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Lula, Dilma y el lado oscuro del poder político en Brasil

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El interesante e ingenioso guión de la serie House of Cards podría quedarse corto si lo comparásemos con la actual y surreal situación que vive la política brasileña. Si al sucesor de Beau Willimon le faltan ideas para la quinta temporada, tan solo hace falta que se inspire con lo que nos trae a diario la prensa brasileña. De hecho, la cuenta oficial de twitter de la serie publicó: “Viendo la cobertura de las noticias en Brasil”.

El thriller político que vive el gigante sudamericano ha paralizado de pleno el país y ha dividido su población más que nunca. Hace dos semanas, la mandatariaDilma Rousseff invitaba al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva a formar parte del gobierno como su mano derecha. Este anuncio desató en las principales capitales una ola de protestas encabezada, principalmente, por la clase media y alta, y seguidores del conservador Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), el de la oposición.

“Cuento con la experiencia del expresidente Lula, cuento con la identidad que tiene con el pueblo”, sostuvo Rousseff durante la ceremonia de toma de posesión como jefe de gabinete. Aunque no pasó ni una hora para que un juez federal suspendiera el nombramiento y argumentara que hay indicios de crimen de responsabilidad, ya que Lula es investigado por corrupción.

El gobierno recurrió a la medida del juez Itagiba Catta Preta Neto, polémico por haber participado en protestas contra el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

La reentrada de Lula en el poder es delicada, ya que investigaciones indican que se habría beneficiado de la trama de corrupción de la petrolera estatal Petrobrás, la mayor de la historia democrática en Brasil. Se le acusa de haber recibido un tríplex de lujo en el litoral paulista y aceptar pagos y donaciones por conferencias valoradas en 8 millones de dólares. La semana pasada la Fiscalía de São Paulo pidió prisión preventiva.

De hecho, el senador Delício Amaral señaló en la revista Veja que la presidentaDilma Rousseff y su antecesor, conocían las irregularidades en el seno de la petrolera e intentaron bloquear las investigaciones de los fiscales.

Sin embargo, Lula no es el único político acusado de estar implicado en la trama conocida como Lava-Jato. El presidente del Congreso, Eduardo Cunha, el mismo que impulsa la destitución de Dilma Rousseff, es acusado de haber aceptado 5 millones de dólares en sobornos relacionados con la construcción de dos navíos de perforación de la petrolera estatal.

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