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Conor McGregor salió de la Arena MGM Grand Garden portando lentes de sol, un moño y otro ostentoso traje, para pasar una noche en Las Vegas y celebrar haber conseguido su nuevo título de la UFC muy a su inimitable estilo.

“Por el momento, yo tengo el mando de este deporte”, dijo McGregor.
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Ha quedado claro que el deporte de las artes marciales mixtas necesita de éste parlanchín irlandés de peso pluma tanto como él necesita que ese brillante cinturón de campeonato forme parte de su guardarropa.

La UFC comprende que hay algo especial en McGregor, quien dramáticamente ganó el título interino de 145 libras el sábado por la noche al vencer a Chad Mendes en los últimos segundos del segundo round.

Justo cuando la promoción necesitaba de una carismática nueva estrella, McGregor se ha convertido en la celebridad más reconocida de la UFC, y un puente para los nuevos mercados de las artes marciales mixtas en Europa y en otros lugares del mundo. Su ágil ingenio y su gusto por la teatralidad del deporte lo convierten en una personalidad aún más irresistible —y su próxima pelea contra el lesionado campeón, José Aldo, se postula, posiblemente, como el evento más lucrativo en la historia de este deporte.

“Es un deporte de locura, y ustedes lo saben, lo adoro en lo absoluto”, dijo McGregor. “Adoro este trabajo. Adoro este deporte. Adoro el momento en el que estoy ahora. Me siento muy feliz de haberme quedado con el cinturón. No importa que haya sido contra José o contra Chad. Este es mi cinturón, esta fue mi noche”.

La victoria de McGregor cerró una electrificada noche de peleas de paga-por-ver, incluyendo un espectacular y sangriento combate por el título de peso welter en el que resultó victorioso Robbie Lawler. El presidente de la UFC, Dana White estaba muy emocionado después del show, refiriéndose al mismo de ser más grande que el destacado evento de la UFC 100 en el 2009.

White dijo que el show impuso un récord estadounidense con una recaudación en la entrada de 7.2 millones de dólares de parte de 16 mil 19 aficionados en la ciudad de residencia de la UFC. White también se mostró cautelosamente optimista de las más de un millón de compras de paga-por-ver, lo cual pondrá a la UFC 189 entre los eventos de mayores ventas en la historia de la promoción deportiva.

Y eso sin contar al público que asistió al pesaje, donde una ruidosa multitud de unos 11 mil 500 asistentes se presentaron para ver a McGregor gritar cuando se subió a la báscula.

El fin de semana entero es un gran logro para McGregor, la incuestionable atracción principal de un importante evento de paga-por-ver en lo que es apenas su sexta pelea de la UFC. Su carrera entera no tiene precedentes para un luchador de las clases de pesos más ligeros — y apenas está comenzando, tal como él mismo lo confirma.

“Tengo todos los récords en este momento, y al final del día, aún tengo sólo 26 años de edad”, dijo McGregor. “Aún soy muy joven en este deporte”.

Incluso McGregor sintió algo de fastidio de escuchar su propia voz durante las semanas anteriores a la UFC 189. Aunque su acelerado éxito se debe en parte a sus habilidades para auto-promoverse, la constante atención de los medios llegó a cansarlo —hasta cierto punto, al menos.

“Es terriblemente difícil”, confesó. “Hay momentos en los que digo: ‘Ya no voy a hacer esto de nuevo’. Pero luego me entregan el cheque y pienso: ‘Bueno, está bien, lo haré una vez más”.

Con Jon Jones suspendido y varias divisiones carentes de un campeón brillante, el evento de UFC 189 deja a McGregor como quizá la mayor estrella de la MMA en la rama varonil.

AP

Es McGregor la nueva estrella de UFC