en las cuales había jugado un total de 25,197 minutos. Han sido casi 20 años desde que otro jugador ha hecho lo mismo. A la hora de los playoffs de 2015, uno de los sumos sacerdotes de la ciencia biométrica, Michael Young de Athletic Lab, declararía la carga de trabajo de James como “insufrible”, quizás mayor que la de cualquier otro atleta en cualquier otro deporte.

Esta pretemporada, el entrenador de los Cavaliers, Tyronn Lue, discutió el manejar los minutos de James, de la misma forma que lo han hecho los entrenadores que ha tenido LeBron en su carrera. El equipo incluso se ufanó de tener un sistema vanguardista que clasifica a los jugadores en categorías rojas, amarillas y verdes de fatiga. Sin embargo, los Cavaliers tuvieron dificultades y no se alzaron con el título de la Conferencia del Este, y al final James fue el líder en minutos por partido en la NBA.

Ahora, más que nunca, los Cavaliers necesitan a James para que camine sobre agua porque, de acuerdo a cualquier análisis racional, el equipo está acabado (perdiendo 15 de sus últimos 26 encuentros de temporada regular y habiendo asumido su serie de primera ronda con apenas un 3.7 por ciento de oportunidades de llevarse el título, de acuerdo a las estimaciones de chances de playoffs del Basketball Power Index. Así que, la pregunta de los playoffs es: ¿Está James demasiado agotado para jugar a su mejor capacidad cuando se requiera? Con un título en juego, me propuse buscar la respuesta.

EL DR. MICHAEL JOYNER comanda un laboratorio de la Clínica Mayo la cual estudia “la forma como los humanos responden a varias formas de estrés mental y físico durante actividades tales como el ejercicio”. Ha trabajado con toda clase de personas que se esfuerzan al límite, desde maratonistas de élite pasando por la NASA hasta el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Es, en muchos aspectos, la persona perfecta para la primera pregunta que le hago a expertos en un chat de grupo en Slack: ¿Está LeBron condenado por haber intentado aparecer en más de 90 partidos al año?

Luego que coloco esa pregunta en el chat, Joyner me responde por correo electrónico: “Es complicado…”, me escribe, indicándome que hay cinco factores para la fatiga: 1. Viajes/sueño/recuperación; 2. Lesiones menores; 3. Duración de la temporada; 4. Número de esfuerzos fuertes (partidos) en un espacio de dos semanas; 5. Esfuerzo mental.

Cuando hablamos por teléfono, Joyner me indica que está en vivo desde el aeropuerto de Portland, Oregon, donde ha servido de consejero en los esfuerzos patrocinados por Nike para entender el maratón de dos horas y lo que ello implica. Hay excelente café espresso en el aeropuerto de Portland, y tengo la sensación inmediata que Joyner ha disfrutado una taza, o tres. Habla tan rápido, exponiendo tantas ideas conectivas y de forma expansiva, que me recuerda una escena de la serie Homeland en la cual la agente ficticia de la CIA, Carrie Metthiesen, inhala cafeína en polvo. Hago garabatos en varias tarjetas de índice mientras habla, trato de llevar su ritmo, uso ambos lados. Me agoto antes que la llamada de 15 minutos de duración llegue a su fin. Mis notas se ven así:

“La inteligencia artificial para quienes hacen el calendario de la NBA sería buena… Tres juegos a la semana… Extender la temporada una semana o dos, eliminar la pretemporada… Si yo fuera Adam Silver haría dos o tres modelos de comparaciones distintas con respecto a cómo han sido las cosas en años recientes, hacer que varios nerds muy inteligentes trabajen en eso… No más juegos en noches seguidas, no más cuatro juegos en cinco jornadas… ¿entrenamientos duros durante la temporada? Muchas cosas se mueven, depende de la persona, pero si tienes tres o cuatro días fuera, pues quizás sí…”

El meollo del asunto, dice Joyner, es este: Uno de los mayores retos de LeBron es que le exige a su cuerpo hacer trabajo muy fuerte: un esfuerzo a todo vapor, que requiere una presión arterial alta, que termina en un sudoroso cansancio… En más ocasiones que las que puede manejar un atleta de élite. “Una buena regla para mantener es hacer cinco esfuerzos muy fuertes en dos semanas”, dice. “Háganme zar de la NBA y yo buscaría que no se hicieran más de cinco partidos en un periodo de dos semanas sin enfrentamientos en noche consecutivos. La temporada regular llegaría a 33 semanas de duración”.

