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El programa espacial de la NASA, en el que las empresas privadas tienen ya un papel protagonista, sufrió ayer un serio revés con la explosión del cohete Antares que transportaba el carguero Cygnus, de la compañía Orbital Sciences Corporation, con suministros para la Estación Espacial Internacional (ISS). Se trata de una nave no tripulada, por lo que no ha habido víctimas. Tampoco se registraron heridos entre el personal del Centro de Vuelo Wallops de la NASA, en Virginia.

De momento la compañía no ha informado de la causa del accidente y a través de su vicepresidente, el ex astronauta de la NASA Frank Culbertson, ha señalado que han puesto en marcha «una investigación para determinar la causa de este fallo y qué pasos pueden darse para evitar que se repita».

El presidente de la compañía, David W. Thompson, celebró el miércoles un encuentro con analistas e inversores para discutir las consecuencias del accidente.

Por su parte, Kuznetsov, el fabricante ruso del motor NK-33 en el que EEUU se basó para el AJ-26 que llevaba el cohete Antares siniestrado, se apresuró a recordar que los americanos han realizado modificaciones, rechazando tener cualquier responsabilidad en el accidente, según informa la agencia Tass.

Despegue pospuesto

El despegue, previsto inicialmente para el lunes, se pospuso un día después de que el radar de un avión patrulla detectara un barco de ocho metros en la zona de seguridad establecida, al suroeste de la plataforma de lanzamiento. Según informó la NASA, pese a que el avión intentó contactar con los tripulantes del barco, que navegaba muy despacio, a una velocidad de cuatro nudos (siete km/hora), no respondieron.

Eran las 18.22 del martes (hora local, 23.22 horas en España) cuando una inmensa bola de fuego iluminó la costa este de EEUU. Desde la tragedia del transbordador Columbia, en 2003, en la que siete astronautas murieron cuando la nave realizaba la reentrada en la atmósfera, ningún vehículo espacial había vuelto a hacer explosión en suelo estadounidense.

Fue precisamente la decisión que Barack Obama tomó en 2010 de jubilar la flota de transbordadores (shuttle) para construir otra nave la que propició que las empresas privadas desempeñaran un papel más activo. El mensaje del Gobierno de EEUU era que, siempre bajo la supervisión de la NASA, la industria privada sería capaz de realizar lanzamientos para su programa espacial a precios más competitivos.

Aunque comenzó dejando en sus manos el envío de cargueros no tripulados con suministros a la ISS, la agencia espacial de EEUU también va a confiar a las empresas privadas el transporte de sus astronautas. El pasado septiembre, anunció que Space X y Boeing eran las ganadoras de los multimillonarios contratos para construir naves espaciales tripuladas aunque, al menos hasta 2017, la NASA seguirá dependiendo de las naves rusas Soyuz. Asimismo la NASA está desarrollando su propio vehículo espacial, la cápsula Orion.

Space X y Orbital Sciences son las empresas subcontratadas por la NASA que están realizando los envíos de cargueros con suministros a la ISS. Hasta el martes, todas las misiones habían transcurrido con éxito. Orbital Sciences había puesto ya en órbita este año dos naves, mientras que desde 2012 Space X ha mandando cuatro cargueros Dragon.

Respaldo de la NASA
Tras el accidente, la NASA se ha apresurado a respaldar a Orbital Sciences. En un comunicado, William Gerstenmaier, uno de los responsables del programa de vuelos tripulados, aseguraba que esta empresa ha demostrado «sus extraordinarias capacidades» durante sus dos primeras misiones a la ISS este año: «Sabemos que puede repetir esos éxitos. Lanzar cohetes es una tarea increíblemente difícil, y aprendemos lecciones de cada éxito y de cada revés».

Gerstenmaier sugiere también que no cambiarán sus planes: «Este intento de lanzamiento no nos impedirá seguir trabajando para ampliar nuestra ya exitosa capacidad de lanzar cargueros desde las costas de EEUU a la ISS». Asimismo, subrayaba que la tripulación de la Estación Espacial, que en la actualidad está compuesta por seis astronautas, no corre peligro de quedarse sin comida u otros suministros básicos debido «a este contratiempo». De hecho, como estaba previsto, el miércoles llegó a la ISS un carguero ruso Progress cargado con 2.500 kilogramos de alimentos, combustible y suministros.

El contrato de Orbital Sciences con la NASA para llevar suministros a la ISS asciende a 1.900 millones de dólares y comprende ocho misiones, que se llevarán a cabo durante el periodo 2014-2016.

El carguero Cygnus transportaba 2.300 kilogramos de carga y material científico, como un equipo para realizar las primeras observaciones de meteoros entrando en la atmósfera terrestre o diversos experimentos para estudiar el crecimiento de plantas o los efectos que la ausencia de gravedad causa en el cerebro y el corazón

Golpe a la ‘privatización’ del espacio

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