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Ron y tabaco, ¿principio del fin del bloqueo?

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El presidente Barack Obama expidió recientemente una amplia directiva para consagrar la histórica apertura de su gobierno hacia Cuba, con la mira puesta más allá del fin de su presidencia, estableciendo una nueva política para acabar con las restricciones a la importación de ron y tabaco cubanos, lo que levanta un poco el bloqueo impuesto para codificar la ruptura durante la guerra fría.

Esta acción formaliza el viraje hacia la normalización que el presidente reveló hace dos años, cuando anunció que el presidente cubano, Raúl Castro y él habían acordado en secreto reparar las relaciones entre sus respectivos países. Obama utilizó su poder ejecutivo para transformar lo que ha sido una de sus prioridades en materia de relaciones exteriores —y un claro ejemplo de su estrategia de comprometerse con antiguos adversarios— en una serie de mandatos oficiales que influirán en la política de Estados Unidos hacia Cuba en los años por venir.

Obama también levantó el límite de cien dólares en ron y puros cubanos que se permiten introducir en Estados Unidos, lo que sus asistentes dijeron que posiblemente fueran las últimas modificaciones de importancia que hiciera el presidente para aflojar el bloque contra Cuba antes de dejar el cargo. Estas revisiones también permitirán que los farmacéuticos cubanos sean aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos para ser importados en Estados Unidos. Asimismo, los comerciantes en línea ya podrán vender en Cuba y se permitirá el financiamiento de crédito para la venta de bienes agrícolas a Cuba, como tractores y pesticidas.

Estos cambios son un intento de Obama por seguir avanzando en el deshielo con Cuba, a pesar de la fuerte oposición en el Congreso para levantar el bloqueo. El documento de doce páginas aprobado no anula les leyes que restringen el turismo y el comercio —eso solo puede hacerlo el Congreso— pero sí declara que la legislación está en contra de las políticas de Estados Unidos y requiere que el gobierno cabildee ante el Congreso para eliminarlo.

Los oponentes de la apertura no tardaron el criticar la medida, en especial los legisladores cubano-americanos que han dicho que la política es una concesión a un brutal régimen autocrático que les niega a sus ciudadanos los derechos humanos básicos.

Empero, en el Capitolio ha ido creciendo el apoyo para este enfoque y para dar marcha atrás a la reciente medida se necesitaría otra directiva del próximo presidente, algo que los principales asesores de Obama dijeron que sería difícil para el sucesor. Indicaron que el viraje ya está influyendo en la forma en que los estadounidenses viajan a Cuba y hacen negocios con la isla.

La publicación del documento —una directiva no confidencial que establece las metas específicas y la estrategia del compromiso de Estados Unidos con Cuba— fue significativa después de tantos años de sigilo y desconfianza en la relación. “No estamos tratando de imponer un cambio de régimen en Cuba”, asevera la directiva, que también afirma que “el bloqueo es obsoleto y debería de levantarse”.

Para subrayar la profunda transición respecto del espionaje y las sospechas del pasado, el documento requiere específicamente que sean “transparentes” los “programas de democracia” dirigidos por Estados Unidos, que el gobierno castrista ha criticado como esfuerzos encubiertos por desestabilizar al país.

Los cambios regulatorios más recientes, dejan intactas restricciones sobre importaciones agrícolas y de otro tipo, así como la prohibición de que los bancos cubanos abran cuentas en Estados Unidos, lo que hace inmanejables las transacciones financieras entre los dos países.

Sin embargo, se va a eliminar el actual tope de 400 dólares en mercancía cubana que pueden ingresarse en Estados Unidos y, con eso, el tope a los productos de ron y tabaco. Este cambio tiene un significado práctico y simbólico en un país que se jacta de sus puros y su ron, industrias que están controladas por el gobierno, cuya popularidad se ha vuelto un símbolo de las restricciones del bloqueo.

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