En otras palabras, si los jugadores reciben el descanso apropiado, la temporada regular de 82 partidos duraría el mismo tiempo que la combinación de la campaña regular y los playoff en la actualidad.

MI COLEGA DE ESPN Brian Windhorst ha cubierto a LeBron James desde su época de secundaria. ¿Hay alguien mejor a quién preguntarle por los cambios que ha hecho LeBron en sus formas de evitar lesiones?

“Cuando LeBron era un enérgico chico de 18 años, ni siquiera se colocaba cinta adhesiva en sus tobillos de forma regular”, dice. “Ahora, invierte cientos de miles de dólares al año en su cuerpo”. Windhorst revela este divertido tip: James tiene su propio sistema de tanques de nitrógeno líquido con los cuales se aplica una crioterapia super vanguardista para sus articulaciones inflamadas, y una van Mercedes Sprinter negra con asientos personalizados de cuero blanco, que le sirve en parte para recibir tratamientos en la carretera. En el chat de Slack, Brian escribe que los días de hacerse el invencible han terminado:

“Casi es un evento anual para él, llegar al campo de entrenamiento con el objetivo de reducir sus minutos de juego. Y sí, después de mostrarse agotado en las finales de 2011 y cuando el Heat perdió ante los Mavericks, sus minutos por partido cayeron de 28.8 en 2011 a 35.6 en 2016.

Esa tendencia se revirtió esta temporada. Está en ritmo para jugar la mayor cantidad de minutos que ha tenido desde 2013-14. LeBron y los Cavaliers han dicho que esto fue intencional, que James creía esto lo podía beneficiar al jugar una mayor cantidad de minutos a fin de estar en condición óptima antes de bajar su ritmo de apariciones en los últimos tramos de la temporada. Pero eso no ha ocurrido, ya que los Cavaliers han tenido problemas y por ende, James promedia más minutos en marzo que en noviembre. Para hacer las cosas peor, los Cavaliers usualmente le dan mayor carga de trabajo al jugar la segunda noche de jornadas consecutivas, promediando más minutos de lo que tiene con uno o dos días de descanso.

La temporada pasada, LeBron promedió un mínimo de por vida en minutos tanto en la temporada regular y en los playoff, antes de las Finales. Se puede pensar que esto contribuyó con su actuación en los Juegos del 5 al 7 en las finales, en las cuales tuvo quizás el mejor desempeño de su carrera en tres cotejos consecutivos”.

SIGAN CUALQUIER PROGRAMA DE ENTRENAMIENTO PARA UN MARATÓN y serán apabullados con cuanta información basada en la ciencia existe sobre cómo la forma más dramáticamente incorrecta de entrenar es exactamente correr 42 kilómetros cada día. Entrenarse más es el tipo de pensamiento que un profesor de educación física de secundaria podría ofrecerle a un sedentario. Incluso los programas de entrenamiento de mayor élite abogan por varios días de rutina fácil a la semana. Ya que otro de mis colegas en ESPN, Tom Haberstroh, se ha dedicado a cubrir toda esta ciencia y hacerla su fuente de trabajo, lo contacté en Slack y le pregunté: ¿Cómo manejar a LeBron?

“Yo quisiera más de LeBron, no menos. Diría que debería jugar menos por ahora. ¡Parece que hablo al revés! Pero veo un hombre como Isaiah Thomas (el de los Pistons, no el de los Celtics), quien era un hombre de hierro… Hasta que ya no lo era. Isaiah no tomaba días de descanso, jugaba más partidos antes de los 31 años que cualquier jugador en la historia de la NBA antes de él. Terminó su carrera en la NBA a los 32 años, cuando su talón de Aquiles sucumbió. Y veo a Tim Duncan, quien tiene la mayor cantidad de días libres en la historia y jugó hasta los 40 años. Si pudiese escoger la ruta que tomó Isaiah o la de Duncan, escogería la de Duncan cada vez que pudiese”.

