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Todo iba bien hasta que lanzaron la primera bomba de gas lacrimógeno.

El paro nacional convocado ayer, Día Internacional de los Trabajadores, en las inmediaciones de la Milla de Oro, en Hato Rey, fue catalogado como “un éxito rotundo” por sus organizadores. No era para menos: miles de personas llegaron hasta el edificio Seaborne, donde ubican las oficinas de la Junta de Supervisión Fiscal  y disfrutaron de actos artísticos y mensajes de apoyo a la lucha, como el de René Pérez Joglar.

Las marchas partieron de cinco puntos: la Universidad de Puerto Rico, Departamento del Trabajo y Recursos Humanos, el Coliseo de Puerto Rico, estadio Hiram Bithorn, y Plaza Las Américas por la avenida Chardón. Llegaron ordenadamente hasta que coparon al límite el espacio frente a la tarima y sus alrededores.
El ambiente era de verbena cuando, por la avenida Muñoz Rivera, se pudo ver una escaramuza entre agentes de la División de Operaciones Tácticas y los manifestantes. Una bomba lacrimógena estalló hacia el grupo de ciudadanos y comenzaron los empujones, los lanzamientos de botellas de agua y los gritos. Varios periodistas y participantes resultaron afectados con los químicos.

Una delegación de líderes de sindicatos, entre ellos Pedro Irene Maymí, de la Unión Independiente Auténtica de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, fueron a negociar la salida de la Policía pero, según explicó a Primera Hora, los recibieron a macanazos.

“A mí me dieron… a todos, realmente”, narró. “Estamos bien, pero eso era completamente innecesario y definitivamente se violaron todos los acuerdos a los que llegamos con la superintendente (Michelle Hernández)”, denunció.

El incidente dejó un sabor agrio entre la multitud y, desde la tarima llamaban a la calma. “¡Eso es solo provocación, no se dejen intimidar!”, decía una de las organizadoras, tratando de que la atención volviera a los artistas y bajaran los ánimos.

No funcionó. A eso de las 2:00 p.m., cuando culminaron las presentaciones sucedió lo inesperado: se oyó una explosión.

Era un cherry bomb que lanzó un grupo de jóvenes hacia el edificio del Banco Popular. De ahí pasaron a romper vitrinas y lanzar cualquier objeto que tuvieran a su alcance, entre ellos palos, piedras, cocos y hasta patinetas. Se ensañaron de tal manera con la estructura que la vandalizaron con graffiti e intentaron  destruirla a pedradas. La cosa se salió de control a tal nivel que hasta trataron de prender un fuego a través de los cristales destrozados.

La Policía avanzó, y se armó el pandemónium. El intercambio de piedras, botellas de agua y bombas lacrimógenas -que algunos manifestantes recogían del suelo y lanzaban de vuelta- obligó a la gente a huir, en medio de ataques de tos, llanto y desesperación.

“¡Eso es un acto criminal!”, gritaban algunos  que trataban de detener a los grupos violentos. “¡No vinimos aquí para esto!”. El llamado cayó en oídos sordos.

Aquello fue un aguacero de proyectiles de parte y parte y de bombas lacrimógenas. El humo asfixiante llevaba a los manifestantes por distintas calles para encontrarse con otro contingente de agentes, que los fueron rodeando de a poco, intentando someterlos a la obediencia.

Los actos violentos duraron cerca de dos horas, con breves pausas para buscar más piedras o interponer barreras para cerrarle el paso a la Policía.

Los jóvenes se acompañaban de panderos, consignas y banderas, además de escudos de madera con la monoestrellada de luto. Muchos se cubrían el rostro con pañuelos y gafas de sol, y no faltó quien les pidiera a los policías que se unieran a ellos. “¡Ustedes también son el pueblo, únanse!”, los invitaban. Una joven llegó a abrazar a un agente.
Finalmente, los manifestantes fueron acorralados por diversos contingentes y, tras negociaciones, se les permitió marchar por  la Avenida Roosevelt, hacia la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras.

A su paso, quedó una estela de botellas vacías y peñones que usaron de barricadas, y, a lo lejos, se seguía oyendo la consigna: “¡No vamos a parar! ¡No vamos a parar!”

Levantan dudas sobre  actos violentos

La licenciada Taína Moscoso Arabía, del comité negociador del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico, aseguró que un grupo de personas que se  mezcló con los estudiantes de la UPR, fue el protagonista  de los actos vandálicos en la Milla de Oro.

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