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“Más caliente y más rica en gases”: Detectan cambios en la lava del volcán Kilauea

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Después de tres semanas, la erupción del volcán Kilauea (Hawái, EE.UU.) no muestra signos de que su activad volcánica disminuya, al contrario, los análisis sugieren que la situación literalmente se está calentando aún más, informa la plataforma Earther.

Cuando inició la erupción el flujo de magma era relativamente pequeño y lento. Pero a partir del pasado fin de semana, la lava comenzó a fluir a un ritmo mucho más rápido y siendo expulsada por fuentes más altas.

La vulcanóloga de la Universidad de Concord (EE.UU.), Janine Krippner, una de las encargadas de monitorear al Kilauea, explicó que lo que brotaba en un principio de la tierra eran “restos de magma” de erupciones anteriores. Ese material volcánico era ligeramente más frío y con una menor concentración de gases, como una bebida gaseosa que ha estado abierta por un tiempo, aclaró Krippner.

Pero “ahora lo que estamos viendo es lava más fresca, más caliente y más rica en gases”, agregó. Por su parte, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) comunicó recientemente que el magma expulsado al principio tenía una concentración de sílice (57%) mucho más alta de lo normal, lo que sugiere que ese material habría permanecido en las grietas del volcán desde aproximadamente el año 1924, cristalizándose lentamente y enriqueciéndose en sílice.

Este mineral hace que la lava sea más espesa y puede provocar erupciones más violentas. Mientras que el magma fresco fluye más rápido y es expulsado por fuentes más altas, en el caso del Kilauea, de hasta 100 metros de altura.

De momento los científicos no pueden dar una estimación de cuánto tiempo duraría la actual actividad volcánica, pero recordaron que la erupción de ese volcán en 1955 se produjo durante varios meses.

La actividad volcánica del Kilauea ha planteado nuevos peligros para la población de la Gran Isla de Hawái. A medida que la lava ha comenzado a verterse en el océano, se han originado nubes tóxicas de ácido clorhídrico y finas partículas de vidrio, que pueden irritar la piel, los ojos y causar problemas respiratorios. Además la concentración de dióxido de azufre se ha triplicado en varias zonas de la isla.

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