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El discurso más motivacional no tiene la menor oportunidad de motivar si aquellos que lo escuchan, no son “motivables”. El planteamiento más compasivo no tiene la más mínima oportunidad de funcionar entre aquellos que no conocen ni practican la compasión. El egoísmo humano es el peor enemigo del bienestar común.

La deshumanización social que viene permeando nuestra democracia es en parte causada por nuestra falta de motivación y compasión, productos de nuestro egoísmo.

Escuché el otro día a un señor doctor en medicina comentarle a una paciente mayor de 55 años que el Obamacare “la obligaba a ella a costear el tratamiento pre-natal y los costos hospitalarios de un parto”, cuando ya ella había pasado la edad reproductiva y no necesitaba ya dichos servicios. La señora, sin analizar las consecuencias de lo escuchado, estuvo de acuerdo con el proponente y se unió al coro de los que rechazan una ley cuyo único propósito es el de brindarle acceso al ciudadano común a los servicios de salud que ofrece, o debiera ofrecer, el médico que hizo el comentario negativo.

En términos de análisis, si la receptora del comentario hubiese meditado en lo propuesto por el médico, motivada por un sentido de compasión, dejando a un lado su egoísmo, hubiese podido contestar: “Doctor, si bien es cierto que yo ya sobrepasé la edad reproductiva, quién hoy necesita esos servicios puede ser mi hija, o mi sobrina, o la hija suya… y yo estoy preparada para asumir esa responsabilidad social en favor del semejante”.

El plan de salud va más allá: no permite que las compañías aseguradoras puedan rechazar a nadie (como lo hacían en el pasado) por condiciones pre-existentes. La misma hija de la señora a quién el doctor le hizo el comentario anterior podría contestarle: “Doctor, mi mamá ayuda a costear mis necesidades natales y yo ayudo a costear su condición pre-existente o, Dios no lo quiera, cualquier condición o enfermedad catastrófica que pueda tener que enfrentar.

Todos tenemos que compartir la motivación y la compasión que nuestra responsabilidad ciudadana exige a la hora de participar en los costos de nuestra salud nacional. La madre y el padre ayudan a costear las necesidades de los más jóvenes mientras que los jóvenes ayudan a enfrentar los costos del cuidado médico de los que tienen condiciones pre-existentes o catastróficas.

Como referencia histórica les comparto que esos mismos principios fueron los que propuso el presidente Franklin Delano Roosevelt cuando propuso que, con la contribución de los jóvenes, le podríamos dar a los viejos la oportunidad de un retiro digno. Nuestros jóvenes se motivaron, se comprometieron con sus padres y sus abuelos y, echando a un lado su egoísmo, crearon el más importante sistema de justicia social de nuestra nación: el Seguro Social.

Ahora, con los mismos compromisos, la misma motivación y echando a un lado nuestro egoísmo; hagámosle justicia a cada semejante apoyando el concepto de que cada uno de nosotros tenga acceso a los servicios de salud que necesite. El registro ya sobrepasa los tres millones.

¡Que los jóvenes se pongan de pié!

La Motivación

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