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Oremos por la libertad

Al celebrar próximamente el Día de la Independencia de este gran país, es bueno recordar nuestra misión como cristianos católicos – anunciar a Cristo crucificado y su reino. Cuando la Iglesia trata de hablar de política, parece ser como si estuviésemos infringiendo la libertad de los ciudadanos, como si estuviésemos interfiriendo en los derechos de hombres y mujeres libres “para hacer lo suyo.”

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San Pablo nos da una idea muy diferente de libertad en la segunda lectura de este domingo entrante: Cristo nos ha liberado para que seamos libres. Conserven, pues, la libertad y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud…Pero cuiden de no tomarla como pretexto para satisfacer su egoísmo; antes bien, háganse servidores los unos de los otros por amor. Cuando hablamos de libertad, tiene que ser sobre todo la libertad para hacer el bien, para amar como Dios nos llama a amar. Cuando la Iglesia nos llama a nosotros y a nuestros líderes políticos a defender la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, a respetar los derechos de los inmigrantes y de los pobres, a luchar por la paz y la justicia, a respetar la dignidad del matrimonio y la familia – todos los cuales se atacan en nuestra sociedad – la Iglesia está alentando una sociedad libre que actúe de acuerdo con la libertad que la define.

Los Obispos norteamericanos nos han llamado en estas dos semanas antes del 4 de julio a rezar por la libertad religiosa, por nuestra libertad de proclamar y vivir nuestra fe, sin obstáculos. Esta oración es la que nos han pedido rezar durante la Quincena por la Libertad:
Oh Señor, Creador nuestro, de tu mano bondadosa hemos recibido el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.
Tú nos has hecho tu pueblo y nos has dado el derecho y el deber de venerarte a ti, único Dios verdadero, y a tu Hijo, Jesucristo.
Por el poder y la obra del Espíritu Santo, nos llamas a vivir nuestra fe en el mundo llevando la luz y la palabra salvadora del Evangelio a todos los confines de la sociedad.
Te pedimos nos bendigas mientras cuidamos del don de la libertad religiosa.
Danos fortaleza de mente y corazón para estar siempre dispuestos a defender nuestras libertades cuando son amenazadas.
Danos valentía para que se escuchen nuestras voces en defensa de los derechos de tu Iglesia, y de la libertad de conciencia de todas las personas de fe.
Te pedimos, Oh Padre celestial, que en esta hora decisiva de la historia de nuestra nación, y reunidos en tu Iglesia, des a todos tus hijos e hijas una voz clara y unida para que con cada prueba que encaremos, y cada peligro que superemos, —por el bien de nuestros hijos, de nuestros nietos, y de todos los que vengan después de nosotros— este gran país sea siempre “una nación, bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos”.
Te lo pedimos por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Nota: Esta es la última columna que escribiré como Párroco de Santa Juliana. A partir del 1º de julio seré Decano de la Formación Pastoral en el Seminario Regional San Vicente de Paúl en Boynton Beach. Espero seguir compartiendo con ustedes. Muchas bendiciones a todos.