Home Entretenimiento Shakira: “En la música impera la ley de la selva”

Shakira: “En la música impera la ley de la selva”

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Por elmundo.es/ Nuala Phillips

Quiero empezar confesando que cuando tenía nueve años pasé 92 días de verano escuchando el disco ¿Dónde están los ladrones? de camino a la playa. Día tras día con el disco de marras en el coche. Aunque eso no se lo conté a Shakira. A los 13 años, compré mi primer CD pirata (tenía una paga de cinco euros, compasión): era Servicio de lavandería. Tampoco le comenté ese detalle a la colombiana. Ni eso, ni que con 16 estaba en discotecas provincianas dejándome las caderas al ritmo de La tortura empachada de Licor 43 con Cacaolat.

Hoy, ya en 2017 y sin rastro de fanatismo adolescente por mi parte ni de pies descalzos por la suya (viste unas plataformas de unos 15 centímetros que convierten su 1,57 en una mera anécdota), nos encontramos en una suite del Hotel Mandarín Oriental de Barcelona, donde la colombiana presenta su último disco: El Dorado. El minúsculo vestido negro que luce contrasta con el fondo blanco iluminado al estilo Odisea del espacio. La melena rubia está cuidada hasta el último detalle. El maquillaje, estoico, resiste a las cerca de ocho horas que la artista lleva bajo los focos.

Shakira se coloca. Sonríe. Se vuelve a colocar y vuelve a sonreír. Antes de empezar, ata cabos con su asistente: «¿Para quién era la entrevista que acabo de hacer? Ah, para TV3, para el informativo, ¿no? ¿Tú crees que he contestado bien?». A la cantante le gusta tener el control y no le cuesta reconocerlo. Sólo así se consigue sobrevivir a un éxito repentino que le llegó cuando apenas tenía 16 años. «A los ocho estaba componiendo, a los 13 lancé mi primer álbum… Y siempre he sido la misma tozuda, la misma mujer llena de opiniones, y muy participativa. Muy en control de su propia vida. Aquí, en la industria de la música, impera la ley de la selva. Pero no gana el más fuerte, sino el más testarudo», confesará más tarde.

Pero volvamos al principio. Por el momento unas 10 personas observan de cerca todos nuestros movimientos. Incluida la nota de voz que la cantante manda por Whatsapp a sus hijos Milan (4 años) y Sasha (2) justo antes de empezar: «¡Qué bien, mi amor, que vas a la piscina y después al concierto! ¡Ay, qué alegría me da! Te amo mucho. ¡Muak! Y a ti también, Sashita, mi amor, te amo mucho. ¡Muak, muak!», dice con la voz infantil que todos ponemos cuando hablamos con niños. Las dos docenas de ojos clavadas en ella no parecen incomodarla. «Perdona, es que no tengo ni cinco minutos para chequear cómo están mis hijos», dice mientras se guarda el móvil y recupera su tono adulto.

Con todos en vilo y la cámara grabando, sus asistentes ultiman los detalles. Ella se retoca los labios, se mira en la pantalla que proyecta la imagen de la cámara, pone morritos, me guiña un ojo coqueta para deleite de mi yo adolescente y cruza las piernas.

Es curioso, porque he leído que cuando empezaste eras muy rígida, que te daba pudor hasta enseñar las piernas… ¿Qué te ha hecho ir abriendo la mente a lo largo de todos estos años a través de esta imagen más sensual?

¿Las piernas? ¡No! Bueno, siempre he sido más de pantalones, pero creo que no… (risas). Ha sido un proceso largo. Decía el poeta Ovidio que la mujer es un ser interesante, atractivo y sexual después de los 35 años. Después de los siete lustros. Y perdona, porque sé que tienes menos de 35, pero me gusta esa frase, es de El arte de amar. Supongo que con los años una se va sintiendo más cómoda en su piel.

Y así, sin más, Shakira se deshace de los focos, las plataformas y el vestido de diva del pop. Porque, efectivamente, no muchas divas del pop en tacones van por ahí citando a Ovidio. «Además, sigo siendo muy pudorosa, eh, no creas», añade entre risas. Y si Ovidio nos había dejado locos, lo del pudor acaba por desmontar la escena. Al fin y al cabo, nadie se espera a una Shakira tímida, sobre todo cuando se vienen a la mente imágenes como la de aquel hit de 2009 llamado She Wolf, en el que la cantante movía las caderas en una jaula enfundada en un maillot; o aquel Can’t remember to forget you junto a Rihanna, con la pareja de divas acariciándose en una cama ataviadas con… ¿lencería?

