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¿Qué más puedo hacer para mostrarte mi amor?

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El llamado a un compromiso total – en la vida cristiana y en la matrimonial

Después de las Bienaventuranzas y las palabras bellas de la semana pasada sobre nuestra misión de ser “sal de la tierra” y “luz del mundo”, la sección del Sermón de la Montaña que leemos este domingo (Mateo 5, 17-30) nos puede meter miedo. Una de las pocas películas que recuerdo que me haya dado pesadillas de niño tenía que ver con una interpretación demasiado literal de una de las enseñanzas duras del Evangelio de esta semana: “Si tu ojo derecho es para ti causa de pecado, arráncatelo y tíralo lejos”. ¿Cómo entendemos las palabras duras de Jesús en este pasaje?

Lo esencial es que Jesús está mostrando su autoridad como el nuevo Moisés. No está cancelando la Ley de Moisés, sino renovándola y dándole su poder pleno. A los que leían la ley tratando de ver cómo hacer lo menos posible y salir bien, como la gente que busca como hacer trucos para evitar los impuestos, Jesús les insiste que esta actitud no es la correcta. Quizás la sección clave sea: “Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán en el Reino de los cielos”.

En nuestro medioambiente, está muy presente una idea minimalista. Mucha gente me hace preguntas sobre la moral, y me doy cuenta que quieren ver hasta dónde pueden llegar sin caer en peligro. Les invito a una visión mucho más amplia. Consideren cómo quieren cumplir con su misión de ser “sal de la tierra” y “luz del mundo”, precisamente dedicándose totalmente al cumplimiento de la voluntad de Dios, como hace el mismo Jesús. Es importante este punto – Jesús no presenta estas enseñanzas difíciles como algo que nos manda hacer sin hacerlo Él. Él es el que cumple esta ley plenamente, con su vida, con su ministerio, y por último con su pasión, muerte y resurrección. Entregarnos totalmente a la voluntad de Dios, sin buscar escapes, es la manera de vivir nuestras vidas como seguidores de Jesús, porque es lo que Él siempre hizo.

En este día en el cual los novios y los matrimonios celebran su amor, es bueno considerar el Evangelio de este domingo del punto de vista particular de la vida matrimonial. Jesús habla de la importancia de la fidelidad en el matrimonio como algo que debe ser absoluto, no sólo en los actos, sino en el pensamiento también. A ningún novio o a ninguna novia le gustaría oír una pregunta de su querida o querido: “¿Qué es lo mínimo que tengo que hacer para que tú te quedes conmigo?” No debería la pregunta ser en vez: “¿Qué más puedo hacer para mostrarte mi amor?” Así debe ser el amor entre los esposos y así debe ser nuestro amor a Dios.

Por lo tanto, leamos el Evangelio de hoy a la luz del ejemplo de Jesús. En vez de preguntar qué es lo mínimo que tenemos que hacer, preguntemos cuál es el pleno sí al cual nos llama Jesús: “Digan siempre sí cuando es sí; y no, cuando es no”.

Pasaje sugerido de la Sagrada Escritura – 2 Corintios 2, 9-10: “Pero lo que nosotros predicamos es, como dice la Escritura, que ‘lo que Dios ha preparado para los que lo aman, ni el ojo lo ha visto, ni el oído lo ha escuchado, ni la mente del hombre pudo siquiera haberlo imaginado’. A nosotros, en cambio, Dios nos lo ha revelado por el Espíritu que conoce perfectamente todo, hasta lo más profundo de Dios.”

¿Qué más puedo hacer para mostrarte mi amor?

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