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Sus dos predecesores, George W. Bush y Barack Obama, enviaron efectivos de la Guardia Nacional a la frontera. Y a través de la historia se han enviado soldados o milicias a impedir la fuga de esclavos negros, expulsar a los nativos de sus tierras ancestrales y reprimir las revueltas México-estadounidenses provocadas por la violencia de las turbas blancas.

Después que Estados Unidos se apoderó de Texas y otros territorios del suroeste tras la guerra con México, milicias armadas patrullaban la frontera en busca de esclavos negros prófugos. La vía tradicional de fuga hacia el norte –el llamado “ferrocarril subterráneo”– era demasiado larga para los esclavos, de manera que miles buscaban su libertad cruzando la frontera sur. Una guerra sorda se desarrolló entre los dos países.

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Según el historiador James David Nichols, los texanos dueños de esclavos tomaban el asunto en sus propias manos y enviaban milicias armadas en busca de esclavos prófugos, incluso al otro lado de la frontera. México frecuentemente se negaba a entregar a los esclavos, y se producían escaramuzas violentas.

En las últimas décadas de 1800 y comienzos de 1900, se apostaban vigilantes a caballo desde El Paso, Texas, hasta California para impedir el ingreso ilegal de inmigrantes chinos.

Kelly Lytle Hernández, profesora de historia en UCLA y autora de “Migra!: A History of the U.S. Border Patrol” (Migra: historia de la patrulla fronteriza de Estados Unidos), dijo que al principio no se imponían restricciones a la inmigración mexicana porque los agricultores estadounidenses necesitaban esa mano de obra.