DE HECHO, hay gente que apoya el camino que tomó Duncan y lo sustenta con datos. Un pequeño, pero creciente, número de expertos mantienen bases de datos de las lesiones en la NBA. Cuando contacté vía telefónica a un analista de lesiones (quien conversó con nosotros bajo condición de mantener su anonimato por temor de perder el trabajo que hace para la liga) dijo algo contundente: la NBA tiene una tasa de posibilidades de lesiones del 100 por ciento. Cada jugador de la NBA, dijo, o bien está lesionado ya, o lo estará si sigue jugando por suficiente tiempo. Uno podría imaginarse que un jugador con 50 o 100 partidos con salud por mediante tiene un cuerpo que se ha ajustado a las exigencias de la Liga. “No”, dice este experto.

“Cada partido en el cual no salen con una dolencia, los acerca a su próxima lesión”.

ENTONCES, si un atleta está trabajando demasiado, ¿cómo puede uno saberlo? Para ello, contacto a Steve Magness, quien ha sido denominado como “científico loco” por su trabajo como entrenador para desempeños de élite, fisiólogo del ejercicio y co-autor del libro “Peak Performance: Elevate Your Game, Avoid Burnout and Thrive With The New Science of Success” (“Desempeño de alto nivel: eleva tu juego, evita el agotamiento y brilla con la nueva ciencia del éxito”), próximo a ser publicado. En nuestro chat de Slack, Magness se pregunta si la NBA no maneja bien el descanso, no por razones económicas o por mera terquedad, sino por lo que denomina como “conceptos equivocados”.

“No creo que la gente entiende bien lo que representa la fatiga. La mayoría de nosotros va por ahí pensando que la fatiga es equivalente al cansancio. Pensamos que es una situación relativamente aguda. Descansa un poquito y ya estarás bien. O bien “sopórtalo”. Cuando la realidad es que tu desempeño puede mostrar síntomas muy sutiles de fatiga, mucho antes que uno se dé cuenta. Al producirse la fatiga, todos tenemos puntos de compensación. Bien nuestra actuación en total está muy cerca al máximo, pero empezamos a llegar a ese punto de formas ligeramente distintas. Pongan atención a un corredor de los 800 metros al final de la carrera: A fin de mantenersu velocidad en la fase de fatiga, empezará a mover su brazos con un rango de movimiento mayor, o tratará de levantar sus rodillas un poco más.

Ocurre lo mismo en el baloncesto. Al final del cuarto período, para poder correr por todo el tabloncillo, no correré de la misma forma en la cual lo hice en el primer cuarto. Someto mi cuerpo a rangos de movimiento ligeramente distintos, uso fibras musculares ligeramente diferentes. Puede que mi talón de Aquiles no funcione igual de bien en el cuarto periodo, así que a fin de saltar y llegar tendré que usar un poco más a mi cuádriceps o a los músculos de las pantorrillas a fin de generar el poder que necesito para ese rebote.

Con cada cambio, los riesgos de lesionarme aumentan, porque ya mi cuerpo no depende de la opción A para conseguir un objetivo. Ahora debe soportarse con las opciones C, D y E. Nuestras “últimas opciones” no están igual de bien entrenadas, por ende, son más susceptibles a fallar”.

OBVIAMENTE, SI QUIEREN SABER el estado de la salud de LeBron, hay que buscar a los entrenadores con los cuales ha trabajado. Sin embargo, LeBron es muy celoso con estas cosas. David Alexander, entrenador basado en Miami, el ex empleado de Tim Grover y actual miembro del staff de los Cavaliers, Mike Mancias, el ex Navy SEAL y analista del movimiento Donnie Raimon y el ex trainer de los Cavaliers, Max Benton, se negaron todos a comentar para este artículo. En consecuencia, no sabemos sus valores sanguíneos, tendencias de seguimiento óptico o medidas de fuerza. Hasta su peso preciso ha sido un secreto celosamente guardado.

