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El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Mohammad Javad Zarif, se entrevistó ayer en Pekín con su par chino, Wang Yi, en una gira que lo conducirá también a Moscú y Bruselas. El objetivo es salvar el acuerdo nuclear que acaba de abandonar Estados Unidos y de proteger los intereses económicos de su país.

China es una de las seis potencias junto con Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña y Alemania que firmaron en 2015 un acuerdo histórico con Irán , por el cual levantaban las sanciones contra el país asiático a cambio del compromiso de Teherán de no dotarse de armas nucleares. Después de la decisión de Trump de sacar a Estados Unidos del acuerdo y de restablecer las sanciones, “la razón crucial del viaje es entablar el diálogo con las naciones que siguen formando parte del acuerdo”, declaró Zarif.

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“Esperamos que con esta visita a China y otros países seamos capaces de construir un marco futuro claro para el acuerdo exhaustivo” firmado en 2015, dijo el ministro de Relaciones Exteriores iraní.

Después de Pekín, Zarif viajará a Moscú y a Bruselas, donde se reunirá con sus homólogos francés, alemán y británico, así como con la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini.

Pekín, que había lamentado la decisión estadounidense sobre el acuerdo nuclear, aseguró ayer que quería “mantener el contacto con todas las partes”. “Estoy convencido de que las visitas a distintos países mejorarán la comprensión que tienen esos países, incluida China, de la postura iraní”, declaró Wang Yi.

Como primer socio económico de Irán, Pekín le otorgó líneas de crédito y financiamiento masivo para infraestructuras, un apoyo crucial para compensar el impacto de las sanciones estadounidenses.

El viernes, Zarif había tuiteado un comunicado del gobierno iraní condenando “la administración extremista” de Trump y reafirmó que Teherán se preparaba para retomar “el enriquecimiento industrial” de uranio “sin ninguna restricción”, a menos que Europa ofrezca garantías sólidas de mantener relaciones comerciales con Irán.

“Irán tiene la oportunidad de mostrar al mundo por primera vez que no es una nación del mal, que ha negociado de buena fe y respetado sus compromisos”, opina Karim Emile Bitar, del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas.

En Teherán, los diplomáticos europeos critican la retirada estadounidense. Apuntan que podría socavar años de minucioso trabajo para recomponer los vínculos comerciales y diplomáticos con la república islámica.

Por su parte, el presidente iraní, Hassan Rouhani, dijo ayer que Teherán seguirá comprometido con el acuerdo nuclear siempre y cuando se protejan sus intereses.

El retiro de Washington del acuerdo fue una “violación de la moral”, dijo Rouhani. “Si los cinco países restantes siguen acatando el acuerdo, Irán seguirá dentro del acuerdo a pesar de la voluntad de Estados Unidos”, agregó.

La decisión de Trump, además de molestar a los aliados europeos de Washington, generó incertidumbre sobre el suministro mundial de petróleo y elevó el riesgo de conflicto en Medio Oriente.

También ha subrayado las divisiones en el seno de la elite política de Irán. Los ultraconservadores iraníes se movilizan contra los esfuerzos del gobierno para salvar el acuerdo. El sábado se publicó una foto en el perfil de Instagram del guía supremo, el ayatollah Ali Khamenei, donde se lo ve hojeando la traducción en persa de Fuego y furia, el libro de Michael Wolff que critica duramente a Trump.

Agencias AFP y Reuters