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La buena nueva del Reino de Dios

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La buena nueva del Reino de Dios y la buena nueva de la vocación

Como siempre ven al leer este artículo, desde julio del año pasado yo soy miembro de la facultad del Seminario Regional de San Vicente de Paúl, en Boynton Beach. Como tal, el tema de vocaciones sacerdotales y religiosas, que siempre ha sido sumamente importante para mí, tiene que tener una importancia particular en mi ministerio. Siendo así, las lecturas para este próximo domingo, en particular el Evangelio (Mateo 4, 12-23) nos ofrecen mucho para considerar sobre cómo nos llama Jesús a todos, y cómo entender el llamado particular a seguirlo como sacerdote o religioso o religiosa.

Vemos primero el centro de la misión de Jesús, el anuncio del Reino de Dios: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos” (Mateo 4, 17). Leemos al final del pasaje: “Andaba… proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia” (Mateo 4, 23). Un tema que ha sido clave en el primer año del pontificado del Papa Francisco, como fue también – aunque muchos no lo hayan reconocido – en el del Papa Benedicto XVI, es que el llamado a la conversión que hacemos como Iglesia no es algo que se puede ver de una manera aislada. La Iglesia sí dice, “conviértanse”, pero lo dice porque tiene algo que anunciar que es tan bueno, que merece la pena un cambio total de vida para poderlo recibir, “la buena nueva del Reino de Dios”.

El primer aspecto de la vocación, entonces, es el llamado a cada persona a compartir algo bueno, que tenemos que y que sabemos que será causa de verdadero gozo para ellos, “la buena nueva del Reino de Dios”. Jesús mostraba que era buena nueva, con sus milagros de curación. A los cristianos nos toca ser anunciadores de este Evangelio (“Evangelio” quiere decir “buena nueva”), mostrando cómo es que nos ha transformado la vida a nosotros conocer a Jesús, cómo es que Él nos ha curado y tocado a nosotros.

Entre aquéllos que han sido llamados a conocer a Jesús, a algunos Él los llama a seguirlo tan de cerca que llegarán a ser “pescadores de hombres”. Es fascinante el llamado de los primeros cuatro discípulos, como lo cuenta San Mateo. Simón Pedro y Andrés, Santiago y Juan – todos estaban en sus barcas, ocupándose de sus quehaceres como pescadores. Leemos: “Jesús les dijo: ‘Síganme y los haré pescadores de hombres’. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron” (Mateo 4, 19).

Nos es muy difícil saber por qué respondieron con tanta facilidad – “inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron” – estos primeros seguidores de Jesús. Sin embargo, este pasaje nos invita a tomar en serio que el Señor, que nos llama a todos a seguirlo de tal forma que estemos dispuestos a cambiar nuestra vida totalmente, dejando el pecado a un lado para poder participar en la alegría del Reino de Dios, llama a algunos a tomar parte en su misión de una forma tan completa que tienen que dejarlo todo – “Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron” (Mateo 4, 22).

La tarea vocacional que tenemos como Iglesia, una que le compete en particular a los sacerdotes y las religiosas y los religiosos, pero además de una manera muy especial a los padres y las madres de familia, es ayudar a nuestros jóvenes a estar abiertos a este tipo de llamado, igual que es sumamente importante, sobre todo en el mundo de hoy, a poder vivir, si es ése el llamado de Dios para ellos, a vivir buenos y santos matrimonios. Lo que hace difícil esta colaboración con Dios en la vocación de los hijos es que nos cuesta creer que es algo bueno para ellos darse totalmente a Dios. Nos puede parecer como mala noticia, y no buena nueva, si un hijo nos dice que quiere ser sacerdote o una hija que quiere ser religiosa. Sin embargo, ¿qué podría ser mejor noticia, que saber que un hijo o una hija ha sido llamado a ser anunciador de la Buena Nueva, el Evangelio?

El Evangelio del Reino de Dios es buena nueva para todos nosotros. Es buena nueva que implica el cambio de vida para poder participar en el Reino. Es también buena nueva si somos llamados o si nuestros hijos son llamados a ser sus anunciadores, a ser “pescadores de hombres”.

Pasaje sugerido de la Palabra de Dios – Mateo 4, 17: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.

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