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Millones de venezolanos se plantaron ayer contra Nicolás Maduro y su proyecto constituyente para obtener poderes absolutos. Y lo hicieron votando sí a las tres preguntas propuestas por el Parlamento, en un huracán popular que se transformó en el mayor desafío de la historia contra el chavismo.

Pese a que había sido prohibida por la justicia, la convocatoria a un plebiscito para pronunciarse en contra de la asamblea constituyente convocada por Maduro tuvo un apoyo contundente. Se trató de una rebelión democrática a pecho descubierto, ejercida por la gran mayoría como si se tratase del añorado referéndum revocatorio, para el que se necesitaban siete millones y medio de votos. Sin las bolsas de comida que el gobierno repartió un día antes en su campaña para seguir en el poder. Sin presiones sobre los medios ni nadie que los obligase a votar.

Anoche, a falta de un recuento final, se estimaba que habían votado por lo menos ocho millones de personas, más que en las últimas elecciones parlamentarias.

Libertad en estado puro que, de momento, no obliga al gobierno a frenar su plan político, ya que considera la consulta ilegal y no vinculante. “Yo les digo, no se vuelvan locos, cojan mínimo”, contestó el primer mandatario en circunstancias parecidas a las vividas tras la contundente derrota electoral en la parlamentarias de 2015.

La sociedad venezolana demostró al mundo su voluntad de cambio. Fueron colas inmensas durante todo la jornada, tras 107 días de la ola de protestas antigubernamentales. “Cada firma de hoy suscribe una nueva e histórica acta de la independencia para Venezuela. Hoy todos somos próceres”, clamó Gonzalo Himiob, director de Foro Penal, la valiente ONG que lucha por la libertad de los detenidos por las protestas, entre 3000 y 4000 desde el 1° de abril.

Las imágenes más impactantes se dieron en Catia, otrora epicentro del imaginario colectivo de la revolución, hoy un barrio que sufre hambre, penurias y miedos. A mitad de la mañana, cientos y cientos de personas que esperaban su turno para votar formaban colas inimaginables en otras épocas.

“Vinimos para salir de este gobierno, que ya esto no se aguanta más. Es la falta de comida y de medicinas. Nadie nos respeta. Tengo fe que con esto empieza un cambio, esperamos que al menos echen la Constituyente para atrás”, subrayó Johan Istúriz, vecino de Catia, deseoso de votar.

En un ambiente festivo, los ciudadanos incluso recriminaron a los militares de la Guardia Nacional, cuerpo clave en la represión de estos tres meses y medio, con gritos de “¡asesinos, asesinos!”.

Los insultos iban dirigidos contra los guardias, pero quienes llegaron a disparar fueron los temidos paramilitares chavistas, que en esa zona de la ciudad actúan con impunidad. Y lo hicieron con su puntería habitual, matando a la enfermera Xiomara Escot, de 61 años, y hiriendo a otras dos mujeres y un hombre.

Los motorizados actuaron una vez más ante la inacción de los agentes gubernamentales y junto a la iglesia del Carmen, que acogió a más de 300 personas presas del pánico. Allí se encontraba el cardenal Jorge Urosa, arzobispo de Caracas, quien resistió el asedio paramilitar junto a sus refugiados.

“La violencia de unos pocos no podrán con el deseo de libertad de millones”, respondió de inmediato Julio Borges, presidente de una Asamblea Nacional, que junto a la Iglesia Católica y las universidades más importantes del país se convirtieron en los catalizadores del plebiscito.

“Tremenda lección de democracia les dio hoy el pueblo”, resumió el gobernador Henrique Capriles.

El huracán popular fue tan fuerte que el chavismo intentó aprovecharse, como esos corredores que van a rebufo en el Tour de Francia. Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), insistió en que se trató de una “actividad política que no tiene consecuencias jurídicas sobre Venezuela. Lo importante aquí es que no se generen falsas expectativas”.

Sandra Oblitas, otra rectora oficialista del CNE, saludó la “masiva participación” en el simulacro oficialista de sus comicios a la Asamblea Nacional Constituyente, algo parecido a las contramarchas chavistas que se suceden durante las protestas opositoras. Nadie pudo comprobar semejante afirmación, más allá de imágenes esporádicas carentes de entusiasmo.

Un contraste apabullante que no solo refleja la Venezuela de hoy, también explica porqué el chavismo impidió el año pasado el proceso revocatorio contra Nicolás Maduro y porque retrasó las elecciones a gobernador.

También revela porqué el oficialismo evitó un referéndum consultivo sobre su proceso constituyente, tal y como obliga la Carta Magna. Incluso el porqué de las artimañas utilizadas para confeccionar las bases comiciales del 30 de julio. En todo caso, la oposició volió a mostrarse más fuerte que nunca, especialmente después de una semana en que la liberación de Lepoldo López, que ayer votó desde su casa, había generado dudas sobre la unidad.

“Este es un evento por el que la oposición debe sentirse extremadamente orgullosa. Y al que su liderazgo debe responder con suma inteligencia”, reflexionó el politólogo Luis Vicente León.

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