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Un Puerto Rico en crisis lucha por salvar lugares históricos

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Las vidrieras del siglo XVI están rotas. El enrejado de un porche, del s. XVIII, han desaparecido. Las paredes de ladrillo de la sala donde España cedió la soberanía de Puerto Rico a Estados Unidos se caen a pedazos.

Preciados edificios históricos de Puerto Rico se deterioran mientras la crisis de deuda y la larga recesión económica recortan los fondos, tanto públicos como privados, para su mantenimiento, reparación y restauración. Los turistas tienen prohibido el acceso a cada vez más inmuebles por su peligroso estado.

En total, casi 40 valiosos edificios de la zona metropolitana de la capital de la isla, San Juan, están en peligro de desaparecer, según Andy Rivera, arquitecto y fundador de la Puerto Rico Historic Building Drawing Society.

“Es una pena que estas cosas se están deteriorando, y nadie dice nada”, dijo.

La mayoría de estos inmuebles están en el distrito histórico de la ciudad, conocido como Viejo San Juan, fundado en 1521 y gobernado por el explorador español Juan Ponce de León. Es una importante atracción turística por con calles de adoquines azules, sus coloridas casas y sus amplias vistas al océano.

Pero docenas de edificios históricos están en decadencia. Se desconoce el número exacto porque el gobierno no realiza evaluaciones estructurales desde hace más de cinco años, señaló Carmen Marla López, directora del programa de patrimonio del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

“Con esta situación fiscal, hemos encontrado que muchas personas o el gobierno mismo no tienen el presupuesto suficiente para poder intervenir en todas las propiedades que quisiera”, dijo.

Muchos de los edificios son propiedad del gobierno del territorio estadounidense, que tuvo que recortar sus programas de mantenimiento, igual que la mayoría de sus gastos, mientras busca reestructurar parte de sus 73.000 millones de deuda pública.

Los presupuestos de mantenimiento privados y no gubernamentales también se han visto afectados por una dura y larga recesión, agravada por los recortes gubernamentales en empleos, pensiones y en el gasto en general.

Como resultado de esto, las autoridades cerraron varios edificios y museos porque su mal estado los convierte en un peligro para la seguridad pública, señaló Rivera.

Uno de ellos es el campanario de la catedral de San Juan Bautista, en el Viejo San Juan. Fieles y turistas pueden visitar el resto de la iglesia del siglo XVI, conocida porque en ella descansan los restos de Ponce de León. Otros elementos de interés también presentan daños: responsables eclesiásticos tuvieron que retirar varias vidrieras rotas y un enorme órgano antiguo afectado por las termitas. Las paredes del templo están deterioradas en algunas partes y el moho es claramente visible.

Un gran cartel en la entrada de la catedral pide a los visitantes que dejen un donativo para ayudar a financiar la reconstrucción, aunque el alcance de los daños y el costo total no están claros. El sacerdote Benjamín Pérez, que ayuda a supervisar el proyecto, no respondió a peticiones de comentarios.

La seguridad motivó también el cierre del Museo de la Farmacia, ubicado en un edificio del siglo XVIII, y de un teatro histórico construido a mediados de ese siglo.

“El balcón del patio interior estaba prácticamente próximo a desplomarse”, dice López.

El cierre del salón donde España firmó el histórico acuerdo por el que entregó la soberanía de Puerto Rico a Washington en 1898, tras la guerra entre ambos países, responde a los mismos motivos.

Uno de los asuntos que más preocupa es que, cuánto más tiempo permanezca cerrado un edificio, más costará su restauración, especialmente con un clima tropical que acelera su deterioro.

Esta es una de las razonas que dan las autoridades para reabrir la Galería Nacional, un reconocido museo al borde del mar que acoge una gran colección de obras de pintores puertorriqueños desde el siglo XVIII, además de muebles antiguos y piezas militares. Cerró en noviembre de 2013 por los permisos para su rehabilitación, y el costo del proyecto sigue aumentando mientras los fondos para ejecutarlo decaen.

“Va a conllevar un esfuerzo grande por haber estado cerrado varios años”, reconoció López. “Estamos analizando la condición actual”.

Cuando las autoridades dijeron no tener los 35.000 dólares necesarios para renovar un histórico fuerte en la cercana isla de Vieques, la comunidad local y patrocinadores privados recaudaron el dinero necesario para ejecutar las obras. Lopez prevé iniciativas similares en el futuro.

“Hay que buscar otros mecanismos, dada esta crisis económica, para que estas propiedades no se pierdan”, manifestó. “Hay una seria preocupación de que no se puedan mantener”.

En algunos casos, el gobierno de Puerto Rico ha optado por vender o alquilar edificios históricos a personas u organizaciones sin ánimo de lucro con la esperanza de que puedan financiar su restauración. Una universidad privada está remodelando un inmueble que en su día albergó un icónico cine en el Viejo San Juan.

Rivera, el arquitecto, dice que entiende que el gobierno no puede afrontar los costos solo, pero destaca que hay más opciones.

“La falta de dinero no es excusa. La conservación es importante para que los hijos de tus hijos sepan de dónde vinieron”, declaró.

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