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Después de toda la tinta y los píxeles derramada en la cobertura de las elecciones de 2016, el Supermartes confirmó lo que los sondeos llevan diciéndonos durante meses: que vamos rumbo a un choque de titanes entre Trump y Clinton. Y si los números dicen la verdad, parece que Trump tendrá una ascension cuesta arriba, si bien no insuperable, para poder rebasar a Clinton, y que existe la posibilidad de que pueda acabar como uno de los mayores perdedores de la historia presidencial.

O convertirse en el presidente Trump.

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Nadie pensaba tampoco que pudiera vencer en la designación como candidato republicano, y pueda que no haya comenzado más que a calentar. “Con ella ni siquiera he empezado”, declaró el magnate acerca de Clinton en el último debate de los republicanos. De manera que ¿cómo podría ser la cosa cuando él y el martillo de demolición marca Trump golpeen al estamento de poder del Partido Demócrata?

Una diferencia menguante

En la superficie, cada uno de los dos candidatos parece ideal para el otro. Enfrentarse a Trump significa que las limitaciones de carácter de Clinton y su capacidad de gustar se vuelven de repente algo meramente relativo: sólo Donald podría convertir a una de las figuras más polarizadoras de Norteamérica en candidata del “amor y la bondad”. Enfrentarse a Clinton le permite a Trump seguir atacando el dinero en la política y le ofrece abundancia de material para alimentar sus ataques ad hominem y ayudará a que acudan a las urnas votantes conservadores que podrían, si no, quedarse en su casa (ni la campaña de Trump ni la de Clinton respondieron a nuestra petición de comentarios).

Los primeros números dan ventaja a Clinton. De los sondeos globales cara a cara se desprende que Clinton vence a Trump de 3 a 4 puntos, y el mensaje de división de Trump parece tener poco atractivo al otro lado del espectro político. Un Economiste enumera lo que va inclinándose a su favor. En primer lugar, está la imprevisibilidad general. Ni Hillary ni Bill Clinton, ha señalado Chris Christie [gobernador de Nueva Jersey que respalda a Trump], hincha juvenil de Trump, “conocen el manual de estrategia de Donald Trump, porque él lo está reescribiendo”. Y se trata de un manual para un juego que no tiene límites: está en juego todo y el jugador está siempre a la ofensiva. “Trump juega sin seguir regla alguna”, afirma Steffen Schmidt, profesor de ciencias políticas de la Universidad del Estado de Iowa, “y por lo tanto Clinton no puede prepararse en modo alguno para lo que él planea arrojarle”.

Trump ya ha enviado mensajes telegráficos de alguna de sus líneas de ataque. Podemos apostar a que Clinton sentirá cómo le queman sus conexiones con Wall Street y el estamento de los donantes, más por causa de Trump que de Bernie Sanders, sólo sea, declara Daniel Urman, profesor de la Universidad Northeastern, porque Trump mismo ha sido uno de esos donantes. “Puede sacar incluso fotos de Hillary y Bill en su propia boda como evidencia de que tenían que llevar a cabo esa labor de ‘servicio de donantes’”. Y esa táctica no sólo inflama a una base que ve Fox News y está obsesionada con la estructura de grupos de interés que rodea a los Clinton sino que le permite a Trump presentarse en el papel de Ross Perot o Michael Bloomberg, el multimilllonario que se autofinancia y puede atraer a los independientes (y hasta a los votantes de Sanders) hartos de Wall Street y el dinero en la política.

Lucha contra el libre comercio

Trump probablemente encarnará también a Perot para llevar a cabo algo que ningún candidato republicano ha estado en situación de hacer durante mucho tiempo: desafiar a los demócratas en lo que toca al libre comercio. Puede que haya sido Bill el que se comprometiera con el nacimiento del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte y la Organización Mundial del Comercio, pero Trump se asegurará de que Hillary cargue con ese bagaje, todo eso mientras hace presa en los temores de que los inmigrantes se queden con los empleos norteamericanos.

Esas cuestiones populistas serán la la mejor apuesta de Trump para los votantes blancos de clase trabajadora en estados clave del Medio Oeste superior y el Rust Belt [cinturón industrial del noreste norteamericano, de Nueva York a Illinois]. Y no es nada irreal: un sondeo de diciembre en hogares de clase trabajadora con rentas por debajo de los 75.000 dólares mostraba un apoyo a Trump de un 38%, más que Clinton y Sanders juntos. Y si Trump consigue que participen en gran número blancos universitarios sin educación universitaria, a la vez que mantiene a los votantes republicanos tradicionales, nos comenta Jude Barry, consultor político de Catapult Strategies, que en ese caso Clinton tendrá que volverse hacia los votantes negros al mismo ritmo que Barack Obama, una tarea considerable.

Sacar el equipaje

Hablando de equipaje, dice Schmidt, hay que esperar que Trump aproveche los escándalos de Clinton que siguen bullendo, con sus correos electrónicos y Bengasi, y que le insufle nueva vida a los esqueletos que languidecen en el armario de Clinton. Ya ha acusado a Bill Clinton de tener un “terrible historial de abusos a mujeres”. ¿Podría un refrito de los viejos escándalos de Clinton neutralizar eficazmente a Bill, dejándole al margen igual que se quedó en el caso de Al Gore en el año 2000? Para rematarlo todo, las vagas posiciones políticas de Trump le vuelven notablemente flexible: preparémonos para la madre de todas las maniobras oportunistas a medida que se reestructura para enfilar a Clinton.

A buen seguro, los demócratas pueden solazarse en una serie de cosas más allá de la inquina enajenante de Trump. No se trata del primer viaje de Bill y Hillary al rodeo, y si hay quien pueda jugar agresivamente con un matón es la máquina de los Clinton. Y como muestran las incursiones de Trump con Carly Fiorina y Megyn Kelly, le resultará más duro atacar a una mujer, sobre todo ante la generalidad del electorado. Luego tenemos el problema del dinero. “Conseguir fondos va a suponer el mayor desafío de Trump en las elecciones”, afirma Darrell West, de la Brookings Institution. Le hará falta más dinero para mantenerse a la par de Clinton, y si lo consigue de grupos de interés, afirma West, “tendrá que cambiar uno de los relatos principales de su candidatura”.

Y que iimensa [forma en que Trump pronuncia esta palabra] ironía sería que que el ultimísimo candidato republicano macho alfa, “triunfador” autoproclamado y tipo “realmente rico” perdiera en noviembre frente a una mujer… y una Clinton …y debido a que le faltaron fondos suficientes. La cosa se va a poner verdaderamente fea, sin embargo, antes de que eso ocurra, o antes de que inauguremos una presidencia de Trump. Sellen las ventanas y escondan a los niños: se aproxima a Norteamérica una tormenta de fuego.

* Periodista de Ozy.com.

¿Puede Trump vencer a Clinton?