Entonces, ¿todavía lo pasas mal cuando toca grabar determinados vídeos?
No, no. Nunca he tenido nada en contra de la sensualidad. No me sentiría bien haciendo algo explícito. Lo explícito puede caer a veces un poco más en la vulgaridad, pero la sensualidad es siempre… poética, ¿no?

Y si bien una jaula y un maillot no es la imagen que todos tenemos en mente de lo poético, es fácil entender a qué se refiere Shakira. Porque ni sus vídeos, ni su discurso, ni su carrera han sido nunca iguales a las del resto de estrellas del pop (roces lésbico-artísticos con Rihanna aparte). No en vano, en su currículum wikipédico -¿es que hay otro curriculum posible?- se la define como cantautora, productora, bailarina, empresaria, música, embajadora de buena voluntad de UNICEF y, sí, también madre y pareja del futbolista Gerard Piqué.

Por ser, ha sido hasta asesora política. En su país natal y como parte de la comisión educativa de Barack Obama durante su gobierno. Y para eso sí hacen falta más que unos barrotes y un maillot. «Yo creo que todos deberíamos ser políticos», asegura. «Si buscas el significado de la palabra política, tiene que ver con la participación activa en el destino de las naciones. Todos tenemos que participar, todos debemos ser ciudadanos globales, porque es un efecto mariposa: no hay nada que pase al otro lado del mundo que no nos afecte a nosotros de alguna manera. Y nada que hagamos aquí que no afecte a otros».

Y como hispana que además tomó parte activa en la lucha por una educación digna para los latinos en EEUU, ¿cómo vives el momento actual por el que pasa el país con Donald Trump en la presidencia?

Un poco como el resto de la mayoría del mundo que lo vemos desde la distancia y como muchos norteamericanos también. Preguntándome por qué les hacen exámenes psicotécnicos a los pilotos antes de dejarles pilotar y a los presidentes no. Creo que los líderes, los que están en el poder, deberían pasar un test psicológico también.

Comentabas que todos deberíamos tener una conciencia política. Tu marido, Gerard Piqué, se ha pronunciado en varias ocasiones respecto al proceso independentista catalán. No sé si tú también tienes una opinión formada sobre este asunto…

Mira, la única historia que te puedo contar en este momento que pueda realmente sintetizar cualquier respuesta en palabras es que mi hijo Milan tiene una camiseta que es mitad Colombia y mitad España y es la que se pone. Mi hijo se siente tan colombiano como español. Y seguro que Sasha también. Y así vivimos en casa, ésa es nuestra realidad.

Shakira es escurridiza.
Aunque la pose ante la cámara y los morritos han quedado ya olvidados hace largo rato y ahora mira al suelo pensando bien cada una de sus respuestas. Puede que el envoltorio despiste de entrada, pero la cantante sabe perfectamente de lo que habla pese a lo que transmite su voz suave y su risa nerviosa. Son muchos años lidiando con promociones, con periodistas y también con la fama. Una fama que desde muy pequeña tenía claro que alcanzaría y que le llegó años después con su tercer álbum en el mercado: Pies descalzos (1995).

Fue ése el que la salvó de la ruptura de contrato por parte de su discográfica, cansada de no lograr las ventas buscadas con sus dos primeros elepés. Fue entonces cuando Shakira decidió agarrar al toro de su carrera por los cuernos. «Cuando realicé Pies descalzos venía de escribir dos álbumes anteriores, Magia y Peligro. Esto en una escena musical como la de Colombia, en la que la música pop era prácticamente inexistente. Todos los esfuerzos de las discográficas siempre se enfocaban hacia la parte tropical. Cuando aparezco yo con mi música pop debajo del brazo, era muy inexperta e iba muy de la mano de lo que me decían los demás. Sólo a partir del tercer álbum tomé las riendas de la producción». Y mis viajes de playa infantiles le estarán eternamente agradecidos por ello.

Hoy tu música está mucho más cerca de los ritmos latinos y tropicales. Acaba de salir en Colombia una campaña muy dura en contra del reguetón. ¿Crees que la influencia de cierto tipo de música puede ser mala para los jóvenes?

