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Y ahora sí está muerta… ¡Pero de risa!

Ella no es La Primera Dama del periodismo en español… ¿O sí? Cuando la veo detrás de las cámaras, o con el micrófono, o la pluma en ristre, a veces no puedo dejar de pensar en Bárbara Walters, la Primera Dama del periodismo en inglés. MAC es el nombre que se ganó María Antonieta Collins entre sus innumerables compañeros, a través de cuarenta años de carrera profesional. Y allá, entre bastidores, teleprompters y filmadoras, muchos la quieren, algunos la critican, otros la envidian… pero todos, todos la admiran.

MAC ha sobrevivido el despido, la traición, la burla y la infamia, y cada vez a resurgido de los escombros más limpia y más completa. En su nuevo libro ¿Muerta? ¡Pero de la Risa!, María Antonieta cuenta como resucitó después que le anunciaron su “muerte laboral”. ¿Quién pudiera no admirar la fortaleza de un carácter como el de ella, cuya vulnerabilidad no la hunde, sino que la saca siempre a flote?

Recuerdo un día, mientras preparábamos el noticiero del fin de semana de Univisión, bajo los vientos de un ciclón que se avecinaba, alguien dijo que los animales (caballos, vacas) de una finca cercana no habían sido trasladados y estaban aterrorizados, y en peligro de ser alcanzados por la lluvia de rayos. ¿Quién se iba a atrever a hacer algo en aquellas condiciones? MAC no lo pensó dos veces, ya estaba afuera, bajo el agua, el viento y los rayos, abriendo la tranquera para que los animales pudieran buscar su propio refugio. Ese es uno de los mil rostros de María Antonieta: la de defensora de los indefensos.

Pero hay más: ella es “La Voz”. La voz de los que sobreviven, de las mujeres que se alzan contra el abuso. La voz de quienes no tienen esperanza, de madres solteras, de víctimas de la violencia. La voz de las mujeres traicionadas, que reencuentran su risa al final del perdón. Ella es la voz que enseña que se puede volver a empezar… que sí hay un mañana.

Y como periodista sabe introducirse con la misma soltura en la cuna de los narcos, como en el avión papal, y desnuda a los políticos, sacándoles la verdad sin contemplaciones, como un cirujano corta un tumor en el cerebro enfermo. MAC lo mismo entra en una perrera, que se va a las fronteras para mostrar injusticias. Esos son algunos de los rostros de la Collins… pero hay más:

A ella no le importa llorar frente a las cámaras, y es la primera en arribar a Nueva York cuando las torres gemelas vuelan en mil pedazos… y sólo su ojo inquisitivo sabe ver la historia de vida y muerte detrás un par de zapatos desamparados en los escombros del 9/11.

Mayo le puso la peor noticia sobre sus hombros cansados

Marzo, abril y mayo fueron los peores meses… en su libro “Dijiste que me querías” Collins relata la cruda historia de cómo descubre la traición de su esposo Fabio, casi al tiempo que se entera que él estaba muriendo de cáncer. Y comprende que Fabio no sólo la engañaba, sino que se casó con su amante. Viuda aún antes de la muerte, María Antonieta decide permanecer junto al moribundo hasta el final… y cerrar la desventura con el broche del perdón.

“¿Cómo lo haces?” Le preguntó un periodista y ella respondió: “Vives con él hasta el ultimo momento, lo amas, y te quedas con la tranquilidad de no tener un remordimiento”.

Y cuando se quedó sin trabajo en Univisión, fue como si le hubieran decretado a ella misma la muerte, al menos la muerte laboral: “el mundo se me vino abajo –dice-. “…me hinqué ante mi cama, lloré y dije ‘No puede ser Dios mío que yo esté muerta, no puede ser que yo tenga 57 años y esté muerta…”.

Pero he aquí que la mujer de los mil rostros se reinventó de nuevo: “decidí que no me iba a morir –dice- por eso es que 5 años después saco este libro ¿Muerta? ¡Pero de la risa! porque decidí reírme.”

Ella tiene una formula secreta para renovarse, y yo creo saber cuál es: jamás busca sus respuestas “afuera”, sino que mete su mano en su pecho a sangre fría y se exprime el corazón hasta que le saca la esencia. Como todos los sabios, nunca hace nada por hacerlo, ni por aburrimiento, ni por gusto, ni por salir del paso. Cada simple hoja que cae en su regazo, la ve, en ese instante, como el momento más importante de su vida. Y es que vive en serio, y desde cada “ahora”, teje, hormiguita incansable, su telaraña de sentidos: sentido del amor, sentido de la fidelidad, sentido de compañerismo…

Antes, todo lo que quería era alcanzar el amor… ahora lo que busca es paz.

Y eso es precisamente lo que MAC nos enseña en este, su noveno libro ¿Muerta? ¡Pero de risa! Allí nos muestra como desactivar los malos tiempos, como sembrar una nueva semilla, como diseñar una vez más el nuevo rostro de una nueva etapa de la vida.

“Este no es un libro de revanchas, es un libro de perdón y de reconstruirme para volver…” –dice Collins.

Y yo digo: este es un libro que hay que leer, un manual para todos los que no se dejan vencer. Este es un libro, de paso, para morirse de risa.

Los Mil Rostros de MAC

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