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Prioridades en común y mucha sintonía

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Dispuesto a aprovechar cada impulso de su popular presencia, el debut como anfitrión del papa Francisco deparó al presidente Barack Obama no tanto la posibilidad de avanzar en una agenda concreta, sino, sobre todo, la de resonar junto a un líder al que reconoce públicamente como “transformador”.

La Casa Blanca preparó la espectacular recepción que se le brindará hoy con celo digno de equilibrista. Según recogió LA NACION, la intención es no sobreactuar el carácter político de la visita para apoyarse más bien en el carácter de referente moral de primera línea que tiene la figura del Papa.
“Estamos felices de recibir al Papa. Pero no significa que vaya a influir en la agenda interna”, matizó Ben Rhodes, asesor del presidente en temas de política exterior.

Obama comparte con Francisco varias de sus prioridades. Pueden resonar juntos en cuestiones como cambio climático, inmigración y desigualdad, que se manifiesta no sólo en lo económico, sino también en lo legal. En este caso, con un sistema carcelario que castiga más a la población no blanca.
Presentan brechas en otros aspectos. Entre ellos, el abordaje de la crisis siria, cuestión que anoche Obama trató con la canciller alemana, Angela Merkel, mientras que en otras cuestiones sociales, como el aborto y el matrimonio homosexual, están en veredas distintas.

Por su lado, el Papa es un fuerte crítico de lo que podría llamarse “el estilo de vida americano”. Censura el individualismo, que aquí se exalta; le repele el consumismo extremo, que aquí es norma, y desconfía abiertamente del capitalismo sin regulaciones como sistema, credo que en Wall Street es religión.
Obama no es católico. Pero, aun así, buscó acercarse a Francisco. Lo visitó en marzo de 2014 en el Vaticano y desde entonces lo ha citado varias veces en discursos. Eso incluye ocasiones paradigmáticas, como el último que dedicó al “Estado de la Unión”, en enero pasado, en el que agradeció públicamente su intervención en el deshielo con Cuba.

Sin embargo, en un equilibrio entre la simpatía genuina y la sintonía con una figura cuya proyección internacional excede lo religioso, la intención de la Casa Blanca es no explotar de forma abierta el carácter político de la visita como su significado moral. Por caso, cuando se le preguntó “qué temas abordaría Obama con el Papa”, el vocero de la Casa Blanca, Josh Earnest, contestó con una respuesta que apuntó a ponderar a Francisco como “fuente de inspiración por su modo de vida” y a subrayar sus valores. Un sutil giro por el que la agenda de la conversación pasó a expresarse en “valores” más que en cuestiones operativas.

No es que se lo haya propuesto. Pero, con su inquietud por cuestiones de igualdad, cambio climático e inmigración, la presencia de Francisco resuena más con la agenda demócrata que con la republicana.

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