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Todo es política

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En el fragor de las diferencias político-partidistas en que se envuelven nuestras ramas de gobierno, la Ejecutiva, la Legislativa y la Judicial, estamos perdiendo de perspectiva el mensaje que hoy por hoy, en medio de la más abarcadora era de la informática, le estamos enviando al resto del mundo acerca de quiénes éramos y en quienes nos hemos venido convirtiendo.
Cada una de las propuestas que crearían el legado histórico de nuestro primer presidente negro ha sido combatida, obstruida y finalmente derrotada en nuestra Cámara de Representantes Federal, dominada por el partido de oposición.
Proyectos como el plan de salud, que ahora se reconoce como “Obamacare” tuvieron su origen en el ideario del Partido Republicano, pero mágicamente se convirtieron en basura política tan pronto fueron propuestos por el Presidente Obama.
El debate público de los últimos cinco años se ha concentrado en desautorizar, criticar, oponer y ridiculizar la figura del Presidente sin darnos cuenta que al hacerlo, afectamos a la vez la institución de la Presidencia. No hay un solo incidente de importancia nacional en el que sus opositores políticos hayan cruzado líneas de partido para apoyar su gestión gubernamental.
El ejemplo de Siria es ejemplarmente desconcertante. Cuando el Presidente se mantuvo al margen de lo que es una guerra civil en un país lejano, la oposición le acusó de ser débil y le criticaba constantemente por no tomar medidas para “armar las fuerzas rebeldes”. Cuando el dictador Assad utilizó armas químicas para asesinar personas y niños inocentes y el Presidente anunció su intención de atacarlo, la oposición Republicana, los mismos que proponían armar las fuerzas rebeldes, en vez de apoyar la Presidencia, comenzaron a expresarse en contra de la acción militar incluyendo comentarios a tenor con que “no sabemos realmente quienes son los rebeldes… si amigos o enemigos de los Estados Unidos”.
Primero proponían armarlos, después alegaban no saber a quién iban a proveerle armas.
El Presidente no hubiese conseguido el apoyo del Congreso para iniciar esta acción, no porque fuese injusta sino porque no ha conseguido durante su Presidencia el apoyo del Congreso para NADA que haya propuesto. Mientras tanto el Congreso ni siquiera se ha dignado legislar un presupuesto justo para la Nación y utiliza el asunto presupuestario para chantajear al Ejecutivo.
Y el martes pasado Vladimir Putin insultó nuestra democracia, nuestra capacidad de avance y nuestra incapacidad de ser ejemplo para el resto de la humanidad.
Y es que durante los últimos cinco años, mientras la integridad e importancia del asunto público han sido constante y consecuentemente victimizados por las pequeñeces de la política partidista, no nos hemos dado cuenta que “el resto del mundo nos ve”.
Lo que el resto del mundo ve es a la democracia más importante del planeta desmoronarse y dividirse a causa de las pequeñeces político partidistas de sus instituciones, lo que les ha causado reducir la velocidad de su acostumbrada marcha hacia el futuro.
No se sorprenda nadie. Es culpa nuestra.  Vladimir Putin lo ve… y se atreve tirarnos una sonada y soberana trompetilla porque lo que ha visto es que aquí no ha unidad de propósito.
Todo es política.

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