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Rangers de Texas: La clase no se compra

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Las tragedias naturales tienden a sacar lo mejor de los seres humanos y la solidaridad supera diferencias sociales, políticas y económicas ante la certeza de que nadie queda es inmune a la fuerza de la Madre Naturaleza.

Por eso provoca rabia cuando alguien, nadando contra la corriente, trata de especular con la desgracia o simplemente se mantiene indiferente ante el sufrimiento.

Hoy no hay un equipo más odiado en todas las Grandes Ligas que los Rangers de Texas y merecido lo tiene.

Las redes sociales han estallado contra la gerencia de Texas por su falta de solidaridad cuando parte de ese estado sufre los embates del huracán Harvey.

Los Astros de Houston debían recibir en el Minute Maid Park a los Rangers para una serie de tres juegos entre martes y jueves, pero con la ciudad bajo las aguas tras el paso del ciclón, era imposible llevar a cabo los partidos en ese escenario.

Fue entonces que los Astros hicieron una propuesta lógica: intercambiemos nuestras series, teniendo en cuenta que los dos equipos tienen previsto otro enfrentamiento en el Ballpark de Arlington, sede de los Rangers, entre el 25 y el 27 de septiembre.

La respuesta fue negativa y los argumentos más que ridículos, sobre todo porque esconden un egoísmo crudo y brutal en momentos donde peligran las vidas de miles de personas y lo menos importante es el béisbol.

Para colmo, se trata de equipos de la misma patria chica, del mismo estado de Texas, independientemente de la rivalidad que pueda existir entre los dos conjuntos.

Caramba, cuando los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, la gente de los Medias Rojas de Boston tendieron su mano a sus archirrivales Yankees de Nueva York.

De igual modo, los Yankees expresaron su solidaridad con los Medias Rojas tras el ataque de la maratón de Boston el 15 de abril del 2013.

Y son dos equipos que se piden la cabeza, que han protagonizado varias de las reyertas más sonadas en la historia del béisbol.

Pero hay momentos en que todo eso tiene que pasar a un segundo plano para dar paso a lo que realmente importa.

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