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La quiniela de los altos cargos de Donald Trump: financieros, petroleros y millonarios

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Trump ha vendido su campaña como la lucha del hombre normal, de la persona de la calle, sin las conexiones políticas que son de rigor en un sistema político “corrupto” como el de Estados Unidos. El suyo ha sido un combate contra “el establishment [lo que en España llamaríamos la casta], que se juega billones de dólares en estas elecciones” y contra “una estructura de poder global”. O, al menos, eso decía en el último anuncio televisado de su campaña, que parecía más de Podemos o Syriza que la campaña de un multimillonario del juego, los casinos, y los concursos de misses.

Así que, ¿a quién va a nombrar Donald Trump para los puestos claves de su gabinete? En función de lo anterior, cabe esperar que llegue a Washington, por fin, el hombre de la calle, para combatir a los banqueros corruptos y a los millonarios que usan sus conexiones políticas “para sacar hasta la última gota de nuestro país”.

Pues no. Los candidatos de Trump a los diferentes puestos claves de su gabinete son una colección financieros, petroleros que se verán beneficiados por las políticas del empresario, y ex políticos que llevan años usando sus influencias para lograr negocios en la industria privada. Por estar, está representado hasta Goldman Sachs.

Ésta es la quiniela de los altos cargos de Trump:

Secretario de Estado
El presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Bob Corker, es un ‘duro’ en política exterior, y el rey de la Bolsa, lo que le ha valido acusaciones de usar información privilegiada.

Corker ha llevado a cabo cientos de operaciones a corto plazo en Bolsa, en las que compraba millones de dólares de acciones de una empresa y los vendía pocos días después. Y, casi siempre, ganando. Cómo fue capaz Corker, por ejemplo, de hacer entre 2010 y 2012 un total de 12 operaciones con la promotora inmobiliaria de Tennessee CBL y ganar en nueve de ellas es un misterio que a todo inversor le gustaría saber. Corker no declaró varias de esas transacciones al público, como exige el Senado. Cuando el diario The Wall Street Journal las destapó, pidió perdón por su “error”.

Corker no es el único candidato al cargo, aunque parece ser el que tiene más posibilidades. También está Newt Gingrich, otro viejo conocido de Washington, que fue presidente de la Cámara de Representantes de 1994 a 1998, antes de pasar al mundo de la consultoría a empresas de sectores regulados por el Estado, como las aseguradoras médicas y los gigantes especializados en compra de hipotecas Fannie Mae y Freddie Mac, nacionalizados por George W. Bush en 2008. El tercero en discordia es John Bolton, ex embajador de EEUU ante la ONU y firme defensor del cambio de régimen en Irán.

Secretario del Tesoro
Nada mejor para un populista de derechas que quiere acabar con la corrupción que poner en el Tesoro a un ex banquero de Goldman Sachs, el banco al que muchos de sus seguidores atribuyen propiedades diabólicas, y que, encima, ha trabajado con George Soros. Pero Trump es así.

Steven Mnuchin ha sido el director financiero de la campaña de Trump, y parece tener casi todas las papeletas para ser secretario del Tesoro, un cargo al frente del cual se encargará de desmontar gran parte de las regulaciones de Wall Street impuestas tras la crisis de las hipotecas basura.

La CNBC también ha especulado que Jamie Dimon, jefe ejecutivo de JP Morgan Chase & Co, podría ser el nuevo secretario del Tesoro, según Reuters.

Secretario de Defensa
Un candidato es el senador Jeff Sessions, de Alabama, uno de los primeros que le apoyaron en los momentos en los que el Partido Republicano le trataba como a un ser exótico sin ninguna posibilidad de ganar nada. Según la clasificación que elabora la respetada revista National Journal, Sessions es el quinto senador más conservador de los 100 que forman esa cámara.

Otro posible candidato es el teniente general Mike Flynn, ex director de la Agencia Nacional de Inteligencia (DIA, según sus siglas en inglés), que es la principal organización de espionaje militar. Según el diario Politico, Flynn podría quedarse con el cargo de consejero de Seguridad Nacional

Secretario de Energía
Harold Hamm, o sea, el rey del fracking. Hamm tiene una fortuna estimada en 13.800 millones de dólares (12.500 millones de euros) gracias a su empresa Continental Resources, que explota petróleo sobre todo en Dakota del Norte por medio del controvertido método de la fracturación hidráulica. Hamm tendrá mucho que ganar con la eliminación de las restricciones a la explotación de petróleo y gas natural que Donald Trump va a poner en marcha.

Secretario de Comercio
En este caso, del acero, que es, precisamente, uno de los sectores en los que Donald Trump quiere imponer aranceles para frenar las importaciones chinas. Y ahí es donde aparece Dan DiMicco, el ex consejero delegado de Nucor, la mayor siderúrgica estadounidense y un crítico durísimo del presunto dumping (venta a un precio inferior al que cuesta producir) de China. DiMicco es una de las personas que más han hecho por convencer -con éxito- a Trump de que el libre comercio debe ser regulado.

Su principal rival por el cargo es Wilbur Ross, un financiero al que se le estima una fortuna de 2.900 millones de dólares (2.600 millones de euros), y que hizo parte de su fortuna en otra empresa que a muchos votantes de Trump le parece un monstruo que controla el mundo: Banca Rothschild. Según la BBC, su especialidad es comprar empresas en quiebra y liquidarlas. También tiene intereses en el sector del carbón, por si algún ecologista todavía tenía alguna esperanza en Trump.

Fiscal general
Es un cargo que podría irle como anillo al dedo al ex alcalde de Nueva York entre 1991 y 1994, Rudi Giuliani, que también es el principal socio de Giuliani Partners, una empresa que, entre otras cosas, se ha encargado de parte de las medidas deseguridad de los Juegos Olímpicos de Río y de asesorar al Gobierno mexicano en temas de orden público y lucha contra el narcotráfico.

El gobernador de New Jersey, Chris Christie, es su principal rival por el cargo.Claro que primero Christie tendrá que aguantar sin dimitir por el escándalo del puentegate (bridgegate): una alucinante ‘vendetta’ política en ese estado en 2013, cuando el equipo de Christie cerró el puente de George Washington que conecta a Nueva Jersey con Manhattan y provocó un atasco de dimensiones siderales solo para vengarse del alcalde del pueblo de Fort Lee por no haberle apoyado en su campaña.

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