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Nuevo escenario para Cuba y Estados Unidos

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El anuncio de un acuerdo hacia la normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el pasado 17 de diciembre, fue sin dudas una de las noticias top en un año marcado por la crisis en Ucrania, misteriosos accidentes de aviones de pasajeros, la epidemia de ébola, la expansión del Estado Islámico, el mundial FIFA en Brasil, el desplome de los precios del petróleo y las alertas sobre el alcance del cambio climático.

Fue, de hecho, una noticia que generó una ola de repercusiones positivas en todo el mundo y puso una nota de cambio, optimista, fresca, en el legado noticioso de 2014. Y aunque algunos sectores han rechazado el paso y criticado en duros términos a Obama, encuestas en Estados Unidos y -a falta de sondeos- el boca-a-boca en la Isla indican que el acuerdo cuenta claramente con el apoyo de las mayorías en ambos lados del Estrecho de la Florida e incluso ha mejorado los decaídos índices de popularidad del mandatario estadounidense.

En el espacio de una mañana, Cuba y Estados Unidos alcanzaron un horizonte que nadie -fuera de los poco enterados de un proceso de diálogo meticuloso, impermeable- avizoraba siquiera horas antes. Los más optimistas esperaban un desenlace por el estilo, quizás, para los últimos tramos de la administración Obama, pero no en 2014, 53 años -la edad, precisamente, del mandatario estadounidense- y 11 presidentes después de la ruptura de relaciones.

Si algo ha llamado la atención más allá de los gruesos nudos que se desataron en pocas horas esa mañana -las excarcelaciones por parte de ambos gobiernos, el anuncio del acuerdo para un proceso tendiente al restablecimiento de relaciones diplomáticas, embajadas y otros pasos- ha sido el silencio que rodeó el diálogo, la práctica ausencia de señales explícitas que dieran algún indicio a los analistas y a la prensa.

El contexto era cada vez más favorable (la inusual serie de editoriales del The New York Times, el elogio del secretario de Estado John Kerry a los médicos cubanos en África y cierta cooperación para enfrentar la epidemia de ébola, las encuestas y el cambio generacional en la Florida, declaraciones como las de Hillary Clinton, incluso aquel saludo en las exequias de Mandela), pero vale la pena repetir que, aun así, el anuncio del miércoles 17 de diciembre tomó a todos -expertos y no, politólogos encumbrados y ciudadanos de a pie- por sorpresa.

Con las horas se fueron conociendo los detalles: varias reuniones entre emisarios de ambas partes en Canadá, cartas del papa Francisco a Obama y Raúl, encuentros de alto nivel en el Vaticano. Un proceso que se extendió a lo largo de meses y del que el presidente estadounidense, si acaso, dio una vaga pista el 9 de diciembre, cuando en una entrevista televisiva dijo que su administración estaba en conversaciones con el gobierno cubano en torno al caso de Alan Gross. Y solo en lo referente al subcontrastista de la USAID. Nada más.

“No sabemos qué hizo que cambiara su mente pero esto ha estado en consideración por largo rato, desde que Hillary Clinton estaba en la administración. Obama llegó a la conclusión de que la política hacia Cuba no funcionaba y que en medio de todo estaba la liberación de Alan Gross, por lo que tenía que sentarse con los cubanos para discutir qué estaban dispuestos a negociar”, comentó Phil Peters, director del Cuba Research Center, quien mencionó, además, las presiones favorables a un cambio provenientes de sectores del Congreso, la Iglesia Católica, el mundo empresarial y varios gobiernos de América Latina.

El diálogo de alto nivel durante meses, sellado con una conversación telefónica de cerca de una hora entre ambos mandatarios el martes 16, puso punto final a uno de los nudos que impedía el avance en los acercamientos bilaterales: la prisión de Gross -detenido en Cuba desde 2009- y de los tres agentes cubanos encarcelados en Estados Unidos desde 1998, y llevó al inicio de conversaciones para restablecer relaciones diplomáticas y embajadas, así como otros pasos referentes a viajes, comercio, finanzas y negocios.

Uno de los puntos clave es la revisión -y previsible retiro- de la calificación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo, que sirve de soporte a la política del bloqueo y las restricciones que afectan a la Isla. El final del bloqueo o embargo, no obstante, detrás de un entramado de leyes, corresponde a un Congreso en que los demócratas han perdido la mayoría y en el que Obama enfrenta un núcleo republicano renuente a cualquier acercamiento a La Habana.

Aun así, analistas han deslizado la posibilidad de que para un paso tan largo en las relaciones con Cuba, Obama buscara previamente el apoyo de líderes republicanos, haciendo que, más que una movida demócrata, el giro de política se convierta en un enfoque de Estado.

El cambio generacional en la Florida ha sido importante. El pasado verano, un sondeo del Instituto de Investigación Cubano de la Universidad Internacional de Florida arrojaba que la mayoría de la comunidad cubana de Miami era favorable a levantar el bloqueo a la Isla, en una proporción de 52%, desde el 44% que el mismo estudio registró en 2011.

En la encuesta, el 71% de los consultados considera que el embargo “no ha funcionado nada” o “no muy bien”. Es, de hecho, el principal argumento de Obama en su cambio de política hacia La Habana.

“Hoy anuncio el fin de una política hacia Cuba que es obsoleta y ha fracasado durante décadas como un nuevo capítulo en las relaciones de Washington con Cuba (…) Estos 50 años mostraron que el aislamiento no funcionó. Es tiempo para un nuevo acercamiento”, dijo en la alocución en que anunció el histórico acuerdo.