Sin embargo, esto es lo que sabemos sobre LeBron: conocemos su itinerario de viajes. Frecuentemente, está volando a la 1 de la mañana, cruzando franjas horarias, durmiendo en asientos de aviones para despertarse a la mañana siguiente y practicar sus lanzamientos. Ahora, hemos entrado en el dominio de Cheri Mah, investigadora del UCSF Human Performance Center quien sirve de consejera a los atletas en el tema de los hábitos del sueño. De acuerdo a sus datos, afirma, los días del calendario de la NBA como lo conocemos hoy, están contados. “Deben hacer algo. No es sostenible al largo plazo si no manejan a estos atletas de forma inteligente. A cierto punto, habrán tantos choques que algo terrible va a ocurrir”.

El “choque” que ella indica es la colisión entre lo que sugiere la ciencia y lo que el calendario actual de la NBA exige de sus jugadores.

LeBron puede ser muy sofisticado como él desee, afirma Mah, con sus lujosas camionetas y otras “modalidades de recuperación”. No obstante, “no puede jugar totalmente con su necesidad de descanso. Sigue cruzando zonas horarias. No puede escapar de la necesidad de recuperación”. Los efectos son visibles a corto plazo y se seguirán acumulando con el tiempo. Como apunta Mah: “Mantente despierto por 17 horas y tu capacidad de reacción se afecta de una forma similar a los niveles de ebriedad legal”. Ella nos explica en Slack:

“La conclusión es esta: hay que recargar tus baterías a diario con varias formas de recuperación. Si apenas te recargas un 60 por ciento, tu combustible se va a agotar mucho más rápido que si recargas a diario por el 100 por ciento, especialmente en una temporada tan larga. En lo que respecta a LeBron, optaría por darle prioridad a un incremento de oportunidades de descanso con miras a los playoff a fin de maximizar sus chances de una carrera exitosa por el título. Sabemos que no están al 100 por ciento con este calendario. ¿Qué tan óptimo sería a todo su máximo potencial, con un descanso completo?”.

ES UNA ESCENOGRAFÍA SORPRENDENTE. 3 metros de alto por casi 7 de largo, tan azul que prácticamente brilla, y cubierta por logos que son íconos. Está guardada la mayor parte del año en las oficinas de la NBA en Secaucus, Nueva Jersey, en donde hay varias. Pero el 7 de abril, una semana antes de los playoff, el comisionado de la NBA, Adam Silver, se detiene ante esta versión en un salón de conferencias de Manhattan decorado con réplicas de reliquias de la arquitectura Beaux Arts. Mostrándose tan delgado y fatigado como siempre, en un traje a rayas y gafas con montura metálica, Silver se dirige a los medios luego de dos días de reuniones con el cuerpo colegiado más poderoso de la NBA y el único con poder suficiente para reducir la cantidad de partidos a fin de poder tener a LeBron y otras estrellas a condición plena antes de los playoff: la Junta de Gobernadores.

Antes de esa reunión, LeBron y sus compañeros de los Cavaliers habían participado en un encuentro de noche de sábado contra los Clippers, transmitido en Estados Unidos por la cadena ABC que empataría la cifra de peor índice de audiencia para un cotejo de NBA en una cadena de televisión por señal abierta. Cerca de esa ocasión, Silver envió a los dueños de equipos un memorándum que posteriormente se filtró, indicando que el descanso de los jugadores sería el tema de discusión en una próxima reunión.

No era secreto para nadie que LeBron era el centro de la conversación, pero Silver consigue no mencionar la palabra “LeBron” ni una vez, mientras trata de definir las tímidas ideas de los dueños de equipo con respecto al tema del descanso. Silver anuncia que los propietarios acuerdan que, si los jugadores deben recibir un descanso, sería mejor hacerlo con ellos en casa (con la lógica que las pérdidas en ventas de boletos y cerveza golpearían las finanzas del equipo con los descansos en pie) y que los equipos no deberían dar descanso a varios jugadores a la vez en un encuentro televisado a nivel nacional. Silver reitera que el calendario de la próxima campaña, con una pretemporada reducida y una semana extra de juegos regulares para reducir la concentración de fechas, podría ayudar.

