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Hagamos todo lo posible para prevenir el suicidio

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Mañana sábado termina la Semana Nacional para la Prevención del Suicidio.  Quisiera dedicar este espacio hoy a una consideración de este tema tan triste, que afecta a tantas familias.  Según la Organización Panamericana de la Salud, mueren más personas anualmente a causa del suicidio que las que mueren por homicidio, las guerras y el terrorismo, sumados.  Sin embargo, no dejamos de hablar de esas tres fuentes de tragedias (y en particular en este momento, no podemos dejar de trabajar y orar por la paz en el mundo y en nuestras ciudades), pero nos da miedo hablar del suicidio.  Esta semana se nos pide hablar de él, para poder prevenirlo.

Primero, es importante, si escribo desde la perspectiva de la Iglesia Católica, aclarar su enseñanza en esta materia.  Esto es importante, ya que gran parte de la razón por la cual nos da miedo a nosotros los hispanos de tocar este tema, es por el temor al estigma que suponemos que la Iglesia le ha puesto.  Según el Catecismo de la Iglesia Católica, “El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo” (#2281).  Sin embargo, reconociendo que la persona que deliberada y libremente toma su vida está cometiendo un grave delito, sobre todo, como dice el Catecismo, si lo hace con intención de dar un ejemplo a los demás, la Iglesia reconoce que hay muchos factores que pueden disminuir la responsabilidad moral de la persona suicida.  Continúa el Catecismo: “Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida” (#2282).
Es por esto que la Iglesia, sin cambiar la enseñanza moral sobre el suicidio, puede pedirnos rezar, llenos de esperanza, por la persona que se ha tomado la vida.  Pedimos que hayan experimentado la gracia del arrepentimiento y que puedan gozar de la dicha del cielo.  Por esta misma razón, se permite hoy en día la celebración de las exequias (Misa y entierro) por el suicida, confiando en un Dios misericordioso.
Habiendo aclarando estos puntos, podemos considerar qué podemos hacer para evitar el suicidio.  Una cosa que podemos hacer es informarnos más sobre el tema.  Hay muchas páginas web que contienen información y recursos sobre el suicidio.  No creo que sea cuestión de recoger muchos conocimientos y hacernos todos expertos, sino de concientizarnos, para poder ayudar a la persona en riesgo, y también a los que han sufrido por causa del suicidio de un ser querido.
Quisiera enfatizar un punto central, que estoy convencido ayudaría mucho, sobre todo en las situaciones de nuestros jóvenes que podrían ser víctimas del suicidio.  Todos necesitamos la privacidad, de un espacio donde podemos estar y pensar sin presión externa.  Sin embargo, es esencial que ese lugar de la privacidad no se convierta en una fortaleza impregnable.
Un reto que yo les pondría a todos los padres e hijos sería éste: dense permiso, los unos a los otros, a meterse en sus vidas.  Que nunca se oiga, en ningunos de nuestros hogares, “¡Mi vida no es cuestión tuya!”  Y si a los hijos les fastidia un poco que los padres se metan en sus vidas, que se fastidien. A los padres no les toca ser amigos de sus hijos, sino sus padres.

A la misma vez, para que las líneas de comunicación se puedan mantener abiertas, hace falta que haya siempre mucho respeto mutuo y mucho cariño.  A la vez que es importante siempre ser honestos y decir la verdad, aparecer duro o crítico puede cerrar la comunicación enseguida.  A la base tiene que estar el amor, un amor que se exprese constantemente, y que diga siempre, tú eres mi hijo, mi hermano, mi amigo, pase lo que pase.

Ocultando la verdad nunca se solucionan los problemas.  El Señor Jesús siempre fue directo al lidiar con los pecados y las injusticias de su tiempo, y nos pide a nosotros lo mismo.  Que esta apertura, en ocasión de esta Semana Nacional para la Prevención del Suicidio, nos ayude a escuchar mejor, amar más y ayudar a todo aquél que necesite ayuda, que la busque antes de que sea demasiado tarde

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