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México, el invitado más incómodo

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El invitado más incómodo volvió a ser de las suyas en la Copa América. México sigue siendo una pesadilla para muchos, y un tormento para Chile, al que no le dejó tener puntaje ideal y asegurarse la clasificación a los cuartos de final. Cada vez que se cruzan, los trasandinos sufren. No fue anoche la excepción: el empate 3-3 volvió a desairar y a quitarle envión a la Roja, el anfitrión que deseaba encaminar el pasaje a la siguiente rueda. Escribieron un partido emocionante, con una búsqueda constante, privilegiando el ataque por los cuidados defensivos. Todo se dirimirá en la última jornada, en la que Chile se medirá con la sorprendente Bolivia y los aztecas jugarán ante el descolorido Ecuador.

Lo que está claro es que se trata de dos equipos que miran el arco rival, sin detenerse en las secuelas que puede provocar esa búsqueda desenfrenada en su propia área. Fueron de un lado a otro, desnudando fragilidades y desatenciones defensivas que posibilitaron un encuentro de vértigo, con emociones, aunque ese desbalance provocara el enojo y las miradas reprobatorias de los entrenadores. Como espectáculo, de lo mejor que brindó la Copa América, aunque los estrategas tienen abundante material para el análisis, enfocándose hacia el futuro.

Rompió México, respondió Chile. Jugaron al golpe por golpe casi de manera irresponsable. Tres goles de cabeza, ante marcadores centrales que miraban, una señal de la endeblez de las defensas. Se equivocó en la salida Chile y Vuoso no tuvo contemplación; Vidal, el que no le teme a nada, el referente de la mejor generación de la historia del fútbol chileno, sacó a relucir su jerarquía y llevó tranquilidad. Pero en ese ida y vuelta, la ambición de los locales resultó contraproducente para sus aspiraciones y las de esa multitud que engalanó el estadio Nacional. Bravo, a puro reflejo, apenas pudo demorar unos segundos la segunda caída: Jiménez, de cabeza, castigó el estatismo, tras un tiro de esquina.

La verticalidad de Chile para lastimar es un sello de esta selección, aunque sufre por no tener una estructura defensiva que le posibilite sostener esa ofensiva, el ADN que impuso Sampaoli, un entrenador que, por la intensidad que transmite, siente que sus equipos no pueden jugar a otra cosa. Vargas, en soledad, en el centro del área, cobró el premio a esa búsqueda, después de un envió de Vidal.

Chile tiene en Vidal a un futbolista que desea escribir la historia grande de su país en la Copa América. Flores intentó detenerlo y le cometió penal; el propio volante puso el 3-2, desató la locura, pero no logró llevar el alivio deseado. Un mal retroceso le reabrió la puerta a México, y ahí estuvo nuevamente Vuoso para volver a instalar la pesadilla.

Chile se preparó con señas de candidato, independientemente de la localía. Tiene el material individual para sentirse con aspiraciones, más allá de la presencia de Vidal, el estandarte por excelencia de este grupo. Atrás, Bravo, Medel, Díaz respladan al jugador de Juventus en esa carrera por llevar al equipo a la cima. Pero para afirmar ese cartel de candidato, Chile precisa corregir su desequilibrio, ése que lo convierte en una formación frágil cuando el rival se anima a lastimar.

El final fue vertiginoso: atacó con desesperación Chile, retrucó con pocas energías México. Se consumió un partido vibrante, de virtudes y de errores compartidos..

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