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Trump dejó pasar la enfermedad de su rival, pero la atacó por insultar a sus votantes

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Una periodista de la cadena Fox le preguntó a Donald Trump, apenas comenzó la entrevista, por la neumonía de Hillary Clinton y su decisión de ocultar la enfermedad. Trump fue escueto:”Espero que se mejore y vuelva a la ruta, y la veremos en el debate”.
Un instante después, otro periodista cambió de tema y le preguntó sobre la frase de Clinton, en una cena de recaudación, el viernes, en la que puso a la mitad de la coalición de Trump en una “canasta de deplorables”. Trump, esta vez, cargó con todo: “Creo que fue el error político más grande de la temporada política […] Cuando sos presidente, tenés que ser presidente para todos”, fustigó.

Trump decidió dejar pasar la controversia por la enfermedad de Clinton y optó por desplegar todo su poder de fuego en incesantes ataques sobre la otra gran polémica que dejó la demócrata en el peor fin de semana de su campaña.

El viernes último, en una cena para recaudar fondos, Clinton había dicho que podría poner a “la mitad” de los votantes de Trump -“racistas, xenófobos, sexistas, homofóbicos, islamofóbicos, ustedes digan”- en una “canasta de deplorables”.

Un día después, tras las críticas, Clinton dio marcha atrás, a medias, y afirmó que fue un error haber generalizado al decir que se trataba de la mitad de la coalición de Trump. Su campaña aclaró que, además, Clinton había reconocido que en “otra canasta” había gente con problemas económicos, decepcionada, aislada y hambrienta de un cambio.
El comentario se convirtió rápidamente en la munición preferida de Trump. En Twitter, lo equiparó a la famosa frase de Mitt Romney, en la campaña presidencial de 2012, también en una cena de recaudación, cuando dijo que un 47% de los norteamericanos “dependen del gobierno” y se sentían “víctimas” y por eso votarían por los demócratas sí o sí. Romney fue grabado por una cámara oculta, mientras que Clinton sabía que era filmada y estaba acompañada por periodistas.

La campaña de Trump decidió explotar al máximo la etiqueta de “canasta de deplorables” en un aviso publicitario con la frase, difundido ayer. La de Clinton respondió recordando los ataques de Trump a afroamericanos, hispanos, mujeres, musulmanes y acusando al magnate, tal como hizo Clinton, de encender a la “derecha extrema” del país.

“Trump ha pasado toda la campaña ofreciendo opiniones divisivas que han dado lugar a demasiado odio e intolerancia”, retrucó Christina Reynolds, vocera de Clinton.

Por la tarde, Trump le dedicó cuatro minutos completos al incidente en un discurso que brindó en la Guardia Nacional de Estados Unidos. No hubo una sola mención a la salud de Clinton. En su larga diatriba, Trump dijo que Clinton había “demonizado brutalmente” a sus seguidores y la acusó de “dividir a la gente en canastas, como si fueran objetos en vez de personas”, y de “burlar” y “degradar” a trabajadores. Su comentario, continuó, revelaba la misma arrogancia que la llevó a “esconder y borrar sus correos electrónicos”.

“Hillary Clinton habló con odio y burla por la gente que pone este país en marcha”, dijo Trump. “Es la misma actitud que explica por qué Clinton se niega a aceptar la responsabilidad de los desastres mortales que ella ayudó a crear en Irak, en Siria y en Libia”, concluyó.

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