También ha influido la proyección internacional reciente de Cuba, desde su papel en la CELAC y su diálogo con la Unión Europea hasta el importante despliegue humanitario en los países de África Occidental afectados por el ébola y la facilitación del diálogo para la paz en Colombia.

La Casa Blanca ha reconocido que su política hacia la Isla le aislaba de la región latinoamericana. Casi al unísono con el anuncio del acuerdo se conoció que Obama prevé asistir a la Cumbre de las Américas, el próximo mes de abril en Panamá, y posteriormente el presidente cubano confirmó su presencia en la reunión hemisférica, que sin sudas gana una nueva dimensión con el inicio del acercamiento entre Washington y La Habana.

Más allá del ritmo al que se desarrollen los pasos concretos para hacer realidad la progresiva normalización, la jornada del 17 de diciembre de 2014 queda como una fecha histórica de dimensión mundial, que abre nuevas perspectivas en el largo desencuentro entre Cuba y Estados Unidos e influye positivamente en el contexto de las relaciones interamericanas.

Cierto que queda por resolver el meollo -el bloqueo-; cierto que no queda zanjado ni mucho menos el diferendo histórico (en concreto ambos países pasan de no tener a tener vínculos diplomáticos, relaciones oficiales como la gran mayoría del resto de las naciones civilizadas); cierto que hay y habrá fuerzas poderosas tratando de deshacer lo logrado y malograr los pasos anunciados, pero se ha abierto una puerta que será muy difícil cerrar en las actuales condiciones.

Un analista estadounidense comentó que con las acciones que se propone Obama el embargo será “más huecos que queso”; el gobierno cubano, por su parte, se ha declarado abierto a las medidas del jefe de la Casa Blanca para mejorar las relaciones con la Isla.

Para Cuba 2015 llega con grandes expectativas. Crecen las oportunidades y los retos.

 

Algunas medidas claves de la nueva política, según el documento Trazando un nuevo camino sobre Cuba (Charting a New Course on Cuba), divulgado por el gobierno de Estados Unidos:

1. Establecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba.
– Estados Unidos y Cuba volverán a abrir embajadas en las capitales de ambos países y reanudarán las reuniones de alto nivel entre los dos Gobiernos.
– El subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos visitará en enero de 2015 La Habana para liderar la delegación de su país en la primera ronda de negociaciones sobre migración entre ambos países.

2. Flexibilización de las restricciones de viaje.
– Se ampliarán los permisos generales de viaje que EE.UU. otorga para viajar a Cuba dentro de las 12 categorías existentes autorizadas en la ley y que incluyen desde visitas familiares, a actividades oficiales del Gobierno estadounidense, pasando por actividades de fundaciones privadas o de instituciones educativas.

3. Envío de remesas a Cuba desde Estados Unidos.
– Aumentará el nivel de envío de dinero permitido de 500 a 2.000 dólares por trimestre para las remesas que reciben los ciudadanos cubanos desde territorio estadounidense. Esta medida excluirá a ciertos funcionarios del gobierno o del Partido Comunista.
– Ya no requerirán una licencia específica las remesas de donativos para proyectos humanitarios, apoyo al pueblo cubano y actividades de respaldo al desarrollo de empresas privadas en Cuba.
– Los expedidores de remesas ya no requerirán una licencia específica.

3. Ventas y exportaciones comerciales de bienes y servicios.
– Se expandirán las ventas y exportaciones comerciales de ciertos bienes y servicios desde Estados Unidos, con el objetivo de “empoderar al naciente sector privado cubano”.
– Los artículos que estarán autorizados para la exportación incluyen ciertos materiales de edificación para la construcción privada residencial, bienes para el uso del sector privado de empresarios cubanos y equipo agrícola para los pequeños agricultores.

4. Autorización para la importación de bienes desde Cuba.
– Los viajeros que vayan a Cuba estarán autorizados a importar bienes valorados en 400 dólares, de los cuales no más de 100 pueden consistir en productos de tabaco y alcohol.

5. Facilitación de las transacciones financieras.
– Las instituciones de Estados Unidos podrán abrir cuentas en instituciones bancarias cubanas para facilitar el procesamiento de transacciones financieras autorizadas.
– Se revisará la definición del término legal “efectivo por adelantado” para especificar qué significa “efectivo antes de la transferencia de un título”, lo que proporcionará financiación adicional al comercio autorizado con Cuba.
– Los ciudadanos que viajen a Cuba podrán utilizar tarjetas de crédito y débito de Estados Unidos.

6. Apertura a Internet y equipos de comunicaciones.
– Los proveedores de telecomunicaciones podrán establecer en Cuba los mecanismos necesarios para proporcionar telecomunicaciones comerciales y servicios de Internet, lo que, según la Casa Blanca, mejorará las comunicaciones entre Estados Unidos y Cuba.
– Se permitirá la venta en Cuba de ciertos dispositivos de comunicaciones, como software, hardware así como servicios y artículos relacionados para establecer y actualizar los sistemas vinculados con las comunicaciones.

7. Negociaciones sobre la frontera marítima del Golfo de México.
– Estados Unidos invitará a los Gobiernos de Cuba y México a negociar sobre las fronteras marítimas que los tres países comparten en el Golfo de México.

8. Revisión de Cuba como país patrocinador del terrorismo.
– Obama ha ordenado al secretario de Estado, John Kerry, que inicie de inmediato un proceso para revisar la inclusión de Cuba en la lista de países a los que Estados Unidos considera patrocinadores del terrorismo y que el país pasó a engrosar en 1982.
– En seis meses, la Secretaría de Estado proporcionará al presidente un informe sobre la implicación de Cuba en actividades de apoyo al terrorismo internacional.

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