Creo que nos ha costado mucho llegar hasta este punto de poder expresarnos libremente, de que cada cual haga la música de lo que quiera y que cada cual escuche lo que le dé la gana. Si nos vamos a poner a filtrar la música, no acabamos nunca. Pero la verdad es que no tenía ni idea sobre esta campaña, así que no puedo dar mi opinión. Sólo sé que el reguetón es un ritmo muy universal, que existe desde… Bueno, no te puedo decir desde cuando, porque no lo sé. Es más antiguo que la yuca, como se dice en Colombia. Y por eso este ritmo es tan contagioso. Al reguetón no hay quien lo frene.

En estos años, ¿has sentido en algún momento que estabas perdiendo las riendas de tu carrera de nuevo?
Mi relación con la fama, como empecé desde tan temprano, ha sido gradual. Yo creo que poco a poco he ido desarrollando un pellejo para todo lo que me ha tocado vivir en este tiempo. Aunque justo antes de empezar este álbum sí encontré un poco de conflicto. El mismo que puede encontrar un pintor ante un lienzo en blanco. Sí sentí un poco de miedo escénico justo antes de empezar con El Dorado.

De hecho, en las canciones de este disco hablas de tus altibajos, de que eres una mujer complicada… [hace una mueca]. Incluso en varias ocasiones has hablado de que vas a terapia. ¿Ayuda el autoconocimiento en el proceso de creación?
Sí, no soy de esas personas que van y se acuestan en el diván semanalmente. Aunque si pudiese lo haría, porque me divierte mucho el tema del psicoanálisis y me habría gustado ser psicóloga… Bueno, psicóloga no, pero en algún momento de mi vida me lo planteé. Me gusta tener un espacio para mí, dialogar y revisar todos mis temas, discutir de cualquier cosa: trabajo, personal… Todo lo que pasa por mi cabeza. Me parece un ejercicio sano y siempre he sido muy defensora de esto. ¿Y que si soy complicada? Bueno, fácil no soy. Pero tengo mis cositas buenas [risas].

¿Es la fama tal y como tú te la imaginabas cuando soñabas con ella de pequeña?
No, obviamente siempre se ve todo más bonito desde fuera. La fama puede ser un lugar muy solitario si no estás rodeada de amor y de amigos verdaderos. Es muy engañosa y… siento que siempre es mejor ver los toros desde la barrera. Pero no me puedo quejar. Tiene muchos obstáculos para un ser humano que quiere vivir plenamente. A mí me ha dado una plataforma para usar mi voz de forma relevante y crear un impacto.

Desde luego, si buscas crear un impacto, tener 100 millones de likes en Facebook ayuda bastante (es la única persona junto a Cristiano Ronaldo que ha alcanzado esta cifra). Aunque Facebook sea sólo un logro más cuando cuentas con el título de artista femenina internacional con más ventas durante la década del 2000, con Hips Don’t Lie convertido en el sencillo más popular de la década (mis 17 años están estrechamente ligados a este fenómeno); o el de cantante sudamericana más popular de toda la historia. Además, la colombiana es la única artista que ha conseguido 100 millones de reproducciones con la versión en castellano e inglés de una misma canción (primero con Waka Waka y luego con La La La Brazil 2014) y la tercera mujer viva que más premios ha ganado (por detrás de Taylor Swift y Beyoncé).

Sólo con su última gira, Shakira recaudó 220 millones de dólares. Ahora, siete años después, vuelve a la carretera.

El mismo ímpetu. Las mismas contorsiones de cadera y el mismo ritmo frenético aguardan en el próximo tour mundial. Todo como siempre, salvo que esta vez a las cumbias y los flashes se suman dos hijos. «Estoy con muchas ganas, también de compartirlo con mis niños. Sé que no es fácil, porque obviamente va a ser un desafío, pero igual que para otras madres que trabajan, o que estudian y que tienen que luchar por ellas mismas y por sus hijos y por su marido. Sólo nosotras podemos hacer ese tipo de malabarismos», cuenta.

Tengo entendido que te defines como una madre tigre…
El concepto de madre tigre es como un concepto de madre que está siempre velando por sus hijos, pero que también siente la presión. Porque hay una presión muy grande hoy en día por ser buenas madres y que los niños sean excelentes en todo. Vamos a calmarnos todos un poco, que los niños sean felices y que crezcan y se realicen.

