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Me llamó la atención el artículo publicado en El Nuevo Diario hace poco por el señor Danilo Salamanca: La religiosidad de los ateos. Más aún al revelarnos que es ateo. Yo me pregunté: ¿Acaso los ateos tienen religión para hablar de religiosidad? Después de analizarlo llegué a una conclusión: Sí; los ateos tienen religión.

Religión es “el conjunto de creencias acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y respeto hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social, oraciones y culto”. Los ateos no tienen sentimientos de veneración y respeto hacia la divinidad, pues no creen que exista, ni practican oraciones ni culto. Pero sí tienen “creencias acerca de la divinidad” y “normas morales para la conducta individual y social”. Ambos son elementos de la religión.

Así como unos creemos que Dios existe; los ateos tienen su propia creencia de que no existe. Ambos “creemos”, unos que sí y otros que no existe, pero en ambos casos son actos de fe. Nadie puede probar mediante métodos científicos que Dios existe; pero tampoco pueden probar que no existe. Al final, en ambos casos hay un “acto de fe”. Y estos son actos religiosos, pues se refieren a lo que creemos sobre lo divino, sea positiva o negativamente.

Los agnósticos creen solo en lo que pueden comprobar y no aceptan ni niegan lo que no pueden comprobar. Pero participan de otro elemento de la religión, que es el vinculado con la ética. Parte de la religiosidad es el comportamiento moral, y tanto ateos como agnósticos tienen “normas morales para la conducta individual y social”. ¿De dónde salen esas normas universalmente aceptadas? Los creyentes afirmamos que son la Ley de Dios puesta en nuestras conciencias. Veamos lo que dice la Biblia, en palabras de San Pablo:

“Dios dará gloria, honor y paz a todo el que obre el bien; al judío primeramente y también a quien no lo sea, porque Dios no hace diferencias entre las personas y juzga imparcialmente. Pues todos los que sin conocer la ley revelada a Moisés pecaron, sin la ley también perecerán; y cuantos pecaron conociendo la ley, por la ley serán juzgados. Pues no son justos delante de Dios los que conocen la ley, sino los que la cumplen: esos serán justificados. Cuando los no judíos que no tienen ley, cumplen por naturaleza las prescripciones de la ley, para sí mismos son ley, pues muestran por su conducta tener esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia; y sus propios pensamientos los acusarán o defenderán el día en que Dios juzgará las acciones secretas de los hombres, conforme al Evangelio de Cristo Jesús”. (Ro. 2.10-15).

Coincido con el señor Salamanca en que todos, creyentes en Dios, ateos y agnósticos, somos religiosos porque compartimos “una serie de preceptos que se imponen a todos de manera imperativa y natural.” Subraya que: “Parece lógico suponer que es la moral inherente a la especie humana”. Y agrega, “nuestra moral natural coincide esencialmente con la de los creyentes de las diferentes religiones… si separamos los principios comunes a todas las religiones de los que les son particulares a cada una de ellas, llegamos a una serie de mandamientos: no matar, no robar, considerar a los otros nuestros semejantes, respetar a los padres, etc.”. Para los católicos igual que para los ateos como el señor Salamanca, y para los agnósticos, esa es “la ley natural” en el ser humano.

Pero, ¿quién dictó esa ley? Evidentemente jamás se reunió el género humano para acordar esos preceptos. ¡Esa ley fue puesta por Dios!

Los ateos tienen religión

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