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¿Para qué son el poder y el dinero?

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En una democracia, por medio del ejercicio del voto popular, un político y su cuerpo de gobierno adquieren la encomienda de gobernar por un período de tiempo. Eso les da acceso tanto al ejercicio de un grado de “poder” como a la administración de los dineros que por ley están adjudicados para ser manejados por ellos desde la posición para la cual han sido elegidos.

El problema es que a veces los políticos electos olvidan que su “poder” proviene del pueblo, no es absoluto, no es de su propiedad, está sujeto a la voluntad de los electores, no de los elegidos.

Olvidan además que su obligación principal es el ejercitar el poder a favor del pueblo y de cada ciudadano que necesita de su intervención.

En tiempos recientes hemos visto como los políticos de nuestra nación, en violación directa de la misión para la cual fueron elegidos, han realizado ejercicios de poder en su favor, y en contra de quienes los eligieron.

No conozco a ningún congresista de ningún partido que basara su última campaña electoral en la promesa de que, si era electo, utilizaría el poder que el pueblo le confiara para “cerrar el gobierno” por dos semanas. El hacerlo constituyó un abuso de poder. El cerrar el gobierno afectó a millones de ciudadanos, a millones de familias y suspendió cientos de servicios al ciudadano que nuestro gobierno presta como parte de su compromiso operacional. Afectó además a cientos de negocios, grandes y pequeños que dependen directa o indirectamente del consumo de esos que de pronto quedaron sin ingresos por el cierre. Funesto ejercicio del poder y el corte de las fuentes de ingresos de dinero que le son necesarias al ciudadano para proveer para ellos y sus familias.

No he sabido de ningún congresista de ningún partido que prometiera durante su última campaña electoral que le cortaría los fondos de subsistencia temporera a los millones de conciudadanos que, aunque continúan buscando empleo, están actualmente y han estado por algún tiempo, desempleados.

Esta semana nos enfrentamos a la triste y preocupante noticia de que en Nueva Jersey, por unas cuatro semanas, el Puente George Washington fue parcialmente cerrado al tráfico sin otra razón que la de aparentemente castigar políticamente a un alcalde del partido contrario por no haberle dado su endoso para la re-elección al gobernador del estado. Nadie tiene derecho a administrar la propiedad pública de esa manera. Es pública porque es del pueblo, nos pertenece a nosotros y merece ser bien manejada por aquellos a quienes le confiamos su administración.

En nuestra democracia el poder político emana del pueblo, es el resultado de un acto de confianza electoral sobre una persona o grupo de personas. En el momento en que esa persona o grupo de personas ejercen el poder o administran el dinero o la propiedad que el pueblo les confía, su obligación primera debe ser el de servir a cada ciudadano que necesita. No hay razón alguna por la cual, en la nación que se precia de ser la más rica del mundo un niño se acueste con hambre o una ambulancia no pueda llegar con presteza a una sala de emergencia porque uno de nuestros puentes haya sido usado como juguete político-partidista.

Quien permita o cause que estas cosas sucedan no merece nuestra confianza, no importa su partido.

Nuestra nación entera así como nuestro gobierno le pertenecen al pueblo y a ése es que hay que servirle y darle cuentas.

¿Para qué son el poder y el dinero?

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