Has declarado incluso que después de ser madre te planteaste dejar la música y fue Gerard Piqué el que te animó a seguir con tu carrera.

Sí, bueno, fue una noche. Fue un pensamiento que ahora veo que no tiene ningún sentido pero, ése día, quizás, necesitaba escuchar a alguien que me dijese que si estaba delirando o qué. Y esa persona fue él. Me dijo que eso lo podía hacer cuando no tuviese más que decir, pero todavía me quedaban muchas cosas que contar.

Así que tranquilos todos, porque habemus Waka Waka para rato. Y, del Barça o no, lo cierto es que todos los fans de Shakira le deben [debemos] al menos eso a Piqué. De hecho, el central del Barça no sólo la ha apoyado moralmente: como todo buen novio que se precie, el culé también se dejó enredar para acabar protagonizando el último videoclip de su mujer, Me enamoré. «Esa canción, como muchas de este álbum, han sido inspiradas por él. Fue como mi muso. La canción habla de todo lo que sentí, de lo que viví cuando me enamoré», cuenta. [«Yo contigo tendría 10 hijos, empecemos por un par. Solamente te lo digo por si quieres practicar», canta]. «Le dije que si quería participar en él y obviamente me dijo que lo que quisiera», explica ella, añadiendo que el futbolista bromeaba con la idea de que era el pluriempleado del vídeo: «Porque hacía de cámara, se encargaba de las luces, me filmaba… De todo».

Lo que decíamos: como tiene que ser.
Hace años dijiste en una entrevista que a él no le hacía mucha gracia que salieses en otros videoclips con otros hombres. No sé si tiene algo que ver con la elección…
¿Yo dije eso? ¡No!

Que era un poco territorial porque era español…
Bueeeno, pero en los vídeos no. Jamás. Siempre ha sido súper… Siempre ha sido el primero que me ha empujado a seguir adelante en mi carrera. Como yo a él. Yo creo que para eso son las parejas, ¿no?, para ayudarse mutuamente y darse apoyo.

Victoria y David Beckham popularizaron el combo estrella del pop/futbolista de éxito. Ellos lo convirtieron en una marca hasta volverse casi en un equipo inseparable. ¿Ves ciertos paralelismos con vosotros dos?

[Pone cara de extrañada entre risas] Bueno, nosotros somos un equipo en casa.
Hace poco, en una entrevista que publicamos con el Mono Burgos, segundo entrenador del Atlético de Madrid, él comentaba que si no hubiese sido futbolista, le habría gustado ser mujer de futbolista. ¿Cómo asumes el estereotipo que se tiene en España de las mujeres y novias de futbolista?

(Risas) Una cosa que yo me había dicho muchas veces y que alguna vez alguien me escuchó decir fue: «Jamás, jamás, con un futbolista». Y mírame: por la boca muere el pez. Es mi dulce castigo.

Y hablando de castigos no tan dulces, hay una señora que lleva sentada de rodillas a su lado toda la entrevista para no salir en plano y que desde hace diez minutos repite compulsivamente el gesto de que el tiempo se acaba. De hecho, se ha acabado ya y las excusas apenas nos conceden una última pregunta.

Shakira, ¿dónde están los ladrones hoy?
Están en los puestos de poder, como siempre.

La señora se levanta y, muy seria, nos indica que este es el final mientras apunta algo en su cuaderno que, a juzgar por su gesto, es muy probable que sea mi nombre en una lista negra. «Hay mucha gente esperando todavía», se disculpa Shakira. «Perdona, ¿te importa que nos hagamos una foto?», consigo decirle antes de que un ejército de asistentes se la lleven para colocarle de nuevo el maquillaje y el pelo. Y es que puede que las caderas de la colombiana no mientan, pero yo sí que he fingido durante toda la entrevista. Sobre todo cuando le dije que la foto que le acababa de pedir era para mi madre, cuando en realidad sabía muy bien que aquella instantánea que alguien nos hizo abrazadas era para mi yo de 9 años, mi yo de 13 y mi yo de 16. Pero también para la moderna de pueblo de 28 años que llevo dentro y que hoy sigue sintiendo el ritmo en las venas cuando escucha La tortura. Aunque sea en sesión privada.

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