Dijo igualmente que los propietarios no consideraban reducir la cantidad total de cotejos.

El caminar en la cuerda floja es difícil. Silver trata de hacer un acto complicado de equilibrismo. Debe vender los pequeños cambios que hace la NBA y dejar abierta la idea que la liga podría hacer cambios importantes en el futuro, ideas ambas que hacen concesiones a los conceptos científicos que están surgiendo en la actualidad, mientras intenta hacer creíble el concepto que el calendario hoy en día es razonable y no refutable por las investigaciones en pie. Todo esto ocurre a pesar que la NBA tiene en su nómina a un grupo comandado por el estadístico Jason Rosenfeld, entrenado en Harvard, que lleva tres años estudiando datos con respecto al tema del descanso y las lesiones. Fuera de la NBA, existe un consenso fácil de obtener entre los científicos con respecto a la noción que pocos atletas (si es que existe alguno) pueden actuar al alto nivel que el calendario de la liga exige a LeBron. La NBA no ha presentado doctores, u otros expertos, que pública o privadamente opinen que el actual calendario sea óptimo.

Silver usa la frase “asunto complejo” en tres ocasiones. Cuando se le pregunta si piensa que sería bueno para la NBA si LeBron y otras superestrellas jugasen menos minutos, como hacen las estrellas de los Spurs, ofrece muy poca claridad: “Muchos de nuestros entrenadores han apuntado que, si bien es decepcionante para cualquier aficionado en una noche en la cual se da descanso a un jugador, igual pienso que si llegamos a un punto en el cual todos aceptamos los datos científicos y médicos que respaldan la idea de verdadero descanso a fin de mejorar el desempeño y prolongar carreras y reducir lesiones, creo que todos debemos concordar en que sí hay sentido en ciertos puntos de la temporada en dar descanso a los jugadores”. Pero, aquí viene la parte difícil: “Quien nos esté escuchando, por favor envíen sus informes científicos a las oficinas de la Liga. Realmente estamos tratando de entender esto mejor”.

En otras palabras: Quizás LeBron deba esperar el resto de su carrera a fin que los dueños de equipo cambien la forma en la cual su deporte está estructurado a fin que lo salve de su propio espíritu competitivo.

LEBRON JAMES DICE FRECUENTEMENTE QUE “ni siquiera se supone que debería estar aquí”, un guiño a la casi imposible probabilidad que un niño pobre de un padre soltero y nómada desde y hacia Akron, Ohio, se convertiría en un hombre rico, con cientos de millones de dólares en su haber. Ha aprendido a volar impulsado por un extraordinario impulso competitivo. Sería una locura pensar que una persona así se convertiría en un líder global para la causa del descanso.

El entrenador que pudo haberlo puesto en condición tope en abril al haberle dado mayor tiempo de descanso quizás no tenga suficiente voluntad para hacerlo. Los dueños de equipo que podrían hacer un calendario considerando los límites de la condición humana no tienen la convicción suficiente para darle un respiro a un hombre que es tan bueno para mantener sus índices de audiencia en televisión y, en consecuencia, darle la rentabilidad que mantiene a la Liga en pie.

Aquí estamos entonces, con un LeBron sobrecargado, con poco sueño y muchos viajes de por medio, enfrentando una postemporada. James es víctima de su increíble popularidad. Fue tan bueno convirtiéndose en el mejor jugador de baloncesto del mundo que, quizás esta temporada, o una no muy lejana, lo evitable será ineludible: Habrá agotado su super humanidad, tan afectado por la fatiga que ya no será más el mejor jugador de baloncesto del mundo.

Es entonces cuando le damos a última palabra a Magness, en nuestra búsqueda de claridad en un asunto que, por siempre, se esconderá de la luz:

“La NBA, y la mayoría de los deportes profesionales, consisten en darlo todo por el todo y arriesgar la vida. Se trata de esperar y orar a fin que el deportista tenga la capacidad suficiente para llegar a la línea de meta sin chocar contra un muro… Pero todos tenemos un punto de quiebre”.

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